miércoles, 15 de mayo de 2019

Entrevista a Ani Fernández Caballero

2006 09 11 Ani: Labores de costura
            Es primero de mayo. Luce el sol. Media mañana. Estamos en la calle Real. Ani, con sencillez, nos recibe en su casa vestida de hospitalidad. Su mirada es directa y transparenta una cálida bienvenida. Con una amplia sonrisa manifiesta su indiscutible disposición para el diálogo. La penumbra de la entrada no impide ver que los adornos y el suelo de la casa brillen como astros: casi tililan. La casa rezuma limpieza por sus cuatro costados. Una salita, coqueta y acogedora, tras la cancela, es el escenario elegido para compartir un rato que promete. Ani y Cati tienen muchas cosas que contar.
Los padres
            Mis padres fueron Eleuteria Caballero Rodríguez y Miguel Fernández Pedrajas. Vidal era una especie de sobrenombre, un apodo cariñoso que mi padre aceptaba con gusto. Se casaron sobre 1939 – 40. Suponemos que más o menos al acabarse la guerra civil. Cati, la hermana mayor, nació en 1941. “Mi madre tenía 22 años cuando se casó”, nos asegura.
            Fueron de viaje de novios a la Sierra, al “Cortijo de los Tamojosos”, que eran familia. “Mi madre se casó de negro: tenía luto por su madre”. Mis padres contaban que tuvieron algo de miedo pues por esas fechas, como consecuencia de la guerra, había hombres armados escondidos por el campo. Además, en el cortijo, aparte de la soledad no tenían luz. Pero vamos…..a mis padres no les pasó nada.
            Tuvieron seis hijos: Cati, Virtudes, Manuel, Ani, Pepe y Mª Ángeles. Manuel murió muy niño.

Sobre su madre:
            Eleuteria, mujer generosa, hogareña y tranquila se dedicó siempre al trabajo de la casa. Organizar la vida de nueve personas no fue tarea fácil. Buena administradora en unos tiempos en los que no faltaba pero tampoco sobraba. La matanza de tres cerdos cada año era una excelente ayuda para la economía familiar. Calificada como buena cocinera, a veces hacía hasta el pan. También preparaba dulces caseros para las fiestas, sobre todo para Navidad, San Sebastián, etc… A veces contaba con la ayuda de Josefa, madre de “Mari la de la tienda”, casada luego con Antonio Lisedas.
            El pan, hecho en casa, lo llevaban en tableros sostenidos en la cabeza con la protección de “la roilla” a la panadería de “Suave”, que estaba donde hoy vive Miguel Santos. Allí lo cocían. De vez en cuando también llevaban tortas de aceite.
            Ani recuerda que cuando nació su hermano Pepe, su madre no lo podía criar. No sabe cómo Florián, el Alcalde, podía disponer de leche condensada para criar a su hijo Rafael. Entonces Manuela, esposa de Florián, le pasaba latas de leche condensada para poder alimentar bien a su hijo Pepe.

Sobre su padre
            Ani comienza diciendo que el primer trabajo de su padre lo tuvo cuando cumplió los diez años: su abuelo, padre de Vidal, se comprometió a llevar una mula a Córdoba y se lo encargó a su hijo. No tuvo más remedio que ir. Hizo noche en Cerro Muriano. Conocidos de la familia lo quisieron colocar en Córdoba, pero su padre no quiso.
            Su abuelo paterno tenía un bar en la calle Jesús y por él pasaban carpinteros de Añora y de Villanueva del Duque para convidarse. Seguramente, continúa, que mi abuelo les comentaría algo de mi padre y acordaron que se fuera a Añora para aprender el oficio. Estuvo con uno que le decían el “Cuatro Mulas”. También pasó una temporada formándose en Villanueva del Duque.
            Su primera carpintería la puso en la calle de la Fuente “en los portones de Domingo”, padre de Encarna, Rafael y Pablo. La segunda estuvo en la calle Jesús y la tercera en la calle Queipo de Llano, hoy Real nº 15. Ana explica que esta última era un gran solar. Lo recogió de aguas y la carpintería funcionó allí durante diez o doce años. Estamos hablando de principios de los sesenta.
Nietos de Vidal en su carpintería: José Miguel, Miguel Ángel y Fernando
(de izquierda a derecha) 20.08.1988
            Pocos años después empezaron a fabricarse carros de hierro lo que supuso un auge de lo metálico en detrimento de la madera; Vidal siguió arreglando los carros de madera que quedaron y montó una serradora: cortaba maderas a medida para sus clientes. Lo estuvo haciendo alrededor de quince años. La serradora se instaló en el patio de atrás y en la parte de delante estuvo el taller hasta que hicieron la casa.
            Sus herramientas las tenemos todas guardadas en cajas: cepillos, sierras, gubias, escoplos, martillos,…dos o tres cosas las recogió José Merchán. Puestos al habla con él nos informa que las regaló.
            Vidal siempre fue carpintero. En la Primera Feria Provincial de Mayores, celebrada en Alcaracejos el 2009, le dieron un homenaje al nombrarlo el mayor del pueblo por sus 98 años. En el mismo acto el cantante almeriense, Manolo Escobar (1931 – 2013), recibió el reconocimiento de la feria por su trayectoria, aunque sólo cantó tres fragmentos de sus coplas. Otra protagonista de la jornada fue Josefa Blasa Sánchez, que a sus 101 años viajó desde Añora para recibir el título de “la mayor de nuestros mayores”[1].
2009: Homenaje a Vidal
            Miguel – Vidal – murió en el 2010 a la edad de 99 años.

Háblanos de la casa dónde naciste:
            Mi nacimiento tuvo lugar pocos años antes de la mitad del siglo pasado. Mis padres vivían en una casa en la calle Sol muy próxima al actual grupo escolar. Tenía cinco dormitorios y una cocina muy grande donde se hacía la vida. Al fondo, a la izquierda, estaban las cuadras. Tenía como tres patios. Uno era una especie de gran corralón donde estaba el pajar, los comederos de los mulos, la zahúrda, un apartado para las gallinas, etc…Junto a la puerta de la calle estaban los portones, una segunda entrada por donde mi tío Ambrosio, hermano de mi madre que vivía con nosotros, metía el carro y los animales. Se comunicaba con la casa por detrás. Por supuesto que no había cuarto de baño.
Ambrosio Caballero Rguez,
 tio de Ani
            La casa fue mejorando con pequeñas obras: recuerdo que mis padres hicieron una cocinilla para mayor comodidad.
            Ani comenta que desde su casa, al Este, veía la huerta de Sinforiano, ahora colegios, y le daba miedo de la luna. Hacía el Oeste, la imagen del perfil de la vieja iglesia – rota y hundida – la sobrecogía.

Vecinas de la calle Sol
            Entrañable era la abuela Dionisia, viuda, con tres o cuatro hijos que tenían fama de pertenecer a la izquierda radical. A pesar de esto, Ani cuenta que avisaron a su tío Ambrosio de que iban a por él y este estuvo escondido tres días en la galería de un pozo de medianería: suministraba agua a la abuela Dionisia y a los abuelos de Ani.
            Enfrente vivía Eloisa, muy buena mujer y muy amiga de su madre.
            La familia de la abuela Tomasa estaba relacionada con la manufactura de sogas, esterillos, serones, etc….utilizaban el esparto y el cáñamo. Era gente que procedía de la Mancha. Se compraron una casa y se quedaron a vivir.

Sus primeras amigas
            Mis primeras amigas fueron Ascensión Caballero (hija de Josefa y Rafael); Pepi Fernández (hija de Josefa y de Miguel. Miguel trabajaba en el Ayuntamiento); Manoli Rísquez (Hija de Manuela y de Florián, que fue Alcalde); Casimira Salado que se fue a Barcelona; Dami Ranchal que trabajó en Telefónica, etc…Jugábamos a las casitas, pero también nos gustaba salir a enredar fuera de las casas: íbamos al Calvario a jugar a la pelota o pasear por la carretera de Pozoblanco por la que, entonces, no pasaban coches. Cualquier sitio era bueno para jugar a balón prisionero, al truque, al corro, llamábamos a las puertas, etc… A veces metíamos guindillas dentro de una lata con ascuas y la poníamos dentro de las casas… la gente empezaba a toser y nosotros … ¡¡ a correr!!
            Las ruinas de la Iglesia vieja era un sitio estupendo de juego: allí hacían “morcilla” con ladrillos rojizos molidos y correteaban entre sus muros caídos. Con tozos de yeso de imágenes rotas, seguramente ángeles, pintaban el truque en el suelo.
            El día de San Sebastián lo recuerda especialmente pues se subía al Santo para comerse el hornazo y se jugaba toda la tarde[2]. Aprovechando el desnivel del cerro “se jugaba en los terraplenes de la ermita y en los de la cuesta. El que la debe se pone abajo y los demás, arriba. El que la debe dice: Subid arriba. Los demás contestan: Arriba estamos. Bajad abajo. Todos: No queremos. Ahora veremos. Va hacia arriba para tratar de topar a alguien, mientras los demás han de tratar de bajar abajo y subir otra vez para salvarse. Si en el recorrido es tocado por el que la debe, pasará él a deberla”. (Literal del libro de J. López Navarrete).
            Otra canción muy frecuente para jugar al corro era la de “Tres Marías van por agua”[3].

Regalos de Reyes
            Su preferido fue un muñeco grande de cartón que consiguió con los vales que les daban en la Catequesis. Los reunían durante semanas y meses y para Reyes los podían canjear por regalitos. Su hermana Virtudes le cosía ropa para el muñeco. Ani y sus hermanos tenían carteras, cuadernos, plumieres, lápices de colores, …, pero para muñecos y juguetes no había. El trabajo de su padre no daba para tanto. A veces los regalos de Reyes eran perrunas y mandarinas.

Anécdota por los Inocentes
    Felipe "Fachenda" venía con frecuencia al taller de su padre, Vidal, para jugar con su hermano Pepe. Un día de diciembre, el 28, las muchachas metimos en un saco una maza de un carro (parte central de la rueda donde encajan los radios y el eje). Lo convencieron para que cargara el saco y llevarlo desde la C/ Jesús al taller, situado en la antigua calle Queipo de Llano. La maza era de madera maciza y bastante pesada, sobre todo para un niño. Cuando se dio cuenta fue demasiado tarde. Era el día de los inocentes. Pilló un cabreo tremendo después de haber trasladado, para nada, una carga inútil y fastidiosa.

Recuerdo antiguo de su época
            Pregunto a Ani por un recuerdo antiguo de Alcaracejos y me sorprende hablándome de una enorme piedra (afloramiento granítico) que había en la puerta de la Eleuteria. Si nos situamos en el Museo de la Matanza, calle Capitán Ferrer Morales, y vamos hacia la Residencia de ancianos, en la esquina, enfrente del nº 7, había un gran pedrusco a flor de calle que formaba parte del muro de la casa y entraba en la habitación. (Coordenadas UTM 38.386933, - 4.967952). Para Ani y sus amigas esa piedra era un lugar especial por el que se deslizaban a modo de rampa natural. ¡Una delicia!
            Su edificio preferido siempre fue el Cuartel de la Guardia Civil. Le encanta.

Maestras
            Dice tener buenos recuerdos de la Señorita Mª Luisa. Pilar Espinosa le dio clase muy poco tiempo y de Dª Mª Sánchez tiene la imagen de buena maestra pero muy exigente. “De mayorcita, me molestaba muchísimo que alguna maestra mostrara públicamente sus preferencias por alguna niña que destacaba más”, continúa diciendo Ani.
            En invierno la escuela resultaba un poco triste, pues aparte del frio tenía miedo de las tormentas.

Inocentada
            Felipe (Fachenda) venía con bastante frecuencia al taller de Vidal para jugar con su hijo Pepe. Entonces las muchachas, entre ellas Ani, metieron en un saco una maza de un carro que era muy pesada. Se la cargaron al hombro y, aprovechando que iba para allá, le pidieron que la llevara desde la calle Jesús al taller, en la calle Queipo de Llano. Era el día de los inocentes. Cuando se dio cuenta se cabreó muchísimo. Se le pasó pronto. Eran bromas sin malicia, propias de la época.

La plaza
            Era un lugar muy frecuentado por muchachos y muchachas. En ella dábamos vueltas andando o nos sentábamos en los bancos. Sobre todo con el buen tiempo había mucha animación. En el kiosko de la Herminia, hija de la Marcelina, vendían algunas chuches aunque casi nadie tenía dinero para comprar. El Ayuntamiento puso un jardinero nombrado Fernando. El hombre era muy enfadón y se peleaba mucho con toda la chiquillería. Las muchachas le cantaban una canción que decía[4]:
En la plaza Alcaracejos ya no se puede jugar (bis)
Porque están los boneteros (tris)
Y se rompen al pasar.

            Otra letra, con la misma música, que podemos aplicar a otros pueblos, era:
Al entrar en Alcaracejos lo primero que se ve (bis)
Son las ventanas abiertas (tris)
Y las camas sin hacer.

            Comenta Ani que, en los bancos de la plaza, con Victorita Mengual, Anita Higuera – su prima – Ascensión, etc… interpretaban canciones del Dúo Dinámico y se reían muchísimo ante unas horrorosas imitaciones.

Algunas tradiciones
            Por San Isidro lo normal era la feria y la procesión. Ahora hacen verbena.
Sobre “las Enramadas” comenta que, aparte de alguna barbaridad sufrida, …un año le pusieron un ramo de flores con una cinta verde esperanza. Fue algo muy bonito pero no sabe quién lo hizo o, al menos, no nos lo quiere decir.
            Por San Diego se apoyaba en sus hermanas mayores para salir y después del chocolate y las gachas hacían baile y echaban un rato de risas.
            En Navidad iban por las casa cantando: “Se canta o se reza”. La gente les daba algún dinerillo y también dulces caseros. En la iglesia había un coro para cantar en las misas y también villancicos.

Ani, peluquera
            Con 17 años, en 1964, Ani – de acuerdo con sus padres – decide trasladarse a Córdoba para formarse como peluquera en una academia situada en la calle Leiva Aguilar, hoy D.P. 14003, muy cerca del Centro de Peluquería y Estética “Oscus”.
            Ani vivía sola en un piso, en la barriada de Las Margaritas. Su dueña era la Sra. Amparo, tía de Galán, marido de Mª de la Fe. El camino entre la academia y su casa lo hacía andando pasando por la Trinidad, Paseo de la Victoria, jardines de Los Patos, paso a nivel de las Margaritas y su casa: una hora larga entre ir y venir.
Academia en Córdoba: Ani con sus compañeros de curso
            Recuerda que una señora que iba a arreglarse a la academia, el día de su santo invitaba a todos los alumnos a tapas y bebidas.
El curso tuvo una duración de seis meses. Al terminar se hicieron una entrañable foto de todos los alumnos con la profesora. Se vino al pueblo y puso su Peluquería. En la academia le averiguaron todo el material y le enviaban representantes de todos los productos que pudiera necesitar. Entonces, por el corte de pelo de una señora se cobraban 10 pesetas, 6 céntimos € en la actualidad.
            Por su peluquería pasaron D. Manuel Cantador, párroco y D. Vicente, médico en el pueblo que era natural de Villaralto. La foto de Ani pelando a su sobrino Antonio Emilio (1982 -83) es un precioso recuerdo.

            Ani arregló a casi todas las novias del pueblo y todas la invitaban a la boda. Se rieron muchísimo vistiendo de novia y peinando a la “Fefi” (Josefa), mujer muy tremendona. Como profesional le temía mucho a los moños, le daba coraje hacerlos. Nunca arregló un cadáver.
            Toda su vida laboral la ha dedicado a “poner guapa a la gente”. Asegura que ha vivido de la peluquería y, sin lujos, ha vivido bien trabajando mucho. Al principio entregaba el dinero a sus padres.

Actividades de Ani
            Ana ha sido y es una persona muy activa, participando en montones de cosas a lo largo de su vida en Alcaracejos. Entre otras cosas le gusta mucho viajar.
            Se apuntó al Coro Rociero de la Virgen de Guía, para cantar la misa, cuando vino Juan Madrid y lo pasaron divinamente. Compartió voces con Dulce “la de la Posada”, Emilita, Evaristo, Paqui y Luci “las del Control”, Carmen “la del Silo”….
            También pertenece a la Asociación de Amas de Casa de Alcaracejos. Son casi 60 personas. El Ayuntamiento no deja de enviar información para dinamizar e informar a este colectivo.
            Forma parte de un grupo folclórico que todos los jueves se reúnen para bailar y cantar jotas, actuando en el pueblo y fuera de él.

            La segunda parte de la entrevista termina con un reconfortante café, por la tarde. Ani me entrega algunas fotos para acompañar el texto. Agradezco sinceramente su generosidad y colaboración y su personal manera de “hacer pueblo”. ¡Salud y suerte!


Anuncio de Ani en Programa de Feria







[1] Diario CÓRDOBA, 15/06/2009
[2] José López Navarrete cita en su libro “Recopilación de datos sobre Alcaracejos y sus costumbres”, 1988, casi cuarenta juegos para el día de San Sebastián. Págs 81 -89.
[3] Libro de J. López Navarrete, pág 160 – 161.
[4] La música era la misma que la de la canción “Ya se secó el arbolito dónde dormía el pavo real (bis), y ahora dormirá en el suelo (tris), como cualquier animal.