viernes, 14 de agosto de 2026

Germán Santos Caballero: Alcaracejos, 18 de julio 1936

 


El cuarto autor es Germán Santos. Sabemos que Germán fue alcalde en la época de Franco: Oct 1951 - Oct 60. Políticamente, se alineó con la derecha. Yo añadiría con una derecha pragmática. Antepuso su pragmatismo a su ideología conservadora. Su obra, aunque en mi opinión presenta algunas carencias de estilo, aporta datos interesantes sobre el Alcaracejos del inicio de la Guerra Civil. “Mis aventuras en la Guerra Civil Española 1936 -1939” es sobre todo, creo, un relato enfocado en su familia, teniendo por marco Alcaracejos y otros pueblos a los que les condujeron las singulares circunstancias de una guerra entre hermanos. Todos sufrieron. Todos lo pasaron muy mal, pero, como siempre, fue la población civil la gran víctima.

    Germán Santos publica su volumen en 1993, cuando estaba ya de vuelta de muchas cosas y dice que escribe a instancias de “un número considerable de amigos”. Era alcalde el socialista Antonio Mansilla Fernández; Secretaría, Ana García y concejales Antonio Lisedas, Isabel López, Miguel Puerto Sepúlveda, Antonio García Fernández, Antonio RamírezCaballero, Juan Caballero Fernández, Paqui Rodríguez García y José Miguel Santos González (nieto del autor). Cinco concejales del PSOE y cuatro del PP. El ayuntamiento colaboró en la publicación del libro. Desconozco como.

Nota: Me he permitido hacer pequeñas correcciones, mínimas, para mejor comprensión del texto.

En mi opinión, son muy aprovechables algunas ideas que maneja en la introducción – página 7.

-        “Dolor entre hermanos que ocasiona siempre una Guerra Civil”

-        Quiere definir su postura personal entre las dos Españas enfrentadas.

-        Su propósito es la reconciliación.

-        Su suegro, Miguel Ranchal Pedrajas, fue asesinado en la zona republicana. Su tío carnal Manuel Caballero Suárez y su primo hermano Bartolomé Santos Tena, lo fueron en la zona nacional.

-        Quiere hacer de estas muertes un símbolo de confraternización.

Germán habla en primera persona y dice:

ESTALLIDO DE LA GUERRA[1]

Mi afición política al comenzar la Guerra Civil era inexistente, aunque por la preparación que se exigía para prestar el servicio militar “por cuota”[2], me lleva a sospechar que se hacía a la vista de un hipotético conflicto. Mi opinión, en caso de consumarse aquel, se inclinaba por la derecha, a la que emocionalmente pertenecía mi familia. Más que ser de derechas, ocurría que los de izquierdas “nos veían de derechas”.

“El día 18 de julio de 1936 me encontraba en Alcaracejos, porque en el sorteo de cuotas para el reclutamiento del reemplazo de 1935, quedé excedente de cupo. El sorteo se celebró en la Zona de Córdoba, junto a la iglesia de la Trinidad, lugar habitual de los sorteos.

En aquellas fechas, junto a mis hermanos, Bartolomé y Pepe, regentábamos una tienda de tejidos y paquetería, llamada El Paraiso, razón social Viuda de Emilio Santos Rodríguez, de la que era titular mi madre Catalina Caballero Suárez.

El día 19, domingo, después de la misa de doce que celebró el Sr. Cura, don Antonio Caballero Fernández, estaba atendiendo a unos clientes en nuestro establecimiento, sito en la confluencia de la calle Capitán Ferrer Morales con la salida sur de la Plaza del Ayuntamiento[3], cuando observé pasar a una veintena de paisanos con el brazalete de la bandera nacional. Continuaron hacia la Plaza del Ayuntamiento. En este se encontraba la fuerza local de la Guardia Civil. En el pueblo se rumoreaba que habían sido detenidas algunas personas consideradas “izquierdistas”, siendo soltadas poco después. Ese día quedó proclamado el “Estado de Guerra”[4]. La Guardia Civil, secundada por más de sesenta personas de derechas, asumieron la función pública[5].

Un absoluto desconcierto, propio de las circunstancias, reinaba en toda la comarca. La Guardia Civil de Pozoblanco y significativos paisanos derechistas visitaron Alcaracejos y entienden que el pueblo se adscribe a su causa, pero pacíficamente. No obstante, las actitudes de adhesión o repulsa a la emergente deslealtad van tomando cuerpo, sobre todo después de producirse unos gritos de ¡Viva la Guardia Civil!

Mónica Jurado Gutiérrez, madre de un guardia civil, abrió una ventana de su casa situada en la calle del Padrón para curiosear un poco. En ese momento, la Guardia Civil, temerosa ante cualquier agresión inoportuna, hizo fuego con tan mala fortuna que hirieron de muerte a la mujer. La señora Mónica fue la primera víctima de la Guerra Civil en Alcaracejos.

             En el pueblo se habla de la inminente llegada de milicias populares procedentes de Espiel: tratan de restablecer el poder civil apoyándose en vecinos de izquierdas. La Guardia Civil se ha replegado. A las cinco de la tarde del 27 de julio se produce la anunciada ocupación y detienen a unas cincuenta personas de derechas. Horas después, procedentes de Pozoblanco y en dirección a Villanueva del Duque, pasan por Alcaracejos varios camiones de la Guardia Civil. Entran en el pueblo y liberan a los detenidos. La Guardia Civil recupera el poder. En el tiroteo que acompañó a estos hechos no se produjo ninguna muerte.

             El pueblo permanece en estas circunstancias, hasta que el día 15 de agosto, la Guardia Civil de Pozoblanco —donde estaban concentradas las tropas del resto de Los Pedroches por la causa nacional— se rinden al Frente Popular. A esta rendición se añadieron los ciudadanos que optaron por apoyar a la Guardia Civil.

             El día 16 18 de agosto escaparon y trataron de llegar a sus domicilios, tanto en Pozoblanco como en los pueblos de donde procedían. Uno de Alcaracejos cayó muerto en la represalia[6]: se trataba del hermano del cura párroco, don Antonio.

Por otra parte, el que habría de ser mi padre político (suegro), Miguel Ranchal Pedrajas, había estado en Pozoblanco. En lugar de venir al pueblo, se dirigió a una finca de su propiedad, refugiándose en un chozo, al lado de la huerta Moya. Allí fue encontrado por las milicias populares: hicieron fuego sobre[7] él dentro del mismo chozo, donde murió. El día 17 de agosto visité al alcalde con el objeto de iniciar los trámites para sepultar al cadáver. Un municipal me acompañó a casa del juez, el cual se negó a abrir la puerta, dado lo avanzado de la noche.

Tras identificarme y recoger la nota del municipal, autorizó el traslado al cementerio. Tuve que comprar líquido desinfectante y repulsivos para la manipulación del cuerpo, descompuesto, después de día y medio expuesto al sol estival y proceder a su enterramiento, llevado a cabo por el enterrador y mi cuñado Andrés Ranchal.

El día 19 de agosto me comunican que debo presentarme en el domicilio del alcalde. Se me aconseja que mi cuñado Andrés Ranchal no salga para nada de su casa, en prevención de que pueda ocurrirle algo desagradable. Al parecer, había rumores de que Andrés había dicho que tenía que vengar a su padre. A mí se me hacía responsable de lo que pudiera ocurrir. Inmediatamente -sin esperar a mi visita diaria a mi novia Paula- comuniqué a Andrés “el consejo” y la responsabilidad que yo adquiría. Andrés me prometió que no daría motivos y que no había dicho nada de venganza ni cosa parecida. El Comité Local dispuso que Andrés se tenía que trasladar a la Sierra a fin de colaborar en “los esfuerzos colectivos”. Veo al alcalde, le explico la situación de Andrés y accede a que termine su confinamiento, aunque me advierte de que sigo siendo su tutor responsable.

El 25 de agosto notifican a Andrés que se presente a las nueve de la mañana. Debe salir con su yunta para la Sierra y colaborar con los demás para traer el aceite de la almazara del término. Andrés se mostró más complacido con el trabajo que con permanecer retenido en su domicilio, aunque su comportamiento era prudente y cauteloso. Terminada la traída del aceite, yunta y dueño continuaron a disposición del Comité Local.

Partida de Alcaracejos hacia Villaralto[8]

El día 8 de octubre, siguiendo la orden del Comité Local de Alcaracejos salimos para Villaralto, que era donde se nos asignó la residencia hasta que no se consolidara la ocupación de Alcaracejos con fuerzas republicanas. Se trataba de evitar, a toda costa que los nacionalistas tuvieran apoyo civil de algunos vecinos del pueblo. Esa preocupación por alejarnos de Alcaracejos, facilitó el saqueo de casas y propiedades de las familias de derechas.

Llegados a Villaralto nos indican que tenemos que seguir hasta Santa Eufemia, donde a su vez nos ordenan que debemos continuar hasta Guadalmez. Santa Eufemia está saturada de refugiados y no puede admitir a nadie más. En nuestro éxodo fuimos dirigidos por el comité local de Alcaracejos, el cual había requisado el ganado para atender nuestras necesidades. Había un encargado que administraba la distribución de víveres y también atendía otras necesidades. En Guadalmez nos dieron alojamiento -en la Plaza del Ayuntamiento- unos familiares del sastre del pueblo, procedentes de Peñalsordo. Nos instalaron en su propio domicilio, en una cámara de la primera planta que acomodaron y limpiaron. Nunca olvidaré que nos trataron de maravilla.

             El 25 de octubre se conoció un bando del alcalde dirigido a los evacuados. En él se comunicaba que, quien estuviera en edad militar, debería enrolarse voluntariamente para defender a España de la sublevación de Franco.

La huida a Cabeza del Buey[9]

El bando era una advertencia clara: de no acudir voluntariamente, te reclutarían por la fuerza en el lado republicano. Aprovechando el desconcierto generalizado, tomamos la decisión de abandonar la “condición de evacuados” y, tentando a la suerte, convertirnos en “huidos”.

El día 26 de octubre, sobre las tres de la madrugada, salimos de Guadalmez en dirección a Cabeza del Buey. Allí se encontraba mi hermano Bartolomé con su esposa Manuela. Tuvimos suerte de no ser vistos. De haberlo sido, las consecuencias no hubieran sido buenas: íbamos tres varones en edad de ser militarizados. A las sanciones del incumplimiento se hubiera unido la pena de dejar sola a la familia, donde uno pasaba de 70 años y había enfermos.

El viaje de Guadalmez a Cabeza del Buey fue lento y penoso debido a carreteras en muy mal estado y estar asustados permanentemente. Casualmente, al dar un mal paso, me accidenté el pie derecho el cual tardó diez días en ponerse bien. En Cabeza del Buey, gracias a Dios, nos alojaron en una casa muy amplia, vivienda de mi hermano, unas siete habitaciones y servicios. Tuvimos la oportunidad de asearnos -falta nos hacía- y descansar. Yo me dediqué a ayudar a mi hermano en la tienda que regentaba. Haber vuelto a la venta el 30 de octubre me resultó un espejismo.

Llevábamos tres días en Cabeza del Buey cuando se hizo público otro bando en el que se obligaba a todos los varones en edad militar a presentarnos en la oficina de reclutamiento para formar un batallón y enviarnos al frente. Ante la severidad del bando acudimos a la oficina de reclutamiento, en la calle de la Cruz. En su puerta nos encontramos unos cuatrocientos varones en edad militar. Muchos éramos evacuados de distintas procedencias y circunstancias. Las condiciones reales eran que quedábamos alistados como voluntarios. Se montó una gran protesta y un escándalo mayúsculo. Para sofocarlo se acercaron milicianos de la estación de Almorchón para no ser fichados ni por los manifestantes ni por las autoridades de Cabeza del Buey. Nos retiramos a nuestros respectivos domicilios pues la protesta podría tomarse como un desplante y una sublevación. Estas circunstancias y el comienzo de los fusilamientos y asesinatos nos obligaba a estar escondidos permanentemente. Las fatalidades continúan. En el entorno familiar, son fusilados el suegro de mi hermano Bartolomé y su hijo: el cargo más significativo era haber regentado el casino de los ricos. Todo esto debilitó de nuevo nuestra moral y continuamos invisibles y escondidos.

             Los fusilamientos de derechistas siguieron sin ser juzgados ni presentados cargos. Contamos unos diez días de peligro y susto generalizados.

             Cuando creímos pasado el peligro, tratamos de volver a Alcaracejos. La expedición estaría constituida por la familia de mi novia y yo. Utilizamos el carro arrastrado por la yunta de Andrés. Al no saber cómo podríamos escapar de Cabeza del Buey, pensamos salir de madrugada tomando las calles menos alumbradas y sin hacer ruido. Iríamos por Belalcázar, Hinojosa del Duque, Fuente la Lancha, Villanueva del Duque y Alcaracejos. No tuvimos ningún encuentro adverso, a pesar de que entre Belalcázar e Hinojosa un camión atropelló a una de las mulas. A la familia no le pasó nada. Enterramos al mulo y enganchamos el de repuesto. De nuevo en Alcaracejos, prestaciones a la retaguardia del ejército republicano.

             Como suponíamos la tienda había sido saqueada. Las puertas estaban en muy malas condiciones. Visitamos la parte del inmueble donde dejamos escondidas las existencias de mayor calidad. No encontramos nada de lo escondido, ni los trajes de caballero, ni las piezas de pana de la España Industrial, ni las piezas de sábanas de la viuda de Torrás. Hecha a conciencia una limpieza general, con artículos traídos de Cabeza del Buey, surtimos la tienda antes vacía. ¡A vender!

La comisión de agricultura de la República confeccionó unos vales para atender a evacuados. Estos vales sustituían al dinero y teníamos la obligación de atenderlos. Jamás se cobraron. Nos hicimos a la idea de que g. a. D. estábamos vivos y no reclamamos nada.

En septiembre de 1936 se me avisa que debo ir a tupir paja a uno de los pajares del comité, propietario de todo. No llegué a ir porque hubo un movimiento de tropas nacionales en el Puerto Calatraveño[10]. Ante la previsión de un ataque, nos enviaron a hacer trincheras con picos y palas. Estuve en un cerro que da vista al río Guadalbarbo, en una finca de don Eufemio Moreno, médico. El segundo día de cavar trincheras, a un kilómetro de distancia en línea recta llegando al río, divisamos la caballería mora que estaba haciendo una descubierta[11].

Nuestros “mandos” nos hicieron aguantar su presencia a pesar de la corta distancia. Por fortuna, la partida de la descubierta regresó a sus posiciones.

En esas estábamos cuando recibí una comunicación de un familiar, mi tío Manuel Caballero Suárez. Tenía que presentarme en el juzgado y se me eximía de ir a las trincheras. Pensé en algo malo para mí, pero fui llamado porque había ocurrido un robo de ropa interior y, como entendido, debía valorar los artículos robados. Así pasé de las trincheras al peritaje. El robo, en una casa de izquierdas, consistía en prendas de una novia que iba a desposarse. Cogieron a los ladrones con las prendas y como se trataba de muchas, no me di ninguna prisa en valorarlas: o peritaje o pico y pala.

De nuevo en la tienda familiar llegaron algunos miembros de las juventudes socialistas y me pidieron que les enseñara algunas piezas de crepón de color rojo para confeccionar camisas. Así lo hice. Todos se despacharon a su gusto. Al irse me dijeron que ya lo pagarían: jamás vimos el dinero.

Una mañana, al abrir la tienda, llegó un señor preguntando por trajes de caballero. Escogió uno de los mejores. No preguntó el precio. Me dijo: “UHP pagará”. Me quedé de una pieza por esa manera de comprar. Se lo comuniqué a mi tío, Manuel Caballero. El cliente presentó algunas excusas, pero no pagó. Creía que todo lo que había en la tienda era para todos, menos para los dueños.

Páginas 26 y 27

“En febrero de 1937 llegó a Alcaracejos una columna de milicianos que vestían trajes de pana. El mismo día que llegaron, lo primero que hicieron fue visitar tiendas. Nada más llegar a mi establecimiento, uno de los que tenían más mando me pide que le saque la pana que tengo, pero que sea de buena calidad. Así lo hago y se la presento en el mostrador. Al comprobar que era de la mejor calidad que había, me preguntaron por el número de piezas. Les dije que una o dos. Entonces me exigieron que se las entregara todas, aclarándome que lo pasaría muy mal si escondía alguna. Se convencieron de que no disponía de más existencias y se despidieron diciendo que ya me pagarían.

Al rato, por medio de un miliciano llamado “el moreno de Santa Eufemia”, me llama el Comité Local. Me dice que lo debo acompañar a la que fue casa del señor cura Párroco, entonces en prisión al lado de la Iglesia[12].

En aquellos tiempos existía una iglesia que fue destruida por la aviación nacional[13], al estar ocupada por un batallón de milicianos.

Germán continua: paso a una habitación donde se encontraba parte del Comité Local. Me piden que diga la verdad. Insisten en que diga la verdad porque tienen una denuncia contra mí de uno de los detenidos que se encuentran en la cárcel, situada al lado del Ayuntamiento. Se me acusó de haber estado en el Cuartel de la Guardia Civil “prestando servicio” con los sublevados. Nada de esto era verdad, así que les contesté que la acusación no era cierta. Al decirme el nombre del denunciante, manifesté que lo conocía por el nombre, pero no por haberlo visto. Les exijo que me digan la hora. Al detallarme horas falsas pude demostrar, con facilidad, que estuve en casa de mi novia. Quedé absuelto.

Mientras me estaban interrogando vi pasar a otro miliciano con mi hermano Pepe. Lo condujo a la sacristía, lugar donde recibían a todos los detenidos para tomarle declaración. Un familiar, de izquierdas, se dio cuenta de que nos detenían a los dos hermanos en la iglesia. No tardó en llegar a la casa del cura. Se enfrentó a los del Comité y exigió nuestra puesta en libertad pues “sabía de buena tinta” que no éramos culpables de nada. Nos acompañó a la salida y así finalizó este episodio que pudo tener graves consecuencias.

Nota resumen sobre el edificio parroquial y casa rectoral: Gracias a estas líneas de Germán Santos podemos concluir que el templo parroquial de San Andrés fue destruido por la aviación de los nacionales, que la Casa Rectoral se utilizó de prisión y que a los detenidos se les tomaba declaración en la sacristía.

Nueva historia: el casamiento en Alcaracejos

Un miembro del Comité quería instalarse en casa de mis suegros y echarlos fuera del pueblo. El mismo familiar nuestro, de izquierdas, conocedor de nuestros deseos de casarnos lo más pronto posible por tener la idea de pasarnos a zona nacional, me propone que nos casemos enseguida para hacer ver que necesitamos la casa.

Iniciamos los trámites comunicándoselo al juez, cargo que también desempeñó con la dictadura del general Primo de Rivera. Al ser Sandalio Caballero familiar de mi suegra, aceptó que la ceremonia se celebrara en casa de mis suegros, a pesar de que lo oficial era casarse en el juzgado. Para los republicanos, obligar a la gente a casarse en el juzgado, era una victoria y una fiesta que celebraban con cierta exageración. Al no disponer de Iglesia, el juzgado era la única opción. Nos casamos, en la intimidad y por lo civil —no había cura en zona republicana— el 21 de enero de 1937. Al enterarse los más revoltosos del pueblo de que nos habíamos casado en un domicilio particular, hicieron comentarios de todo tipo, centrando sus insultos e infamias en el mencionado juez. De no haber sido por la decisiva intervención de uno de sus jefes, el juez hubiera sido linchado por el cabreado populacho.

Vista la persecución de que éramos objeto, mi primo Bartolome Santos, nos aconsejó que nos marcháramos a zona nacional. Recuerdo la frase que me dijo:

   Primo, si yo me pudiera pasar, lo haría, porque esto está perdido, pero yo por mi ideal, no puedo”.

Las fuerzas nacionales tomaron las minas de El Soldado y comenzaron a atacar Villanueva del Duque. Como los cañonazos y la fusilería se sentían muy cerca de Alcaracejos, el 8 de marzo de 1937, nos escondemos en casa de mis suegros, en la calle La Iglesia nº 7.

             El sitio más seguro fue una habitación en la cámara que tenía el techo con palos, a una distancia de sesenta centímetros. Con una sierra cortamos las tablas necesarias y al subir y estar ya dentro, las poníamos de nuevo. Si alguien hubiera subido hasta allí, estoy seguro de que no se habría dado cuenta de que nosotros estábamos dentro.

             Por encima de nosotros había una camareta que daba con el tejado, y por su altura, desde unos agujeros que había en la pared y que daban a Villanueva del Duque, empezamos a ver fuerzas luchando al lado de la estación de ferrocarril. Llevábamos dos días pendientes de que fuerzas luchaban, cuando vimos que al lado de la carretera había moros de las fuerzas regulares y en la parte de la estación, fuerzas diferentes que resultaron ser republicanas. Así aguantamos los dos días escondidos hasta que decidimos salir de allí pasase lo que pasase y marcharnos[14] por las dehesas y jarales a la zona nacional.

             Antes de decidir nuestra huida pensamos que nos iban a encontrar. Empezaron a saquear todas las casas y sentimos que había en la cámara un tropel de personas, entonces sintieron ruido y oímos decir que había gente aguantando la respiración. Al poco rato saltó un gato por encima de ellos y uno de los saqueadores dijo: “Qué hijo de la tal, es un gato lo que hemos oído”. Al sentir que bajaban y no buscaban más nuestra alegría fue inmensa. Habían abierto baúles y se llevaron todo lo que les apeteció. Tras escuchar un rato, decidí bajar. Al llegar a la cámara el corazón me dio un vuelco pues deslumbrado por la claridad después de los días a oscuras, la ropa tirada y amontonada en el suelo me pareció una persona. Menudo susto. No había nadie. Avisé y después bajó toda la familia. Entre niños y mayores éramos ocho.

Una vez todos en la cámara cogimos unas mantas entre las malas que habían dejado y decidimos salir por el portón trasero de la casa. Nuestra intención era salir al campo y pasarnos a zona nacional sabiendo que nos jugábamos la vida. Salimos por la calle Sol arriba. Nos dio miedo comprobar que todas las casas estaban abiertas y con bultos por todos lados. Pensamos que todavía estaban saqueando y que los saqueadores huían por la proximidad de los nacionales. Una pena que Germán no cite fechas ¿Supongo que podría ser finales de marzo?, fecha de la batalla de Villanueva del Duque[15], llamada por costumbre y error “Batalla de Pozoblanco”.

             Salimos al cruce de la calle Sol. En su centro había una fuente. Tuvimos otro sobresalto al comprobar que en la misma había cables y teléfonos instalados por los republicanos, pero en ese momento no había nadie a cargo de ellos. Esto nos hizo salir con rapidez para intentar llegar a la casilla del posadero Juan Martín que estaba en una cima. Llegamos a la Cruz de la calle El Sol, en el camino viejo de Pozoblanco: las balas y cañonazos llovían por todas partes de un bando y otro.

             A mucha distancia se divisaba la carretera en la que se veían abundantes y personal subiendo a los mismos. Ese detalle nos[16] dio fuerza para seguir nuestra aventura. Agachados, caminamos lo más deprisa que pudimos hasta que conseguimos llegar a la casa antes mencionada. Las circunstancias y el esfuerzo nos tenían agotados. Entramos en la casilla y solo pudimos beber aguardiente aguado. De comida no teníamos nada. Entonces encaminamos nuestros pasos hacia los jarales y Casilla Bóveda[17]. Llovía torrencialmente. Nos pusimos como una sopa. No se veía mucho y todos los chaparrillos y matas nos parecían personas. Nuestros pensamientos eran que en cualquier momento no podíamos encontrar con milicias republicanas. A un kilómetro de la Casilla Bóveda vimos a un hombre. Nunca pensamos que era otro que corría una aventura similar a la nuestra. Además se trataba de una persona conocida y amiga: era Honorario, natural de Villaralto. Nos facilitó alguna información acerca de donde podrían estar los nacionales. Había estado intentando averiguar por donde podría pasarse durante los tres últimos días a la zona nacional.

             Este mismo amigo nos aconseja que no nos quedemos en la Casa Bóveda y que marchemos al Coto que sabía que estaban los caseros pastores y demás familia. Emprendemos la marcha hacia El Coto. Honorario se quedó porque decía que a él solo le sería más fácil pasar a la zona nacional. Nos deseamos mucha suerte.

             Aproximadamente, a las dos de la tarde llegamos al Coto y los mencionados caseros – pastores— nos dieron cobijo. Encendieron candela para para secarnos y calentarnos. Nos hacía mucha falta.

             Comidos, calentitos y secos les comentamos nuestras peripecias hasta llegar allí. No sabían nada de lo que estaba ocurriendo en el pueblo. Al enterarse, nos comunicaron que ellos también querían pasarse a zona nacional.

Faltarían unas dos horas para la noche cuando los caseros, con cara descompuesta, nos dijeron que nos escondiéramos. Habían visto un fulano con un pañuelo rojo al cuello que venía hacía el cortijo. Desconocían quién pudiera ser, así que nos preparamos para afrontar la situación. El visitante insistía a los caseros para que les dijera si estábamos allí. El desconocido resultó ser un miliciano local de Alcaracejos que llevaba la misión de encontrarnos. Convencido de que los caseros no le decían la verdad sobre nosotros, se le ocurrió aclararles que se marchaba a Pozoblanco, de dónde volvería con más milicianos y “ni vosotros ni los que están escondidos veréis más la carretera”, les dijo.

             Fueron momentos de gran incertidumbre. Entre todos decidimos que la mitad de los hombres iríamos a buscar la carretera de Córdoba. Se trataba de comprobar si por ella circulaban camiones, subían hacia el Puerto Calatraveño y si eran fuerzas republicanas o nacionales. Todo había que hacerlo ocultándonos lo mejor posible. Las cunetas nos fueron de gran ayuda. Uno de nosotros hizo una raya con tierra en la carretera, de cuneta a cuneta. Tratábamos de averiguar si los camiones pasaban hacia el puerto, desde Alcaracejos hacía el Calatraveño. Volvimos al cortijo para informar de nuestras andanzas y descansar un poco. Al rato volvimos a la carretera y comprobamos que la raya de tierra estaba intacta: no había pasado ningún camión. Era evidente que los camiones no pasaban de este lugar, aunque era posible que los milicianos se bajaran antes y subieran el puerto a pie.

Vuelta al cortijo de El coto. Intercambio de conversaciones con familiares. Estábamos decididos a buscar el frente nacional y terminar con esta pesadilla. A las cinco de la madrugada salimos en dirección al cerro Los Margaros, muy cerca del Calatraveño, acompañado de un borrico cargado de mantas. Era lo único que teníamos.

Página 38 arriba

El relato de Germán continua… es interesante, pero…ya no hay casi nada de Alcaracejos y eso le quita parte de mi interés….lo dejo ahí…no sé si algún día lo retomaré.

El 2 de julio de 1939 toda la familia de Germán Santos se marchó para Alcaracejos, menos su cuñado Andrés, que por ser más joven, no fue licenciado hasta pasados unos meses.



[1] Página 11.

[2] Los soldados de cuota eran reclutas que, tras pagar una cantidad de dinero al Estado, reducían drásticamente el tiempo de servicio militar obligatorio. En 1936, último año de vigencia de este sistema, los pagos oscilaban entre 1.000 y 2000 pts, lo que permitía acortar la mili a 5 o 10 meses. Además de servir menos tiempo podían elegir destino, vivir fuera del cuartel, estaban exentos de maniobras y si completaban los cursos podían licenciarse de oficial o subteniente. Este modelo permitía a los jóvenes de familias acomodadas eludir el largo servicio obligatorio que sufrían las clases populares. El sistema de cuotas fue abolido, definitivamente, en 1936 durante la Segunda República, aunque el estallido de la Guerra Civil ese mismo año alteró todo el sistema de reclutamiento.

[3] La tienda familiar tenía dos numeraciones: Calle Capitán Ferrer Morales nº 1 y Calle del Ayuntamiento nº65. El edificio tenía puertas a las dos calles.

[4] Página 14

[5] Creo que quiere decir el orden público.

[6] Al parecer, avisados, grupos de milicianos los estaban esperando en las entradas de los pueblos.

[7] Página 15.

[8] Página 18

[9] Página 19

[10] Don Eufemio era el padre de don Arturo, médico, y de Alfredo Moreno que se casó con Isabel.

[11] Hacer una descubierta, en términos militares, es una misión de exploración o reconocimiento realizada por un grupo pequeño de soldados que se adelanta al grueso de las tropas. Su principal objetivo es tener información del terreno o detectar la presencia o movimiento del enemigo para evitar emboscadas.

[12] La casa del Párroco era la Casa Rectoral, situada a la izquierda del templo si miramos su fachada. Deduzco que la Casa Rectoral, construida a principios del siglo XX, fue utilizada como prisión, al menos para el Párroco.

[13] Esto lo intuía en mis investigaciones. Germán lo dice claro, fueron los nacionales los que bombardearon la Iglesia.

[14] Página 31

[15] Lo duro de la ofensiva nacional sobre zona republicana, en marzo de 1937, ocurrió entre Villanueva del Duque y Alcaracejos. Germán Santos lo dice claro: Veían luchar en los aledaños de la estación de ferrocarril”. Julio López también lo recoge en su libro “La II República y la guerra civil en Villanueva del Duque”, 2015.

[16] Página 34.

[17] La Casilla de la bóveda se encuentra en la zona de los jarales. Su origen es desconocido y su construcción muy singular. Podemos encontrar una foto bastante buena en la página 56 del libro de José López Navarrete, 1988, “Recopilación de datos sobre Alcaracejos y sus costumbres”.

jueves, 13 de agosto de 2026

Bernabé Copado: Alcaracejos, 18 de julio de 1936

 


El siguiente texto es, en mi opinión, el mas duro que he publicado en estos diez años. Posiblemente, también el más meditado. Quiero insistir en que para nada es mi opinión. Es un texto redactado por el autor de forma muy subjetiva por el y con una clara visión “de parte”. Pienso, y algunos paisanos más, que es conveniente conocerlo, pero hay que situarlo en el contexto temporal e ideológico de quién lo escribe: Era 1941, los cadáveres y los odios estaban aún calientes y la represión del Régimen, también. En pleno siglo XXI, 2026, 85 años después de haberse publicado, no es tiempo de censura. Así lo escribió su autor y así debe conocerse. Cada cual que saque sus propias conclusiones. Evidentemente, al final, como siempre, pueden añadirse los comentarios que lectores y lectoras tengan a  bien.

             Con el debido respeto para todos y todas, el tema de la guerra civil en Alcaracejos debe dejar de ser tabú, no para enfrentarse con nadie, sino, simplemente para conocer lo que pasó y aprender todos juntos: los hunos y los hotros.

             Esta tercera aportación corresponde a Bernabé Copado[1], S. J. Publicó el libro “Contribución de sangre” en 1941, editado por Artes Gráficas Alcalá S.A., Málaga.

Esto es lo que dice sobre lo sucedido en Alcaracejos, página 37:

“Tristísima fue la impresión que en este pueblo, como en todos los de España, causó la muerte de Calvo Sotelo. El 18 [de julio] se celebró una misa por el descanso de su alma. A ella asistieron todos los comprometidos en el glorioso y heroico alzamiento que se preparaba. A continuación se dirigieron al cuartel, dónde la Guardia Civil les facilitó armas y municiones.

El pueblo, desde las primeras horas del día 18, quedó en poder de los defensores de la causa de España. No perdieron el tiempo; fueron deteniendo a los más señalados entre los pertenecientes a los partidos extremistas y entraron en la cárcel el alcalde y todos los cabecillas. La paz se conservó inalterable sin que dieran manifestación de arrojo o de protesta durante tres días.

El día 21, las fuerzas de la Guardia Civil del puesto de Alcaracejos recibieron órdenes de trasladarse concentradas a Pozoblanco; con la Guardia Civil se trasladó también a Pozoblanco todo el elemento civil que había tomado las armas. Pronto llegó este suceso a conocimiento de los rojos que habían huido del pueblo en los primeros momentos y que se encontraban refugiados en la sierra. El 27 de julio, acompañados y reforzados por las milicias rojas de Espiel, entraron en el pueblo a las tres de la tarde. Dieron libertad a los de sus partidos que aún permanecían en la cárcel y encerraron en ella a cincuenta y seis personas de las más significadas por su amor a España. Trataron de asesinarlos volando la cárcel con dinamita, más no pudieron realizar sus criminales designios por la oportuna y providencial llegada de la Guardia Civil. Venían estas fuerzas de Hinojosa del Duque a donde habían sido mandadas desde Pozoblanco en vista de los sucesos que allí habían tenido lugar. Habían luchado en Hinojosa con las milicias de Pueblonuevo del Terrible y volvían de nuevo a concentrarse en Pozoblanco. Al llegar a las cercanías de Alcaracejos, los elementos rojos, dueños ya del pueblo les hicieron una descarga matando a uno e hiriendo gravemente a dos. En vista de eso se detuvieron en el pueblo, arrojaron de él a los rojos y siguieron su camino para Pozoblanco.

             El día 28 volvió de nuevo la Guardia Civil y persiguió a los que merodeaban por los alrededores y ya quedó plenamente Alcaracejos en poder de los defensores de la causa de España, hasta el fatídico 15 de agosto en que Pozoblanco se rindió y con Pozoblanco toda la Comarca de los Pedroches, que en gran parte aun resistía.

Como dijimos anteriormente, muchos de los que tomaron las armas se marcharon con la Guardia Civil a Pozoblanco; al rendirse esta población, los rojos los mandaron a Valencia y allí fueron asesinados 15 de Alcaracejos. Otros prefirieron volver al pueblo y en el camino fueron, asimismo, asesinados cuatro. Finalmente, en aquellos primeros momentos murieron también otros dos, uno en Dos Torres y otro en Villanueva del Duque.

Dueños ya del pueblo y sintiéndose señores de vidas y haciendas, detienen a cuantas personas tienen por conveniente; los maltratan e injurian de manera incalificable y se gozan en hacer sufrir a las esposas e hijas de los detenidos. Comienzan los saqueos, los robos y el desconcierto y la tragedia se extiende por todas partes. En la madrugada del 21 28[2] de agosto comienzan los asesinatos. Después de atormentarlos y de gozarse en hacerlos sufrir dieron muerte a 16 caballeros, defensores de la causa de España. Sus cadáveres fueron arrojados al pozo de la mina Vizcaya.

En el edificio de la Iglesia establecieron la casa del pueblo y allí, entre blasfemias e insultos soeces se decidió por votación la suerte de otras catorce personas que fueron asesinadas en la madrugada del 28 de septiembre.

Los cadáveres, bárbaramente martirizados fueron arrojados al pozo de la mina España. Algunos llegaron con vida a las profundidades del pozo.

He aquí la lista trágica de los asesinados en Alcaracejos (53 nombres):

1.- Rafael Alcalá Alcalde Rodríguez (Presidente de Acción Popular) (Alcalá es un error de Copado).

2.- José Sánchez Sepúlveda.

3.- Martín Sánchez Ayala.

4.- Gerardo Sánchez Sepúlveda.

5.- Martín José Sánchez López.

6.- Rafael Sánchez López.

7.- Gaspar Sánchez Ayala.

8.- Pablo Sánchez Ayala.

9.- Juan Herruzo Ruiz (Sacerdote).

10.- Fidel López López.

11.- Sebastián Muriel de Zúñiga.

12.- Benigno Ayala Caballero (Farmacéutico).

13.- Rafael Cruzado Caballero.

14.- Andrés Sepúlveda Rodríquez.

15.- Andrés Sepúlveda Ayala

16.- Miguel Mansilla Pedrajas

17.- Francisco Rodríguez Márquez.

18.- Bautista López Fernández.

19.- Ismael Pérez Fernández.

20.- Francisco Ventura González

21.- Esteban Mansilla Pedrajas

22.- Lorenzo Castillejo Navarrete

23.- Pablo Sánchez Ayala

24.-Francisco Mansilla Alcalde

25.- Bernardo Mansilla Alcalde

26.- Miguel Rodríguez Sepúlveda

27.- Miguel Alcalde López

28.- Antonio Caballero Mansilla

29.- Juan Fernández Mansilla

30.- Nicolás Arroyo Flores

31.- Tiburcio Rodríguez Alcántara

32.- Ángel Huertos Contreras

33.- Antonio Ayala López

34.- Julián Álvarez Fernández

35.- Juan José Fernández Caballero

36.- Pedro Sepúlveda Fernández

37.- Miguel Ranchal Pedrajas

38.- Rafael Caballero Ayala

39.- José Mansilla Pedrajas

40.- Juan Zacarías Caballero Ayala

41.- Miguel Caballero Sánchez

42.-Gabriel Benítez Pedrajas

43.- Humberto Alcalde García-Arévalo

44.- Antonio Ayala Pedrajas

45.- Juan López Puebla.

46.- Juan Martín Chamorro

47.- Juan Martín Sánchez

48.- José Jurado Navarrete

49.- Salvador Mansilla Pedrajas

50.- Miguel Ranchal López

51.- Antonio Sánchez Ayala

52.- José Jurado Suárez

53.- Miguel Jurado Suárez



[1] Bernabé Copado Agenjo (Vva de Córdoba, 26/6/1893 – Málaga 16/8/1975)

[2] Copado habla del 28 de agosto. No: fue el 21. La fecha se conserva en la propia lápida con los nombres de las víctimas.

 

lunes, 10 de agosto de 2026

Francisco Moreno Gómez: Alcaracejos, 18 de julio 1936

 


La segunda obra que tomamos como referencia es "La guerra civil en Córdoba (1936 - 1939), del jarote Francisco Moreno Gómez, Editorial Alpuerto S.A., 1985. Se trata de un volumen bastante extenso. Mi intención es buscar el inicio de la guerra civil y poco más….unos días, unos meses como mucho… El tema que pretendo es complicado porque Alcaracejos es un pueblo pequeño y, en su mayor parte, se cita como reflejo de las Siete Villas o de la Comarca. Aun así, Francisco Moreno, en las páginas 47 - 48 dice:

“En Alcaracejos se inició la sublevación el 19 de julio, después de asistir a misa todos los conjurados, como si de una nueva cruzada se tratase, y se dirigieron luego al cuartel de la Guardia Civil, donde se les facilitaron armas y municiones. El día 19, la Guardia Civil, al mando del cabo Nicolás Arroyo Flores y unas 50 personas de derechas, se apoderaron del pueblo y detuvieron a varios dirigentes del Frente Popular, a los que pusieron en libertad al día siguiente. El día 21, la Guardia Civil recibió orden de concentrarse en Pozoblanco, ocasión que aprovechó el alcalde socialista -Manuel López Expósito- para publicar un bando en el que se ordenaba la entrega de todas las armas en el Ayuntamiento. Cumplida a medias esa orden y conseguidas algunas armas, el elemento obrero se retiró al campo en espera de refuerzos, mientras Alcaracejos continuaba en poder de las derechas”.

En la página 41 se reproduce un mapa de la provincia de Córdoba con todos sus pueblos. Un cuadrado indica donde triunfó la sublevación. Un círculo señala las localidades que permanecieron leales al gobierno de la República. Alcaracejos se sumó a la sublevación.

Fuentes de este mapa:

·       SHM, documentos del general Cuesta, Arm. 18, Leg. 35

·       SHM, Extracto de operaciones del Ejército del Sur.

·       AHN, Causa General, Cajas 1044-1 y 2. Córdoba

·       Salas Larrazábal, R., <<Historia del Ejército Popular de la República>>. 4 vols., Madrid, 1973.

·       Martínez Bande, J.M., <<La campaña de Andalucía>> (Monografía de la guerra de liberación). Madrid. Ed. San Martín, 1969).

En las páginas 48-49 y 50 se habla del 18 de julio del 36 en los demás pueblos de la Comarca.

Otro añadido se sitúa en las páginas 329-330:

“Los sublevados de Pozoblanco, cuando las fuerzas obreras se salieron del pueblo a partir del 20 de julio, se aprestaron para una defensa que ya intuían desesperada y ordenaron la concentración en esta localidad de la Guardia Civil de los pueblos cercanos. Entre los días 20-21 de julio llegaron a Pozoblanco los Guardias Civiles de Añora, Dos Torres, Villaralto, Alcaracejos, Pedroche y Torrecampo. Y el día 26 se amplió la concentración con los guardias de Hinojosa del Duque, Belalcázar y Villanueva del Duque. Por esta medida, la mayoría de los pueblos citados quedaron defendidos únicamente por el personal de derechas y Falange, que, en algunos casos sucumbieron fácilmente ante la presión de los campesinos. No así en Alcaracejos, Villanueva del Duque, Hinojosa, Belalcázar y Dos Torres, que se mantuvieron sublevados mientras duró la resistencia de Pozoblanco.

Francisco Moreno sigue diciendo sobre Alcaracejos: página 342

“Alcaracejos lo habían ocupado ya, aunque efímeramente, los milicianos el 27 de julio, ayudados por los de Espiel. En aquella ocasión detuvieron a unos 60 derechistas. Se dice que en el momento que colocaban petardos para volar la cárcel, llegó aviso de que se aproximaba la Guardia Civil desde Hinojosa. Entonces corrieron hacia la carretera y prepararon una emboscada, en la que tirotearon a los guardias. A continuación, el elemento obrero huyó de nuevo al campo.

El 28 de julio se presentó en Alcaracejos un grupo de Guardias Civiles, mandados por el teniente Enrique Canales Lorenzo, comandante de puesto de Villanueva del Duque, y puso en libertad a los detenidos, regresando otra vez a Pozoblanco, donde estaba concentrada la Guardia Civil. Alcaracejos se tomó, por fin, el 15 de agosto sin ninguna resistencia, una vez que se tuvo noticia de la rendición de Pozoblanco. Los milicianos detuvieron aquel día a 56 de los sublevados, de los cuales, al día siguiente, fusilaron cuatro. El día 21 fusilaron 14 en una mina, y el 28 de septiembre, otros 12. Las víctimas de derechas habidas en Alcaracejos y su término sumaron 36 (Contando otras habidas en Pozoblanco, Valencia, etc…el total fue de 53).

             En Alcaracejos se hallaba muy implantada Acción Popular, partido que sufrió 34 víctimas, entre ellas la mayoría de sus dirigentes. A Falange Española pertenecían siete de los fusilados. La clase social más afectada, como venía siendo habitual, fueron los propietarios agrarios, con 38 bajas (además del cura, un médico, un farmacéutico, un maestro, el secretario del juzgado…).

             Las fuerzas obreras pertenecían mayoritariamente al Partido Socialista, entre los que el franquismo realizó una inexorable represión en la posguerra”.

El 15 de agosto de 1936 fue un día triunfal para la República en la Comarca de los Pedroches. Además de la recuperación de Pozoblanco, también se consiguió rendir a los sublevados de Alcaracejos y Villanueva del Duque.

En el caso de Dos Torres, los rebeldes no fueron sofocados hasta el 25 de agosto, si bien hasta entonces no se intentó seriamente.