jueves, 18 de julio de 2019

Camino mozárabe en Alcaracejos: Desde el Guadalbarbo al Cuzna

Plano general del recorrido
            Todos los caminos son algo más que una ruta, unos kilómetros por hacer. Todos los caminos tienen una historia, un relato por contar. En ellos están los tratos de comerciantes, los carros de los cosarios, asaltos de bandoleros, las pisadas aborregadas del ganado, las huellas violentas de los guerreros, las marcas del caminante, los vestigios de la tradición, los rezos de los peregrinos, las voces y los silencios de los que pasaron por allí, sus pensamientos, sus sentimientos,….un camino es siempre un baúl alargado lleno de recuerdos y de rincones. En él, los descansaderos se mezclan con fuentes y manantiales; el aroma salvaje y penetrante de algunas plantas se fusiona con los perfiles de lejanas montañas legendarias. Los caminos nos hablan de soledad y compañía a la vez, de palabras colgadas de los árboles y de trinos de pájaros grabados en el viento, de peñascos limados por traseros tratados como asientos. Hay que escuchar con los ojos y ver con los oídos para apreciar la inmensidad de un humilde camino. El hacer caminos nos transforma en ciudadanos de un mundo con encanto, casi mágico, y nos hace mejores. El camino nos habla al son de las pisadas. No todo el mundo puede escucharlo, pero merece la pena intentar compartir ese diálogo.

            Corría el año 2018 cuando explicamos, lo mejor que se pudo, el recorrido que une el río Cuzna y su Molino Horadado con Alcaracejos por el Camino Mozárabe. Este 2019 queremos ilustrar esta ruta desde el Guadalbarbo al Cuzna mostrando algunos datos de interés.
            Venimos de Villaharta[1]. Acabamos de bajar un descenso largo pero no muy pronunciado. Estamos a siete kilómetros de esta villa y a diez del Puerto Calatraveño[2], en plena Calzada Real Soriana: vamos hacia el Norte, atravesamos el Guadalbarbo[3] por el vado de Venta de Arenales, aún en término de Espiel, pero si fuera subido de tono, existe una pasarela 200 metros aguas arriba. Es ahí donde fijamos nuestro punto de salida e iniciamos nuestra narración. El río custodia una vegetación de soto con adelfas, fresnos, álamos, quejigos y tamujos. Unas decenas de metros más y estamos en tierras de Alcaracejos. Las aguas del Guadalbarbo siguen bajando buscando el Guadalquivir hacia nuestra derecha delimitando la frontera sur del término de Alcaracejos mediante unos característicos meandros.
            Seguimos la marcha y, a lo largo de un kilómetro, subimos un gran cerro por medio de un regajo pasando junto al cortijo de la Estanquera o de Felipe. La Cañada está cubierta por monte bajo muy denso y extensos olivares la rodean a más de 600 m de altura.
            Estamos en la Sierra, una Sierra repleta de olivares. Un verdadero tesoro verde y vegetal que sigue siendo fuente considerable de ingresos y que nos retrotrae a tiempos pasados. La cultura del olivar en los Pedroches[4] es casi inabarcable. Quién no ha oído cantar esta jotilla:
“Los amores de la Sierra (bis),
Son amores de fortuna,
Que te quiero y que te adoro
Mientras dure la aceituna”
Y aquella otra letra:
Cogiendo la aceituna se hacen las bodas.
Quién no va a la aceituna no se enamora.
¿Qué tendrán, madre, para cosas de amores,
Los olivares.
            A nuestra izquierda aparece el Cerro del Germo, 647 m., hoy propiedad particular, un cerro característico. En él podemos ver algunas construcciones. Debajo de él, el camino sigue dentro de la Cañada. En lo alto están las ruinas de la Basílica Visigoda del Germo[5] y restos de un monasterio en sus alrededores inmediatos, hoy todo inaccesible sin permiso. El Camino Mozárabe / Cañada Real Soriana es la divisoria de los respectivos términos de Alcaracejos y Espiel, perteneciendo los vestigios citados a este último. Algunos autores, sin buena información han hablado de estas piedras como si fueran de Alcaracejos, pero no es así.     
       Seguimos bordeando el perímetro del cerro y llegamos a una bifurcación: a la derecha se queda el Peñón del Lazarillo con su cortijo y el Arroyo del Musgaño, que baja circunvalando la altura de la Chimorra[6], hacia el NE, con sus 959 metros. Hacia el Sureste, continúa el carril que nos llevará a los Molinos de la Gargantilla, a unos 7 kilómetros. Los peregrinos, siguiendo la señalización se dirigirán hacia la izquierda. Estamos rodeados de inmensos olivares.

            A pocos metros de la desviación, a la izquierda, se abre un sendero en cuesta: es el camino que nos llevaría a las ruinas del Germo. Una hercúlea cancela nos cierra el paso. Los azulejos muestran el nombre de Yasmina Moreno.
            Algo más adelante, oculto en la maleza, en la margen derecha, duermen los restos de un dolmen debajo de una encina. Para verlos hay que salirse del camino. Pepe nos cuenta que fue la mano torpe de una potente máquina la que lo destrozó. Durante siglos estuvo más cerca del camino, pero al parecer molestaba su ensanche y claro ¡lo empujaron! El no tener catalogado nuestro patrimonio permite que este tipo de cosas ocurran y, además, permanezcan impunes. ¡Todo un despropósito!.
            En las inmediaciones del dolmen, siguiendo el camino, a la derecha nos encontramos con La Chimorra de Mancebo. Tras su verja un paisaje profundo en el que se aprecian pinos y olivos. A su entrada hay un enorme peñasco con una flecha amarilla que nos invita a seguir hacia delante. Pepe comenta que, por su forma, podría tratarse de un menhir aunque no tenemos datos que lo certifiquen. Un posible menhir que reposa acostado por el paso del tiempo.
            Estamos en el tramo Camino de las Gitanillas[7], unos 4’5 km, limitados por alambradas, desde la curva del Cerro del Germo hasta el puente del Arroyo del Lorito. Al frente, que es oeste, destacan algunos montes gestionados por Medio Ambiente, entre los términos de Belmez y Espiel, como el Cerro Sordo, la Zarca y el sobresaliente cerro de Peña Crispina. La Cañada por aquí varía entre los 40 - 70 m. de anchura y transcurre entre los 600 - 700 m. de altitud.
            Sin que nos demos cuenta, ante nuestros ojos, tranquilo, cruza un zorro. Atraviesa el camino y se pierde en la maleza del monte bajo. No nos da opción a foto. Nuestros ruidos espantan una urraca de la rama de un árbol. De vez en cuando vemos rabilargos. En el cielo, muy altos, buitres leonados dan vueltas en círculos explorando el terreno. Todos son fauna de la zona. Un privilegio más que habrá que saber cuidar.           
Después de una curva aparece la vasta explanada de Venta Vegas, limitada en su izquierda por una loma del mismo nombre de 693 metros de altura. Toda la terraza es Cordel que durante un gran tramo acoge en su seno al Camino Mozárabe y al cauce del Arroyo del Lorito. Con su omnipresente flecha amarilla, enseguida nos reciben unas ruinas de al menos dos edificaciones: corresponden a una vieja herraduría[8] y una cuadra, o algo parecido, más pequeña. El nombre de Venta Vegas unido a la casa y oficio de un herrador dispara la imaginación y nos hace pensar que aquella extensión habría sido lugar de cambio de caballerías, descanso de viajeros, herraje de caballos, lugar de encuentro de arrieros, etc.

            A la izquierda una bifurcación que no seguimos, justo antes del puente, nos conduciría al Cerro de los Dólmenes, a unos dos kilómetros. Ese cerro, según Pepe nos cuenta, está relacionado con la cultura calcolítica[9], en término de Espiel.
            Cruzamos el viejo puente sobre el Arroyo del Lorito y entonces el Camino, Cañada y corriente giran rotundamente hacia la derecha, hacia el Norte, dejando a la izquierda una carretera terriza que va a salir a la N – 502, al kilómetro 383’800. Hacia arriba, a lo largo de un kilómetro, más o menos, Arroyo, Cañada y Camino avanzarán paralelos, ofreciendo un recorrido con tres personalidades y tres historias distintas, pura oferta de tres en uno.
            Al final de ese paralelismo, el Arroyo del Lorito se desvía hacia la derecha, pero nosotros seguimos recto iniciando el ascenso de unos dos kilómetros de longitud hacia el Puerto Calatraveño (750 m.).
            El camino que se debe seguir ahora no va exactamente por el interior de la Cañada, sino que en determinados lugares la abandona para aprovechar zonas con menor pendiente, quedando siempre a una corta distancia. Las encinas se sustituyen por olivares, lo cual permite ver con claridad la Cañada, respetada por los propietarios colindantes y donde prolifera el monte bajo. Es fácil de ver una franja de arbustos entre tierras de olivar, con frecuencia, cultivadas.   
    A la derecha aparecen lo légamos[10] de la Mina Guillermina[11] y a un par de minutos vemos el yacimiento abandonado de barita, al que se puede acceder por un camino, a la derecha. Justo detrás del edificio del ventorrillo derruido hay un portón.
       El viejo Ventorrillo del Cachorro[12], en palabras y plano de D. José Ventura de 1921, está prácticamente en ruinas. Tiene unas
fotos, pues a pesar de su deterioro desprende cierta belleza. Restos evocadores de viajeros, carruajes, cosarios, comerciantes y ganado. Al lado hay un cortijo con gente todavía y unos perros que avisan pronto de su presencia.
            Seguimos subiendo. El Camino – Cañada sigue paralelo a la carretera N 502. Un carril, a la izquierda, a modo de vía de escape, nos lleva al Puerto Calatraveño con su Serranilla del Marqués de Santillana[13] y el bronce de Aurelio Teno, Monumento Raíces de los Pedroches, inaugurado en 1994. “La escultura representa al “Hombre de los Pedroches”, caracterizado por la fuerza y el vigor, mitad campesino y mitad ganadero. Su cuerpo tiene forma de tronco de encina, elevándose desde la tierra pero, a la vez, aferrándose a ella. Sobre sus manos exhibe el premio que esta le proporciona, fruto de su trabajo y su esfuerzo personal, un trofeo que muestra al mundo mientras su cabeza se vuelve a la tierra que le da vida”[14]. La altura de la escultura constituye un perfecto mirador de la altiplanicie de Los Pedroches. Enfrente, al otro lado de la carretera está la cueva – vivienda de Juan Palomo, bandolero, uno de los siete niños de Écija que estuvo por estos parajes a principios del siglo XIX.
            Volviendo sobre nuestros pasos recuperamos la ruta mozárabe perfectamente señalizada. Obedecemos la señal girando ahora a la izquierda, buscando el Norte. Empezamos el descenso del Calatraveño que hasta el cruce con el Camino de la Falda de la Sierra nos mantendrá ocupados unos dos kilómetros. A nuestra derecha nos acompaña el Arroyo del Puerto. El Camino mozárabe sigue siendo Cañada Real.
     Llegado el momento, bajamos una pendiente considerable muy pedregosa. Al final aparece un pequeño rellano con una desviación a la derecha que nos conducirá al Barranco de la Calera. Los peregrinos deben seguir rectos e inmediatamente, a su derecha, encuentran una casilla reformada, con una sola planta. Se trata de La Molineta. A su derecha, hacia el Este, pasa el Arroyo de las Burras y en su entorno podemos ver las ruinas de la primitiva “molineta”, molino de aceite muy pequeño que da nombre a la zona. Por aquí se aprecian alcornoques, mirtos y pinos piñoneros.
   El camino ahora es suave y a lo largo de él podemos encontrar coscojos (dan bellotas chiquitas), quejigos (forman agallas[15]), aulagas, lentiscos, mirtos (arrayán), madroños, acebuches, retamas, esparragueras, jaras… formando un conjunto natural indescriptible. Avanzando el camino se ven algunas acumulaciones de pinos.
    De pronto nos sorprende un nuevo descansadero, con techo y asientos. Un verdadero lujo. A su lado una fuente de agua potable, gentileza del cortijo vecino, de la familia Cerezo Gálvez, según consta en la placa de agradecimiento de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago - Camino Mozárabe (23 de enero de 2016). Se trata de la Fuente de San Juan, dedicada a Juan Cerezo Gálvez.
    Seguimos bajando y llegamos al cruce del Camino Mozárabe con el Camino de la Falda
          
de la Sierra o de las Cuatro Casillas que hacia su derecha nos lleva a los Olivares de la Aliseda, y Venta de la Maña (Carretera de Pozoblanco a Villaharta) y por su izquierda sale a la Venta Durán, en la N-502. Este camino cruza el término de Alcaracejos de NO a SE.
            Atravesamos esa gran pista y siguiendo por la Cañada Real Soriana – Camino Mozárabe nos encontramos con el Arroyo de la Aljarilla. Más hacia delante, a la derecha, está el Cortijo Carboneras rodeado de su enorme coto de caza mayor y dónde se organizan monterías de ciervos y jabalíes.
            A un kilómetro, más o menos, el camino sigue recto y hacia el Norte para llegar al Cortijo de la Hoyariza y haciendo alguna curva en su trazado llegamos, bajando, al rio Cuzna y al Molino Horadado, punto de conexión con el recorrido que se publicó en el programa de feria del año pasado (2018). Es por tanto nuestra meta final.

López Navarrete, José * Muriel Gomar, Sebastián
Con la ayuda de Lorenzo Pauner Fresquet
Publicado en el Programa de Feria de 2019








[1] Desde Villaharta a Alcaracejos hay unos 35’5 kilómetros por el camino y no existe ningún tipo de alojamiento.
[2] La Cañada Real Soriana – GR-40.- Excma. Diputación Provincial de Córdoba, 2001. Págs 60 – 62.
[3]Teres, E: Materiales para el estudio de la toponimia hispano – árabe.- Nómina fluvial. Tomo I – Madrid, 1986 – pág 323. Dice Covarrubias que este nombre equivale a “Río de los bornes” y Fermín Caballero, “Río de los barbos”. Asin Palacios lo identifica con Wādí – l – Barbar, ‘rio del Bereber’; los traductores de Muqtabas, V, piensan que este Wādí – l – Barbar debe aludir al actual Guadalbarbo, por tanto, habría de interpretarse como ‘Río de los Bereberes‘.
[4] Es de interés el libro “Olivar de los Pedroches (Tradiciones y Folklore)”. Moreno Valero, M., Córdoba, 1987.
[5] Siglo VI. Estilo norteafricano. De planta basilical de 19 x 13m, con tres naves separadas por soportes rectangulares y dos ábsides contrapuestos, que comunica en el lado sur con otra construcción alargada, también de doble ábside que contenía una pila bautismal ovalada. También existía un pórtico lateral en el costado norte. Parece que siguió siendo utilizada después de la invasión árabe. Algunos autores sitúan aquí el monasterio mozárabe de San Justo y Pastor, al que perteneció el monje mártir San Leovigildo, fallecido en Córdoba 20 / 08 / 852.
[6] Carlos Pau Español, importante botánico contemporáneo español, visitó  esta parte de la Sierra Morena cordobesa durante los días 12 al 22 de Mayo de 1920. El resultado de esta corta estancia fue la publicación de un trabajo, “diez días en Sierra Morena”, donde cita 26 taxones raros, de los cuales cuatro eran especies nuevas para la ciencia. En este trabajo, aparte  de los comentarios científicos aparecen otros que nos permiten indagar sobre la situación de esta zona por aquellos años. P.e.: nos habla de la existencia de algunas cuevas y abrigos adaptados a vivienda en la zona sur del término municipal de Pozoblanco y Alcaracejos, en las sierras que ostentan las mayores altitudes de la mitad norte de la provincia de Córdoba.
[7] Diario Córdoba, José Aumente Rubio: “Camino Mozárabe de Villaharta a Alcaracejos I y II” – Marzo –Abril ,2004.
[8] http://adelantobanezano.com/?p=5661 : muy ilustrativo para los amantes de este oficio.
[9] Período prehistórico posterior al Neolítico y anterior a la Edad del Bronce. Se caracteriza por la utilización del cobre en utensilios y armas. Sinónimo de eneolítico.
[10] Cieno, lodo o barro pegajoso procedente de la explotación minera.
[11] En ella se extraía baritina, relleno considerado ganga que acompaña a los filones de plomo y cinc. Pero en el s XX tuvo gran importancia para la industria. Córdoba llegó a ser líder nacional, llegando a extraerse aquí más del 80 % de la producción nacional. En 1984 tenemos el último dato de su producción que fue de 24.750 toneladas. Fue abandonada a finales del s.XX, afectada por la crisis del petróleo. Se pueden apreciar parte de sus instalaciones y en especial el túnel, de varios metros de anchura y altura y con una pendiente del 14 %, por el que los camiones sacaban a la superficie el mineral.
[12] Su imagen trae a colación unas hermosas palabras e Juan Benet (1977): “Cuando veo una casa lujosa no me fijo en ella, no me llama la atención; sin embargo, cuando veo una casa en ruinas, lóbrega, con el jardín destrozado, las tejas rotas y con una cortina vieja sobre la puerta, puedo pasarme horas y horas  preguntándome qué pasó allí, quién la habitó, cómo ha quedado en ese estado y qué puede ocurrir todavía en ella”.
[13] 1370: aunque es hipotético el año, y la noticia hay que recogerla con reservas, por estas fechas, cruzaría el Marqués de Santillana “la vía del Calatraveño” y compondría la deliciosa Serranilla: La Vaquera de la Finojosa. Redondo Guillén, F.: Pozoblanco, Capital de los Pedroches. Edita Ayuntamiento de Pozoblanco, 2002, pag 41.
[15] Las agallas son estructuras de tipo tumoral inducidas por insectos y otros artrópodos, nemátodos, hongos o bacterias. Se trata de la respuesta del vegetal a la presencia del parásito con un crecimiento anómalo de tejido que intenta aislar el ataque o infección.

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