miércoles, 13 de septiembre de 2017

Alcaracejos: Viviendas para Maestros / as 1950 - 60

Localización de las seis viviendas: a la izquierda C/ San Isidro y a la derecha Casa Cuartel Guardia Civil
Fue tanto lo que Regiones Devastadas construyó en Alcaracejos que merecería un libro o una tesis doctoral. Es cierto que el Régimen franquista concentró todos sus esfuerzos en controlar al país, al mismo tiempo que en recuperarlo. En los pueblos era frecuente que el sistema proporcionara alojamiento a guardias civiles, médicos, maestros y párrocos. Se aseguraba así, o al menos se mejoraba, el orden establecido, la salud de la gente, la cultura oficial y la atención religiosa de las personas.

En Alcaracejos se hicieron seis casas para maestros que en su mayor parte fueron ocupadas por maestras, profesión muy feminizada en aquellos tiempos. Los planos a los que he tenido acceso datan de 1951. Tres de ellas se construyeron paralelas a la carretera de Pozoblanco, formando calle con el nº 21 de la C/ San Isidro y la Casa – Cuartel de la Guardia Civil. Es decir las tres primeras casas están situadas en medio de esas dos referencias. Las otras tres iniciaron una nueva calle, paralelas al costado izquierdo del cuartel y por tanto perpendiculares a la citada carretera.

Todas las casas se construyeron idénticas y con dos plantas. En la planta baja se accede a la vivienda mediante un porche[1]. Ya en el interior un despacho, salón comedor, armario/alacena (aprovechando el hueco de la escalera), cuarto de baño y cocina se comunicaban entre sí mediante un vestíbulo distribuidor. La cocina daba a un patio, algunos enormes, otros no tanto. Las escaleras, de tres tramos (detalle que indica cierta altura de las habitaciones) nos conducen a las cuatro estancias previstas como dormitorios. Todas las habitaciones tienen buenas ventanas y en el piso superior hay un balcón. Podemos asegurar que las casas estaban bien ventiladas.

Al ser mi madre maestra tuvimos la ocasión de disfrutar de una de estas casas. Mis padres y yo nos mudaríamos allí sobre 1958 -59. Las viviendas estaban bien construidas y eran amplias y con mucha luz. Como defectos puedo citar que eran frías y los marcos de balcón[2] y ventanas no eran de buena calidad. Se suponía que tenían agua corriente pero su llegada era irregular en todo el pueblo por lo que había que ayudarse de un pozo que había en el patio y de algunos carrillos con cántaros del “gran grifo público” que había en la plaza.

La primera casa la ocupamos mis padres y yo. A nuestro lado vivía la familia Pérez Jurado: los padres Pepe y Lucía y sus tres hijas Mª Celi, Pilar y Luci. Viviendo allí nació la cuarta niña: Mª José. Familia entrañable y cariñosa. Nuestras relaciones fueron y son fantásticas. Nunca olvidaré que se compraron una tele en blanco y negro y con frecuencia, por la noche, nos invitaban a ver algún programa. Allí oí cantar a la encantadora Gigliola Cinquetti la famosa canción “Non ho l’età (per amarti)” y ganar el festival de Eurovisión, en Copenhague, en 1964. En nuestra puerta, acompañados de un botijo, también comentamos la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969, a las 10:56 hora de Florida. Neil Armstrong, mientras descendía por la escalera del módulo lunar, proclamó la famosa frase: "Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad". Posteriormente su compañero Aldrin, se unió a él ofreciendo una simple pero poderosa descripción de la superficie lunar: "Magnífica desolación".

La tercera casa la recuerdo desocupada. Luego fue destinada a acoger el Ayuntamiento pues el edificio de la plaza estuvo de obras varios años. Recuerdo que mi tío Rafael era el Alcalde. La parte baja estaba llena de papeles y documentos y arriba, en la habitación del balcón trabajaban Miguel Nieto y mi padre; Eufrasio Suárez – Secretario - tenía su despacho justo al terminar la escalera a mano derecha, dando al patio, y la habitación más grande era para el Sr Alcalde. Ramón Ferrer era el alguacil, buena gente y persona simpática con un humor increíble. Mariano Barbero y Pepe Olmo eran los municipales. Guzmán iba por allí para llevar el papeleo del Juzgado. Allí, en enero 1976, Miguel Nieto me facilitó un billete de autobús para irme a Córdoba al iniciar la mili.
En el plano del principio se observa perfectamente el espacio que quedó entre las casas 3ª y la 4ª
Fachada de las tres casas que dan a la Carretera de Pozoblanco

En la cuarta casa, primera en la calle paralela al Cuartel, vivían Dª María Sánchez y la Josefi. Creo que Dª María Sánchez era de Villaviciosa y Josefi, persona con la que compartía la casa, de Dos Torres. Dª María era una persona muy religiosa y como maestra bastante rígida. A ella le debo el aprendizaje de memoria de la tabla de multiplicar del cinco[3]. Ejercitar la memoria era el método que había. Repetir, repetir, repetir hasta la saciedad. Dª María ayudó a muchas niñas del pueblo a salir adelante animándolas a estudiar, solicitar becas, abrir horizontes. De alguna manera quería conseguir mujeres independientes y autónomas.

La casa número cinco la recuerdo habitada en un principio por Dª Andrea. Era soltera, algo mayor y muy dada a la filatelia. Con ella compartí esa afición por los sellos. Yo era un niño y ella me enseñó a “acariciar” esas estampillas con manos de seda, a protegerlos y colocarlos con todo el esmero y cariño del mundo. ¡ Cómo si fueran seres vivos!. Ella tenía una buena y ordenada colección que yo disfrutaba viendo. Me ayudó y orientó a iniciar la mía. Guardo algunos sellos de entonces pero mis preocupaciones pronto cambiaron de rumbo.

En esa casa también vivió D. Antonio Cañero que hizo honor a su apellido. Su mujer era Dª Lola y tuvieron una hija a la que llamaron Mari Loli. D. Antonio compartía nuestra enseñanza con D. Pedro Benito procurando que sacáramos el entonces llamado Bachiller Elemental. Sus métodos eran bastante criticables y algo dolorosos para los alumnos[4]. En esa casa, arriba D. Antonio intentaba que aprendiéramos Matemáticas y Latin: Miguel Ranchal, Juani Suárez, Félix Rodrigo, Anita Mengual, Pilar Nevado y un servidor. ¡¡ Que tormento eran aquellas clases!!. También dábamos clase en el grupo escolar, junto a la fuente de “Los Caños”, hoy sin agua.

En la casa número seis vivía D. Pedro Benito y Dª Isabel, maestro nacional y matrona – practicante (partos, inyecciones y curas de heridas). Eran muy amigos de mis padres y procedían de Villanueva de Córdoba. Tuvieron dos hijos: Victoria y Pedro. D. Pedro fue el que montó una especie de “academia” para estudiantes. Los otros maestros ayudaban. De D. Pedro podría contar miles de cosas buenas, fue mi maestro. Me ayudó y me enseñó a trabajar. Él era un trabajador nato, su ejemplo y labor fueron tremendos. En esa casa, la sexta, dábamos Lengua Española y Dibujo por las mañanas con Dª Isabel y por las tardes, era allí donde D. Pedro nos llevaba castigados – a su casa - si no nos sabíamos las lecciones. Su método era infalible: “Cuando te lo sepas, te vas”. A veces nos daban las 9 de la noche y en invierno eso era muy tarde. El castigo físico a los niños nunca está justificado pero en aquella época era frecuente (1950 – 1960) en la casa y en la escuela. D. Pedro a mí nunca me pegó.

Las casas siguen allí. Muchas de las personas que nombro han muerto. Así son las cosas. He tratado de recordar detalles y gente que en su época, fueron importantes para el pueblo y pusieron su granito de arena para conseguir un Alcaracejos mejor. La rueda sigue girando.
Viviendas de Maestros y Oficina de Turismo ( Google Maps, 2012)





[1] En ese porche, con la luz  encendida, es decir a vista de todo el mundo, “pelaban la pava” las muchachas que trabajaban internas en las casas.
[2] Mi habitación era la del balcón y recuerdo que al poco tiempo de vivir allí sus maderas se agrietaron, se pudrieron y el aire del norte se colaba por sus fisuras provocando cierto ambiente polar en mi cuarto. Afortunadamente tenía varias mantas.
[3] Nadie me enseñó que multiplicar era igual que sumar el multiplicando tantas veces como indicaba el multiplicador. Cuando me di cuenta de eso era demasiado mayor y había empleado unas pocas neuronas y demasiado tiempo en aprender de memoria las tablas de multiplicar. Allí empecé a comprender la importancia de la pedagogía.
[4] Aprendí que la letra con sangre entra bastante peor y que “Quién bien te quiere te hará feliz”. En mi vida de profesor de instituto esto me ayudó bastante para definir mis métodos. Ya se sabe: “Cada maestrito tiene su librito”.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Casa - Cuartel de Alcaracejos


La Casa – Cuartel, para la Guardia Civil en Alcaracejos, es sin duda un edificio singular en el pueblo y en la Comarca. Aparte de su estratégica posición en el cruce de carreteras, la N - 502 que viene de Córdoba con las A-422 a Villanueva del Duque y la A-423 a Pozoblanco, sus fachadas frontal y  laterales dan la impresión de encontrarnos frente a un alcázar de mediano tamaño, geométrico y sobrio donde el granito y la teja árabe destacan de forma especial junto a sus numerosas ventanas y algunos balcones. Sus dos torres, no demasiado altas, flanquean la entrada principal dando en conjunto una imagen tintada de aire y aromas de cortijo andaluz.
Plano Proyecto Casa Cuartel de Alcaracejos ( 1945)
Fue construida por Regiones Devastadas y los planos[1] originales datan de 1945 aunque algunas fuentes indican que fue edificado en 1948[2]. Curiosamente en los herrajes del balcón de la torre izquierda figura 1949 mientras que en su simétrico podemos ver la fecha de 1950. Los planos que detallan el “Proyecto de patio y dependencias de Servicio” (dos patios pequeños, cuadra, pajar, estercolero, garaje, lavadero, etc…) datan de 1951.
El solar en el que se edificó la Casa – Cuartel estaba previsto en el Plan de Ordenación Urbana de Alcaracejos en 1945 y era una manzana de forma pentagonal irregular situada en la zona norte del pueblo. La fachada principal da a la carretera que une Pozoblanco con Vva. del Duque y forma calle con parte del grupo de viviendas para maestros construidas también por la Dirección General de Regiones Devastadas.
Patio Casa - Cuartel (Revista Recons-
 trucción nº 117 - 1953) 
La obra fue coordinada por los arquitectos José Rebollo Dicenta[3] y Ángel Marchena Rodríguez[4] los cuales, en 1953, publicaron un interesante artículo[5] en el que detallaban el contenido del edificio: “El programa del edificio es el siguiente: Pabellón para el Brigada Jefe de Línea; Pabellón para el Comandante de Puesto; pabellón para diez guardias; un despacho para el Brigada; una oficina; un despacho para el Comandante de Puesto; dormitorio con aseo para el oficial en las revistas; dormitorios con aseos para diez concentrados; sala de armas; cuarto de guardia de puertas; almacén; cuadra para seis caballos; garaje para camión y moto”.
Estos autores siguen diciendo:“Para la composición general del edificio se regularizó el solar, tomando de este un rectángulo y dejando una amplia acera con jardín central en uno de los laterales. Dentro del rectángulo se construyó el edificio de dos plantas, con torres laterales en fachada principal y alrededor de un amplio patio. En planta baja, y en el cuerpo que da a la fachada principal, quedan los elementos de despachos, sala de armas y concentrados; en el cuerpo posterior, las cuadras, lavaderos de todos los pabellones, garaje y almacén, y en cada uno de los laterales, dos pabellones de guardias.
Torre lado derecho. Observar el
           año 1950 en el centro.
En planta alta y en el cuerpo principal se han dispuesto las viviendas del Brigada y Comandante de Puesto, prolongándose ambas en las torres laterales, así como el dormitorio y aseo del oficial; en el cuerpo posterior van dos viviendas para guardias, y en cada uno de los laterales, otras dos viviendas.
Las aceras que rodean al edificio están muy trabajadas y su empedrado está hecho a base de granito, cuarzo y trozos de un vidrio negro que salía de la fundición de las minas consiguiendo un decorado original y sencillo a la vez.
A la pura descripción técnica del edificio podemos añadir algunos detalles de otra naturaleza. Así, por ejemplo, todos los “12 de octubre” la Guardia Civil celebraba una misa en la Parroquia en honor de su patrona, la Virgen del Pilar y al mediodía tenía lugar una especie de convite en el patio del cuartel. A él acudían las autoridades del pueblo y también muchos vecinos. Era una celebración típica de post – guerra.
Citar algunos nombres siempre es un riesgo porque, con total seguridad, que se te olvida gente pero desde la perspectiva de mi niñez y mi adolescencia puedo nombrar por cercanía personal a Tavera, Brigada durante años y persona entrañable y singular. A mi mente acuden apellidos de guardias como Parejo, Méndez, Adillo, Sánchez, el cabo primero Patricio que gestionó papeles de mi servicio militar, Emilio conductor, Santiago……De forma especial recuerdo a Felipe Rodrigo, Brigada oriundo de tierras de Castilla por mi amistad con su hijo Félix, compañero de estudios durante varios años.
Detalle del acerado
 Debido a esta amistad yo entraba y salía del cuartel como “Perico por su casa”. En la torre de la derecha, en un falso techo, guardábamos una colección de minerales que recogíamos por los caminos, vacíes, casas, etc…¡¡ igual todavía están por allí!! .
La Casa – Cuartel lleva años sin ser usada como tal y está cerrada. Me constan diferentes iniciativas para recuperar el edificio pero hasta el momento ninguna ha llegado a cuajar. Esperemos que con el tiempo surja alguna buena idea que permita su rescate para beneficio de propios y extraños.
Vista General del edificio (Revista Reconstrucción nº 117, 1953)



[1] Planos facilitados por el Archivo Central de la Delegación de Fomento y Vivienda de Córdoba. Fondo de Regiones Devastadas.
[5] Rebollo Dicenta, José y Marchena Rodríguez, Ángel - Arquitectos. Localización: Revista  Reconstrucción  ISSN 0213-0378, Nº 117, 1953, Págs 107 – 112. Esta referencia la encontré en Dialnet – Universidad de la Rioja. Se la pasé a la Srta Julia González de la Biblioteca Central de Córdoba. El artículo me lo enviaron por email tras encontrarlo en la biblioteca de Castro del Rio y me informaron que la revista completa está en la Biblioteca de Andalucía en Granada.

jueves, 13 de julio de 2017

Ermita S. Andrés Alcaracejos II


Fachada Ermita S. Andrés (1946)
       Todos los edificios tienen una historia que contar ya que son producto de una época y de unas circunstancias concretas. Si además se trata de edificios públicos el tema ya no admite discusión. En el marco general podemos decir que mientras esta ermita se gestó el mundo estaba inmerso en la II Guerra Mundial: en 1945 se rindió Alemania y los EE.UU. bombardearon – con sendas bombas nucleares – Hiroshima y Nagasaki. Era un mundo convulso que contrastaba con la tranquila fachada de la ermita. En España el clima era de post – guerra: la construcción de nuevos edificios no podía tapar el exilio, la represión, ofensivas de los monárquicos por recuperar el poder, cartillas de racionamiento, agricultura de baja productividad, escasez de industrias, bloqueo internacional, evolución catastrófica de la economía, hambre etc…. Hubo que esperar a la década de los 50 para que España empezara a respirar como país.

Los planos de la ermita tienen fecha de octubre de 1943 lo que quiere decir que la ermita sería terminada e inaugurada un par de años después. Eso nos lleva a finales de 1945 o principios del 46. Datos aportados por Claudio Muriel[1] aseguran que en la primavera de 1946 D. Antonio Fernández Caballero era el párroco, casi con seguridad primer párroco, y fue el que asistió a la proclamación de dicha ermita como parroquia. No deja de ser curioso que este hombre decía haber escuchado a los mayores del pueblo que “la Ermita de la Magdalena – en el cementerio – fue la primera Iglesia Parroquial de S. Andrés[2]”. Según cuenta D. Francisco Vigara, párroco de Villanueva del Duque, el Obispo Fray Albino[3] viajó expresamente, en 1952, para visitarlo y darle ánimos en su enfermedad[4]. Al mismo tiempo este compañero le dedica el capítulo VI de la primera parte en su reciente libro de 2016 sobre la ermita de la Virgen de Guía. D. Antonio murió el 3 de julio de 1953 y está enterrado en el cementerio de Alcaracejos. En la lápida podemos ver su foto y la mención especial de la Corporación Municipal presidida por D. Germán Santos.
Interior del templo (1946)
El segundo y último párroco en esa ermita y a quién recuerdo muy bien es a D. Jesús Fernández Palomo[5], persona muy ligada a Alcaracejos durante un montón de años. Mis datos son desde 1953 hasta 1972. Entiendo que D. Jesús fue un sacerdote de la época, con planteamientos algo cerrados pero con indiscutible buena voluntad y muy preocupado por Alcaracejos y sus vecinos. Luchó lo indecible por mantener las tradiciones religiosas del pueblo, así como por las cofradías, hermandades, asociaciones católicas y cursillos de cristiandad. Se preocupó mucho por la formación de niños y jóvenes. En 1966 participó en la misa concelebrada de inauguración de la nueva Iglesia Parroquial y batalló a lo largo de varios años para que el constructor y el Ministerio de la Vivienda (Regiones Devastadas) subsanaran los defectos de construcción encontrados en el nuevo templo. En 1972 se trasladó a Córdoba como párroco de la Parroquia San Antonio de Padua, en la C/ Agrupación Córdoba. Murió el 22 de diciembre 1981.
De la Ermita de San Andrés podría decir muchas cosas, pero sólo comentaré algunos aspectos que viví como niño y que tengan alguna relación con ese templo.
Preciosa vista desde patio interior (1946)
Allí aprendimos el Catecismo con la ayuda de las pacientes catequistas: repetíamos y repetíamos hasta saberlo casi entero, de memoria, para hacer luego la Primera Comunión. Por Cuaresma iban unos misioneros a predicar y recuerdo que dejaban unas cruces de madera que ponía Santa Misión y el año. Había una de 1956. También por Cuaresma, en Semana Santa liaban las imágenes en unos paños morados, como ocultándolas, cosa que me resultaba desagradable. D. Jesús creó un grupo de niños tarsicios[6] para aumentar nuestra religiosidad. Teníamos un libro con su vida y con abundantes reflexiones. Lo recuerdo como algo muy serio que intentaba parecerse a grupos de adultos, como p.e. la Adoración Nocturna.

Una vez hubo un pequeño incendio. En el altar mayor había varias filas de velas y estaba engalanado. El centro lo ocupaba la imagen de la Virgen, una Purísima, creo. Encendiendo las velas, Vidalín – sobrino de Vidal el sacristán y monaguillo – le dio con la caña a una vela ya encendida. Unas gasas y telas prendieron con rapidez. D. Pedro Benito, nuestro maestro, no lo dudó. Rescató la imagen de la Virgen y junto a otras personas apagaron el fuego. La imagen del maestro con las manos quemadas la mantengo a pesar de los años. ¡Menudo susto!.
Ir a las procesiones era un poco aburrido para los niños por eso nos peleábamos por quedarnos a repicar las campanas. El ruido de los campanillos al girar era ensordecedor pero resultaba más agradable y alegre que asistir a la procesión.
Catecismo (1962)
Me llamaba mucho la atención la cantidad de agrupaciones, cofradías o hermandades que estaban presentes en distintas ceremonias. Siempre había mujeres con escapularios y se sentaban juntas. Me puedo olvidar de alguna pero puedo citar hermandades de S. José, de la Virgen del Carmen, del Corazón de Jesús, de la Virgen del Rosario, …etc
Cofradías de Jesús Nazareno, de la Virgen de los Dolores… Agrupaciones de la Adoración Nocturna, Acción Católica, Hijas de María... y por supuesto la Hermandad de la Virgen de Guía.
Llegó la tele al pueblo – eran los años 60 - y D. Jesús fue consciente de su importancia. En el lateral derecho de la Ermita dispuso un salón parroquial y pagábamos una peseta por ver Herta Frankel[7] con sus marionetas o las Aventuras de Rin – Tin – Tin. Lo peor era que nadie escuchaba nada porque todo el mundo hablaba, pero allí nos reuníamos los niños del pueblo para ver el programa infantil los sábados por la tarde.
Balcon, herrajes y campanas (1946)
En 1964 La instrucción Inter Oecumenici (26-IX-1964), editada por el Cardenal Larraona, prefecto de la entonces Sagrada Congregación de Ritos, y por el Cardenal Lercaro, presidente del Consilium para la renovación postconciliar de la Liturgia, estableció lo que sigue: «Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo. El altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles». Desconozco si en esta iglesia se hicieron reformas para poner el altar de cara a los fieles, pues en esa fecha ya se estaba construyendo el nuevo edificio parroquial. Lo que si se produjo fue decir la misa en castellano. Tanto una cosa como la otra fueron logros del Concilio Vaticano II haciendo de la Iglesia una institución más próxima y abierta a la gente.
Cooperativistas con el Sr Ministro Inciarte

Terminada su utilización religiosa en 1966 la Ermita queda libre y sin uso definido. Me consta que allí se produjeron algunas reuniones de los Cursillos de Cristiandad y también cobijó a la Cooperativa de Confección Nuestra Señora de Guía[8] que durante unos años funcionó con el esfuerzo y colaboración de un puñado importante de mujeres mojinas.
En la actualidad el edificio está vacío, un poco dejado de la mano de Dios y esperando alguna idea que le permita reintegrarse a la historia del pueblo.




[1] En esas fechas D. Antonio fue solicitado, como párroco, para dar referencias de Claudio a una familia de Tarifa, con motivo de iniciar una relación.
[2] Alcaracejos y su escudo. Ayuntamiento. 1955
[3] Fray Albino González Menéndez- Raigada
[4] Esto está recogido en el Cap VI del libro , de Francisco Vigara, párroco de Villanueva del Duque, “Misterios de la ermita de la Virgen de Guía”.(2016)
[5] De correspondencia mantenida con Claudio Muriel se deduce con claridad que dejó el pueblo en 1972.
[6] San Tarsicio es el patrón de los monaguillos y de los que hacen la Primera Comunión. http://www.corazones.org/santos/tarsicio.htm
[7] Herta Frankel , ventrílocua austriaca, se dio a conocer a principios de los 60. Fue muy popular entre el público infantil gracias a su show. Manejaba con gracia y soltura un espectáculo de marionetas: Pepito, Tonto,  Gruñón y la Tia Cristina. Tonto decía su frase preferida “Siempre que sucede iguallllll….. ocurre lo mismooo”. Herta alcanzó la fama con el programa “Dia de Fiesta” y su perrita Marilyn, caniche impertinente y respondón creado por Elvira de Loyzaga.
[8] Ver artículo de Claudio Muriel en el Programa de Feria de 1982: “La gran lección”.
[9] Todas las fotografías han sido obtenidas de la Biblioteca virtual de Castilla - La Mancha. Revista Reconstrucción nº 63 correspondiente a mayo de 1946, exceptuando la que muestra las cooperativistas que fue publicada en el Programa de Feria de Alcaracejos de 1982.

sábado, 1 de julio de 2017

Ermita de San Andrés de Alcaracejos: Algunos datos I

Al finalizar la guerra civil la Dirección General de Regiones Devastadas empezó la reconstrucción del país. En Alcaracejos, el casco urbano, se fue desplazando hacia el Norte y hacia el Este. Las nuevas construcciones van buscando aproximarse a las carreteras y al cruce.
Situación ermita San Andrés ( 1942- 44)
Como la reconstrucción del bombardeado y destruido templo parroquial, con las peculiaridades arquitectónicas que reunía, además de ser costosa era obra de larga duración, las autoridades civiles y religiosas de la época acordaron levantar un templo provisional en el que instalaron, con el decoro debido, los servicios indispensables de orden religioso. Con el paso de los años ha sido llamado, que yo sepa, con tres nombres diferentes: En sus planos originales esta ermita es conocida como “la de San Andrés”. En internet aparece como “Antigua Iglesia de San Andrés” - utilizada como Parroquia provisional durante unos veinte años (1945- 1966) y también como Ermita – Taller pues allí se instaló el Taller de Corte y Confección de la Cooperativa Ntra. Sra. de Guía.
Entre el Callejón del Hospital y la Calle del Pilar había seis parcelas, todas alargadas e irregulares que limitaban con esas dos calles. En planos de diciembre de 1944 podemos apreciar que declararon zona expropiable las seis parcelas más otras dos que sólo daban a la Calle del Pilar, hoy Maestro Miguel López. Prácticamente se proponía expropiar la manzana entera. La ermita proyectada, orientada al Noreste, cogería la parte este de las parcelas nº 1 ,2 y 3 y parte del denominado [1]Callejón del Arroyo del Pilar, luego C/ José Antonio y hoy C/ Maestro Miguel López. En la ordenación urbana de enero de 1943, en el Callejón del Arroyo del Pilar aparece situada la Ermita de San Andrés (1). En la nueva ordenación de 1945 se mantiene el templo, estando situados en la misma manzana el Grupo Escolar (2) que se hizo y cuatro Casas para Maestros (4) en el Callejón del Hospital que nunca se construyeron allí.
En los archivos de la Delegación Territorial de Fomento y Vivienda de Córdoba existe un plano, de 1942, con diferentes alzados, plantas y secciones de la proyectada ermita. Está firmado por el arquitecto y académico cordobés Víctor Escribano Ucelay[2], autor en la capital de varias fuentes, edificios destinados a colegios y otros. Al final estos planos se corrigieron y se ampliaron y no tengo la seguridad de que el proyecto final pertenezca a este autor.
Ermita, plano original 1942.
Víctor Escribano Ucelay
Esta iglesia se construyó en un solar descombrado- resultante de la expropiación - entre los muchos que existían en el interior del pueblo. “La construcción se compone de una nave rectangular de 18’60 m x 8 m. En el presbiterio, zona del altar, se abre una puerta que comunica con una pequeña sacristía situada detrás, a la que también se puede acceder desde el exterior por un pequeño porche situado en la esquina del edificio correspondiente al lado de la Epístola (visto desde los fieles, lado derecho)”[3]. La ermita tenía, aún hoy se puede ver, un coro elevado a los pies de su única nave. También disponía un despacho para el párroco, un aseo, un pequeño jardín, patio con su pozo y la espadaña con sus campanas. Con el tiempo se añadió un salón parroquial en su lateral derecho.
Su tipología permite identificarla como una ermita. Aparenta ser una ermita urbana con su espacio interior bien despejado. Hay quien asegura que sus creadores se inspiraron en la Ermita de la Magdalena (cementerio). Carece de plaza en su puerta principal y en su lugar se proyectó una acera de acceso empedrada de 4’40 m x 2’50 m, aunque luego se amplió a toda la fachada y algo más profundo.
La fachada se divide en dos lienzos claramente identificados construyéndose en el más bajo una minitorre rematada por espadaña. El proyecto inicial se amplió considerablemente como se puede apreciar en los planos de la época. La variación es enorme.
Ermita San Andrés. Versión corregida y ampliada.
En la citada minitorre se abre un notable balcón que desentona por completo en una ermita clásica. La espadaña tiene dos aberturas para colocar en ellas un par de campanas. Encima hay un balconcito con función puramente estética ya que es inaccesible. En él “se asoma” una campana de mayor tamaño que las anteriores. A ras de calle, debajo de la espadaña, se abre una segunda puerta con arco de medio punto que da acceso a un patio interior al aire libre. “El otro lienzo tiene la puerta principal, más antigua, de entrada, adintelada y con jambas reforzadas por sillería de granito. Dos árboles tapan parcialmente una fachada sin decoración, tan sólo una hornacina siempre vacía. Actualmente el acceso al Salón Parroquial está tapiado. Lateralmente se reforzó con contrafuertes retranqueados y se instaló en la parte posterior un ábside redondeado[4]”.
Dada la economía que preside en este edificio, su exterior, así como el interior, se ha tratado a base de líneas sencillas con elementos ornamentales en piedra de granito, muy abundante en esta región, hierros forjados y colores claros.”[5]
De vez en cuando salta el rumor de sus arreglos y la gente nos preguntamos acerca de su restauración y utilización. Es cierto que el pueblo tiene varios espacios para la difusión de la cultura, pero ninguno con la historia y el pasado que tiene este.
Las [6]Normas Subsidiarias del Término Municipal de Alcaracejos de Noviembre del 2000 recogen que la Ermita Taller en C/ José Antonio es un edificio protegido en la Categoría A. Declarado con protección integral, no se permite modificar su fachada exterior, aspecto exterior, tipología, ni tampoco la estructura interior de la edificación. Igual que esta Ermita Taller, dentro de la Categoría A de protección, se encuentran: Cuartel Guardia Civil, Ermita de la Magdalena, Ermita de S Sebastián, Cruces límites del casco histórico y chimenea de antigua factoría entre C/ Córdoba y la C/ Sol.
Para terminar,  una serie de ruegos / sugerencias:
1.      Como edificio singular del pueblo y de la provincia, debería de tener una placa / cartel que lo identifique al menos con su nombre y fecha de construcción.
¿Dónde está esta cruz?
2.      Como monumento calificado con protección integral Categoría A, se debieran tomar las medidas oportunas (Obispado, Ayuntamiento, Diputación, Junta de Andalucía….) para evitar que su evidente deterioro siga en aumento. Es patrimonio histórico y monumental del pueblo, y de no mantenerlo mínimamente, cualquier día se vendrá abajo de forma irremediable. La imagen de matojos, jaramagos, hierbajos, desconchos y hongos es deplorable. Aislarlo del exterior debería ser un mínimo.

3.      Ruego públicamente que se restituya a su sitio la cruz de granito con plataforma y columna cilíndrica que se ubicaba a la derecha de la puerta principal. ¿Alguien sabe dónde está?.
4.      La ermita tenía tres campanas. Desconozco si se trasladaron a la nueva Parroquia o están almacenadas en algún lugar. Cualquier pista sobre ellas será bienvenida para completar esta información.





[1] Detalle curioso es que este callejón, en el plano, empieza y termina con una fuente.
[3] Revista  Reconstrucción, Mayo 1946, nº 63- pag 184 –  Hernández Rubio, F.; Sánchez Puig, D. ; Rebollo, J.; Marchena, A.; Arquitectos. Biblioteca Virtual de Castilla – La Mancha.
[5] Idem 2

martes, 6 de junio de 2017

Vecinos calle de Regiones: Alcaracejos 1950 - 1960


Alcaracejos 1955
Mi infancia son recuerdos de una calle rojiza[1],
Sin asfalto, con árboles y personas muy dignas.

Con niños que jugaban al trompo y a la pídola[2],
Con canteros[3] y hollos[4] para la merendilla.

Con caras churretosas y babis protectores,
Ambiente de postguerra y radio sin colores.

Con paredes muy blancas y balcones en verde,
Y mulos con sus carros que por la tarde vuelven.

Con anémicas luces que el viento hacía vibrar,
menos zonas diáfanas que con oscuridad.

Públicas luces tibias que dominaba el viento,
Y agitaba con fuerza silbando un tintineo.

Persianas de madera que protegían del Sol.
¡La calle de “ Regiones” de Isidro Labrador ¡
  
La calle tenía 22 viviendas. Posiblemente fuera la más ancha del pueblo. Aceras empedradas limitadas por bordillos de granito y dos filas de acacias con agradables sombras. Todas las casas estaban habitadas y salvando esporádicas peleas de chiquillos, las relaciones eran de buena vecindad. Recordar aquí a todos los vecinos ha sido posible gracias a la ayuda de Rafaela Sánchez Navarro, vecina de la calle en mi niñez y vecina de la calle en la actualidad. ¡¡ Muchas gracias!!. Era la década de los 50 (1950 – 1960). Éramos los vecinos de la Calle de Regiones. Sirvan estas líneas como un pequeño homenaje a todos ellos.

En el nº 1, estaba la oficina de la mina de Cantos Blancos donde trabajaba mi padre como jefe administrativo de Indumetal y dónde “Pedrín, hijo de Leónides Gómez y Lorenzo Cruzado, daba sus primeros pasos como aprendiz de oficinista. Aún lo veo con un pantalón corto largo y oscuro - por encima de la cintura- y una camisa blanca abrochada hasta el cuello con manga larga.

Enfrente de la oficina vivía yo con mis padres, actual casa de Eloy y Lucía (q.e.p.d), buena gente donde los haya. Era el número 2. Mi madre Mª Luisa era maestra de parvulitos (de 3 a 6 años) y Claudio, mi padre solicitó permiso al Ayuntamiento para dejarlo y trabajar en la mina. Al trabajar los dos necesitaban ayuda en la casa. Recuerdo a Máxima y luego vino Genoveva, madre de Juliana, Carmen y Pilar, mujer alegre y bondadosa. Mis amigos eran Antonio – hijo de Dª Victoria -, Andrés – cariñosamente llamado “el Peji” – hijo de Antonio y Gliceria y Pepe el del molino, hijo de José y Eduvigis.

Inmediatamente a la oficina de la mina vivían los panaderos, en el nº 3. Elisea era la madre de Manolo y Pepe, ya adultos. Elisea era una abuelita encantadora. En su casa yo era un pequeño príncipe: me daban agua de litines[5], comía chocolate y me encantaba el pescado del día anterior, jugaba a las cartas…..A Elisea la recuerdo vestida de marrón, como un hábito, y un delantal a rayas, su moño recogido y unas gafas que tenían un cristal translúcido. Me llamaba poderosamente la atención no poder ver aquel ojo. Nunca supe lo que había detrás de ese cristal. Su voz era dulce y armoniosa. De abuelita de cuento. Nunca la escuché gritar y la sigo recordando por el mucho cariño que me dió. Con los años Elisea y familia se cambiaron a la calle Ramón y Cajal, en la esquina con el callejón. En la otra esquina estaba su panadería, siempre oliendo al maravilloso perfume de la jara utilizada en el horno. Verde o quemada daba igual: el olor a jara era un mágico billete de viaje que te trasladaba a cualquier monte bajo en mitad del campo. Recuerdo haber ido a visitar a Elisea, mayor, encamada,…….pero sonriente.

Calle de "Regiones". 1960
Frente a Elisea, pegando a mi casa, en el nº 4 habitaba la familia Martínez. Él era más bien grueso, con bigote, calvo por el centro de la cabeza, de mediana estatura y ella morena, pelo corto muy negro, cara algo pálida y vestida de luto riguroso. Tenían dos hijas que eran mis amigas: Mari y Magdaleni. Mari era mi preferida porque era de mi edad. Magdaleni, al tener un par de años más era más independiente. Mari tenía el pelo liso y cortado a la altura del cuello en línea recta……casi siempre llevaba un lazo puesto en el lateral derecho de su cabeza. Tenía cara de pájara inteligente, nariz algo destacada y una amplia y simpática sonrisa. La recuerdo como una niña alegre y divertida, muy alegre. Con el tiempo, quizás demasiado pronto, en 1955 – 56 esta familia se trasladó a Granada y nunca más supe de ellos. Hoy, la pista puede estar en Pinos Puente.

A continuación de los panaderos estaba el nº 5. Era la casa de Dª Victoria: maestra y viuda. Era una persona corpulenta. Tenía gafas. La recuerdo vestida de luto riguroso. Hablaba con acento castellano y voz característica. Tuvo dos hijos, Antonio Herrera Salamanca y su hermano mayor José Tomás. La madre de ella, siempre muy bien arreglada, vivía también allí.
Dª Victoria, se casó de segundas nupcias con Juan José. Como mi madre era maestra y vivíamos casi enfrente los hijos éramos amigos. Antonio tenía cierta dificultad para hablar y más de una vez tuvo que sufrir las pesadas bromas y la mala idea de los niños. Aparte de ser mi amigo, nunca me gustó esa especie de maltrato que hoy lo podríamos identificar como acoso. José Tomás era bastante alto y delgado Tenían una perra, una galga, que se llamaba Gilda, juguetona y alegre. Su jugueteo me daba un poco de miedo aunque el animal nunca hizo daño a nadie. Recuerdo su casa con muebles muy antiguos, oscuros, lámpara colgada del techo con tulipas que daba una luz amarillenta algo triste, como casi todas las de la época debido a los pocos vatios.
Por cierto que en esa época la luz se iba y venía con excesiva frecuencia. A veces hasta varias veces al día. Muy jóvenes comprendimos eso de: “Se han fundido los plomos” ya que los picos de tensión en la corriente eléctrica eran frecuentes. Usando hilo de cobre aprendimos a poner “unos nuevos plomos” en las casas y todo volvía a la normalidad.

Enfrente de Dª Victoria, al lado de los Martínez, estaba la casa nº 6 habitada por tres hermanos: Carmen, Teófilo y Saturnino. Vivian con su madre, Mª Paz. Creo que procedían de Ciudad Real y me queda en la memoria que hablaban diferente, sobre todo pronunciaban las eses del final de las palabras, cosa extraña en los Pedroches. A Carmen y Mª Paz las recuerdo vestidas de negro y con el pelo blanco. A Saturnino con traje de rayas, camisa blanca sin corbata abotonada hasta arriba y una boina negra, entonces frecuente. De Teófilo no tengo recuerdos. Cuando esta familia se fue creo que compraron la casa Manolo “el de Pablos” y Rosita que tenían una tienda en la plaza, a modo de pequeño gran almacén.Tenían de todo.

En el nº 7, haciendo esquina, vivía la familia Nevado: Diego Nevado y Adoración Moreno. Diego trabajaba como capataz de obras públicas. El matrimonio tuvo dos hijas: Pilar y Dori. Pilar formaba parte del grupo de estudiantes de 2º y 3º de Bachillerato junto con Félix Rodrigo, Juani Suárez, Anita Higuera, Miguel Ranchal y yo (Cursos 61-62 y 62-63). La familia Nevado era un encanto: íbamos a su casa a hacer las tareas juntos. Especialmente recuerdo los problemas de matemáticas en invierno. La madre nos sentaba alrededor de la mesa camilla con el braserito. Vivía con ellos una hermana de la madre, la “tía Catalina”, igual de cariñosa que toda la familia. Actualmente las dos hermanas viven en Córdoba y, recientemente, he tenido la oportunidad de pasar un buen rato de charla con ellas. Pilar me contaba que siendo ella una niña, mi madre la dejaba al cargo de la escuela cuando estaba enferma o cuando tenía que asistir a una reunión. “Fue tu madre la que me inculcó la vocación por el magisterio”, me dijo. También me confirma que su padre hizo la escalera que todavía sube al primer piso del Bar El Control.

               Al otro lado de la calle, el nº 8. La vivienda estaba ocupada por D. Enrique Velasco, facultativo de minas, y familia: Dª Concha su esposa y sus dos hijos Mª Elena y Jorge. Eran de Gijón. Jorge conocía a todos los niños de la calle y sus cumpleaños eran muy celebrados con sabrosas tartas. Tenía figuritas de indios, soldados USA, cow-boys, caballos, carretas, etc….me gustaba ir a su casa y jugar con estos muñequitos que se dividían por la mitad y podías obtener muñecos diferentes uniendo mitades diferentes. En casa de Jorge, en el patio, había un palomar. Estaba elevado por lo menos tres metros sobre un poste con plataforma. En ella se apoyaba la casita blanca de las palomas con un techo verde. Al irse del pueblo se instalaron en Madrid. Cuando se fueron, 1956, la casa pasó a un médico D. Antonio García Mesa, hombre delgado y pelo muy blanco. Su señora creo que estaba enferma y tuvieron dos hijas: Mª Antonia y Mª Pepa. Luego vivió allí Emilia Bermejo con su familia.

El antiguo callejón que atravesaba la calle S Isidro hoy son dos calles: la calle Rio Cuzna hacia la derecha y la Travesía de S Isidro a Ramón y Cajal hacia la izquierda, recientemente llamada calle Puerto Calatraveño. Nuevas construcciones han dado un perfil muy diferente a toda esa zona.
Calle S. Isidro ( 2011)

Cruzamos el callejón y tropezamos con el nº 9, hoy farmacia renovada. En esa parcela estaba la casa de Antonio Delgado Coleto y Gliceria. Antonio creo que trabajaba en la mina. Tuvieron tres hijos: Andrés, Teófilo y Antonio. También vivía con ellos la abuela, madre de él, Orosia. Asocio con esta familia a Eutiquiano, hermano de Gliceria. Me encantaba ir por su carpintería, oler a madera y ver como trabajaban. Su sobrino Antonio aprendió el oficio y luego estuvo con Antonio Alegre.

Enfrente del nº 9 estaba el 10. Yo no la recuerdo, pero me han contado que allí vivía María “la Viseña” o María la de Teno .Tenía tres hijos Eulalia, Ángel y Manolo, minero que murió joven. No puedo aportar nada más.

Contiguo a mi amigo Andrés, en la casa nº 11 estaba José Ruiz Dueñas, Pepe el del Molino, casado con Eduvigis. Tuvieron tres hijos: Amelia, Lola y Pepe que era amigo nuestro. La familia tenía un molino de harina en la carretera, entonces calle José Ventura, 37, más o menos enfrente del actual Tic – Tac. El molino estaba en la casa de Margarita y Nemesio. Nemesio era el padre de José.

Frente a la familia del molino, en el nº 12 residían “Las de León”. Nunca supe si ese nombre correspondía a provincia, animal o apellido ( me aclaran que era apellido). La gente las llamaba así. La madre era Zenobia y tenía cuatro hijos: Francisca, Juan, Carmen y Juliana. Recuerdo a Carmen con gafas, pelo corto y muy metida en cosas de la iglesia (en aquellos tiempos era muy frecuente, creo que era catequista). Juliana trabajaba en la “Cooperativa”, la Cope para nosotros. De los otros hijos no me acuerdo.

Convecinos de la familia del molino, hacia la carretera, estaba el nº 13: la señora Ramona y su marido Antonio. Tenían tres hijos, Celia, Eusebio y Antonio, hijo de su segundo matrimonio que murió chico. Mirando hacia atrás veo a la Sra Ramona enlutada, incluido el delantal. La relaciono con productos típicos de la huerta que vendía a los vecinos y en la plaza.

Cruzando la calle desde el 13, está la casa nº 14. En ella habitaban José Sánchez Zamora, su esposa Mª Jesús y su hija Rafi. Esta familia estará siempre unida a la “Cope”, gran bazar en el Alcaracejos de los 50 y los 60. Me cuentan que “a la Jesús” la llamaron a filas porque Jesús era nombre de chico. Aclarado que era mujer, parece que a partir de entonces empezaron a llamarla Mª Jesús. Al parecer antes de llegar a esta casa José y su familia, estaba ocupada por otras dos: En la planta baja vivía una señora que se llamaba Olimpia y en la alta “Mª la taruga” que al llegar ellos se fue a la casa nº 21, que luego sería de Rafael López Fernández y familia.

La familia de Alejandro y Damiana residían en el nº 15 y tuvieron cinco hijos: Antonio, Agustina, Ángel, Carmen y Josefa. Era una familia amiga y conocida de mis padres pues su hija Josefa fue mi niñera un tiempo. Incluso nos acompañó a Vejer y a los Caños de Meca donde pasábamos el verano con la familia de mi madre. Tengo algunas fotos. La mujer de Alejandro, Damiana, madre de Josefa, la recuerdo con la cara redonda y pelo recogido con moño detrás, pelo ya canoso. Su vestido siempre era amplio y marrón, casi parecía un hábito religioso, costumbre que entonces era frecuente. Se hacían promesas de este tipo por gracias recibidas. Desconozco la razón por la que esta mujer no podía hablar con claridad. Posiblemente algún accidente cardiovascular o algún tipo de dislexia, aunque entre los niños se comentaba que había sido de un susto durante la guerra. Creo que la única consonante que utilizaba era la “n”. A Alejandro lo recuerdo ya mayor, erguido y alto, con gorra, garrota y barba blanca no larga. Muy delgado y de buen humor. Daba largos paseos. Con frecuencia vestía una especie de blusón que los niños identificábamos con la ropa que usaban los vendedores de queso que venían de la Mancha. Antonio, hijo, fue muy amigo de Claudio, mi padre. Durante años compartieron paseos y conversaciones. Mi padre lo tenía en gran estima.

Antonio “del Molino” hermano de Pepe “del Molino”. Alto, corpulento y lo recuerdo rubio. Vivía con su mujer Leoncia en el nº 16. En su casa vendían leche de las vacas que cuidaban en su parte de atrás. La entrada a la vaqueriza estaba al volver la esquina a la derecha, poco después del nº 22, ya en la carretera para Pozoblanco. No tenían hijos y cuidaron de una sobrina de Pozoblanco: “La Teodosita”, una chica bastante mona que siempre cautivaba nuestra atención a pesar de su tremenda timidez.

Perspectiva general en la actualidad
               En el 17, contiguo a Alejandro y Damiana, me han dicho que se alojaban Antonio García e Isabel Evans con sus cinco hijos, tres varones y dos hembraas: Antonio, Guillermo, Rosarito e Isabel y otro. No puedo añadir ningún dato más.

               Frente al nº 17 estaba el 18: Paula y su marido, minero. Tenían una humilde tienda de comestibles. Tuvieron siete hijos: Mercedes, Alfonso, Carmencita (Hita), Kiko, Salvador, Pepe y Juan. Esta vivienda era la penúltima casa de la derecha, yendo hacía la carretera. De sus hijos varones recuerdo que Salvador aprendía el oficio de barbero en la barbería de Manolo, situada en la anchura de la actual calle José López Navarrete – la casa tiene hoy dos números el 6 y el 15 – antes de desembocar en la plaza al izquierda, antes de la “posá” de Antonio Ramírez. La barbería era un local que recuerdo frio, poco acogedor y con el material imprescindible. Allí nos pelaban sentados en una especie de taburete que colocaba sobre el sillón de “arreglar” a los adultos. Otro hijo de la Paula, el del medio, era Pepe. Tengo su cara en la memoria, más bien corpulento, pelo algo rubio y peinado hacia atrás. Juanito era el más chico y ese era mi amigo. De la tienda de la Paula me encantaba el “pan de higo” que ella vendía por trozos cortados en triángulos de base curvilínea, como los quesitos del caserío, pero más grandes.

En el nº 19 vivía el vigilante de las casas de esta calle. La verdad es que no recuerdo lo que aquel hombre vigilaba.…….es posible que tuviera alguna responsabilidad sobre las casas de la calle por la singularidad de ser viviendas del Estado de entonces. Recuerdo a su hijo que se llamaba José Mª y su hermana Mª Encarna. Arrebola creo que era su primer apellido.
            A José María lo recuerdo buen chaval, respetuoso, ……….el caso es que el tal José María era una especie de “percha de la guantá”…..todo el mundo se metía con él. La crueldad de los niños siempre presente. Por entonces se tenía la mala costumbre de poner motes a todo el mundo. Cualquier ocurrencia del gracioso de turno sobre tu cabeza, tu forma de andar o tu manera de jugar al fútbol, valía con tal de cambiarle a uno su nombre de pila. ¡Qué cosas!.....Lo mejor era no hacer caso y el paso del tiempo se encargaba de olvidar aquellas agudezas verbales. José Mª no era del pueblo y eso era motivo “más que suficiente” para burlarse de él. Las continuas burlas a veces generaban peleas que no siempre acababan bien. En esta casa vivió Gaudioso Barrera con su esposa María y sus dos hijos (uno de ellos José Luis). Gaudioso fue el contratista que hizo la actual Parroquia de San Andrés entre los años 1962 - 1966. Era de Arroyo de la Luz (Cáceres). 

Lindantes con la Paula, en el nº 20, vivían “los Estradas”. Arcadia y Francisco tuvieron - – creo – dieciocho hijos de los cuáles vivieron trece. Él era minero, muy delgado, con gafas de infinitas dioptrías. Recuerdo que Carmen era la hija mayor y yo la confundía con la madre de sus hermanos. Marcos, Paco, Juan, Pepe, Arcadita, Luis, etc…..Mi memoria guarda la imagen de buena gente, dignos, trabajadores y honrados. Entre los padres y los hermanos mayores procuraban mantener a raya a los más pequeños. Desde luego era importante no pelearse con ninguno……pues ante alguna emergencia empezaban a salir “Estradas” por todas partes. Esta casa sería ocupada con el tiempo por la familia de Rafael Castillo

En las esquinas, mirando ya a la carretera de Pozoblanco, a la derecha en el 22 nos encontrábamos con la familia Moraño – Rubio, Ana y Griseldo. Tuvieron dos hijos: Paco era compañero en la escuela, buena gente. Le encantaba jugar de portero en los partidos de fútbol. Su hermana era Conchi. Griseldo creo que trabajó en las minas y era un hombre especialmente habilidoso construyendo maquetas de madera. Quiero recordar una preciosa catedral de casi un metro de altura que hacía con una navajita y alguna lima.

A la esquina opuesta, al nº 21, se trasladó desde el nº 14, María “la taruga” y sus cuatro hijos. Luego la casa fue para Rafael López Fernández casado con Pepita “la de Saturio”. Rafael era hijo de Arsenio, buen zapatero con quién me pasaba las horas muertas viéndolo trabajar, y Pepita hija de Saturio, simpático personaje conocido en todo el pueblo por sus buenos golpes y su entrañable droguería. Rafael y Pepita tuvieron seis hijos: Mª Paz, Rafael, Ana Mari, Pepi, Juan Carlos y Jorge.

Las dos casas finales eran iguales en metros cuadrados a todas las demás pero por fuera tenían una especie de porche con cuatro arcos, dos de ellos – que daban a la calle S Isidro, estaban muy tapados con una especie de celosía de ladrillos. Luego había dos arcos diáfanos que cerraban el porche, con barandillas, de entrada a la casa.

            No puedo terminar estos comentarios sin recordar que “la calle de Regiones” tenía su propio equipo de fútbol y jugábamos contra los equipos de otras calles. La rivalidad era total. Antes de Semana Santa hacíamos una “especie de banda de música” con latas grandes de conservas como tambores amarradas a la cintura. Dos palos hacían de palillos y con la mano en la boca simulábamos las trompetas. Aparte de los juegos al trompo, bolindres, cartuchos, chapas de cerveza / refrescos, cartones, a la bola, pingané, tirachinas, pídola, esconder,……Lo pasábamos verdaderamente bien. Ser de una calle te daba una identidad en el resto del pueblo……”los de Regiones”.

Nota: quiero destacar la ayuda prestada por Rafaela Sanchez Navarro. Sin su colaboración estas líneas hubiera estado incompletas.




[1] El color rojizo de debía a tierra procedente de las minas de Cantos Blancos. Se echaba en la calle para tapar sus baches y desniveles. Pido disculpas a D. Antonio Machado por iniciar estas líneas con sus mismas palabras.
[2] En el Diccionario de español, María Moliner, lo define como un juego de muchachos muy conocido en todas partes que consiste en saltar por encima de uno encorvado con los codos sobre las rodillas, que se llama burro. Más datos en: http://www.efdeportes.com/efd140/el-salto-de-pidola-en-el-correo-postal.htm
[3] Dícese de la parte dura de la hogaza de pan.
[5] Litines: Litines en realidad es un neologismo en la lengua castellana que proviene de los Lithinés del Dr. Gustin, que se vendieron profusamente en España en la primera mitad del s. XX. Estos sobres se utilizaban para conseguir un agua alcalina y con alto contenido en litio, elemento al que se le atribuían beneficiosas propiedades en la curación de distintas enfermedades. A finales del s. XIX y comienzos del XX, perdieron su carácter farmacéutico y empezaron a ser ofrecidas en  droguerías y tiendas de comestibles como una alternativa barata y rápida de un refresco, en unos años en los que estas bebidas todavía no estaban incluidas en la dieta habitual de los españoles.