
El 2 de junio de 2016 tuve una larga y provechosa
conversación con Pepe Leal. Me facilitó abundante información personal y detalló
aspectos muy interesantes y variados sobre el pueblo. Algunos los utilicé en la
entrevista que se publicó en el blog (12 de julio 2016, https://alcaracejospuntocom.blogspot.com/2016/07/entrevista-jose-leal-caballero.html). Otros han dormido el sueño de los
justos. Rebuscando en antiguos cuadernos me he tropezado con trozos de
conversación que relatan temas -a veces – inconexos, pero que tienen una
indudable curiosidad para Alcaracejos y sus vecinos.as. Han pasado más de diez
años. Pepe murió el 6 de junio del 2021. Había nacido en 1945. Su memoria
sigue.
Pepe me relató sus recuerdos en
primera persona.
A partir de los siete años me fui a
vivir a la calle Nueva, 14, aunque la vida la hacíamos en otra casa más pequeña
que daba a la calle Alférez Fernández Pérez, 1, y que estaban unidas por los
patios, donde teníamos animales. A dormir, nos íbamos a la otra. En esa calle
fui muy feliz. En ella había muchas personas de otros pueblos, lo que justifica
el calificativo de que Alcaracejos es muy cosmopolita.
Por ejemplo, en el número uno de la
mencionada calle Alférez Fernández Pérez, en adelante La Carretera, sin número, vivían dos capataces facultativos,
"ahora Ingenieros Técnicos", el señor Senen y el señor don Manuel
Remujo. Los dos trabajaban en la mina El Rosalejo y descendían de Peñarroya y
Belmez.
En el número 14 de La Carretera,
vivía la familia de don Juan Araujo, jefe de una empresa de carreteras, su
esposa doña Agustina Caballero. Sus dos hijos, Juan Francisco y Manuel, eran
muy amigos míos. En la misma casa, que era fonda, vivió otro señor que
trabajaba en la mina de Cantos Blancos, natural de Bilbao, de profesión
químico. Se llamaba don José Targhetta.
El número 18 lo habitaba una familia
de Añora, don Manuel Gómez, Herrero, y su esposa Natalia Cañuelo, con sus hijos
Manuel, Catalina, Candelaria, Luisa y Francisco. Este último era un buen amigo.
En el número 20, una familia de Dos
Torres y Belmez, Juan José Romero Peinado y Carmen, con sus respectivas madres
y sus cuatro hijos, María del Carmen, Juan José, Dolores y Alfonso, con los que
teníamos muy buena relación.
En el número 24, vivía Orlando
Fernández Rodríguez y su esposa Madueño Sánchez, de Villaralto, con sus hijos
Juan José, María Jesús, Blas y Orlando, todos muy amigos míos.
En el número 26, vivía, Carlos Marín
García, natural de Marsella (Francia) y su esposa.
Alicia Triviño, hija de un jefe de
estación, que no recuerdo de donde era, tenían cuatro hijos, Carlos, Alicia,
Manuel y Miguel.
En el número 3 de La Carretera,
vivía un matrimonio de Villaralto, sin hijos, Manuel y Josefa, muy buenas
personas; ella tenía una hermana en Rusia, que solo vino una vez, y que por
casualidad o por los que sea, cuando se fue, comenzó con problemas mentales.
En el número 5, una señora de
Villaralto, Juana Torrico, viuda, con su hijo, Federico.
En el número 11, Ángel Aceituno
Diestro, de Almagro (Ciudad Real) su padre también se llamaba Ángel, era jefe
de Telefónica, y no recuerdo el nombre de su madre.
En el número 15, dos familias, unas
de Villaralto y otra de Fuente la Lancha, Florencio Lisedas Torres, Fabián
Madueño Sánchez, y sus esposas Catalina y Candelaria. Solo tenían hijas,
Rosario y Catalina.
En el número 23, vivía la familia
Cubero, muy conocida sobre todo por los niños. El padre Antonio Cubero Moreno,
natural de Doña Mencía, (Córdoba) hacia helado, para los niños de aquella
época, un lujo al alcance de muy pocos. Estaba casado con una señora de
Alcaracejos, doña Bienvenida Fernández Fernández, y sus hijos, Antonia, José,
Antoliano, Antonio, Manuel y Leonor, con esta familia, también tuve mucha
relación.
Entre estas personas se desarrolló mi
infancia. Al ser un pueblo pequeño, nos conocíamos todos y la relación era con
la totalidad de sus vecinos.
¿Por qué me llamo Arcadio? (correo electrónico de Pepe Leal, 9 de julio de 2016)
Todo
el mundo sabe que mi madre, Aurelia Caballero Fernández, era de Alcaracejos. Mi
padre, José Leal Fernández, era de Villanueva del Duque. Yo nací en Villanueva,
y mis tías, hermanas de mi padre, me inscribieron en el juzgado con el nombre
de mi padrino y primo hermano mío, Arcadio Mansilla Leal, naturalmente casi
dieciocho años mayor que yo. De segundo nombre, eligieron el de mi padre, José,
pero el funcionario del juzgado me puso de primero Arcadio y por su cuenta, el
nombre del santo del día, San Alejandro.
Por otra parte, mis tías de Alcaracejos,
hermanas de mi madre, Expiración, Felisa y Amparo Caballero Fernández, me
inscribieron en la parroquia de San Mateo, de Villanueva del Duque, donde me
bautizaron, y me pusieron José Arcadio, José como se llamaba mi padre y Arcadio,
como mi primo y padrino: Arcadio de primero, no les gustaba.
Cuando a los nueve años tuve la necesidad de
sacar mi primera partida de nacimiento vi que no me llamaba José, ni de primero
ni de segundo, me llamaba Arcadio Alejandro. Un practicante, ahora ATS, don
Pedro Calero Romero, de Pozoblanco, que vivía en la casa de al lado de la mía,
que era fonda, de doña Isabel Pérez Caballero, "La de Juan Telesforo",
me arregló los papeles para que el día de mi confirmación el Señor Obispo me
cambiase el nombre. Las confirmaciones de entonces no eran como las de ahora. Existía
la posibilidad, casi regla general, de que una sola persona fuera el padrino de
todos los niños de un pueblo: en nuestro caso, el alcalde, don Germán Santos
Caballero, lo fue de todos los que nos confirmamos ese día. Posiblemente el obispo fuera Fray Albino González Menéndez-Reigada.
| Confirmación de Pepe Leal |
Por motivos que desconozco, las confirmaciones
de ese año no brillaron por su grandeza. El ambiente no fue el más favorable: por
parte de algunos maestros hubo voces y bofetadas. El clima fue muy tenso. Los
documentos que me habían arreglado los llevaba en el bolsillo para entregárselos
al Señor Obispo, un momento antes de realizar el sacramento. Estaba tan
asustado que no fui capaz de entregar los mencionados papeles: lo previsto, no
se realizó.
A la salida de la iglesia me estaba esperando
el citado señor Calero Romero que dijo: “Bueno, ya te llamas Pepe” y le
dije: “No, me sigo llamando Arcadio, no le di los papeles, porque el
ambiente estaba muy mal”.
De hecho, y como por mi trabajo, tuve que
realizar muchas gestiones en la notaría de Pozoblanco, siempre me ponían: “Arcadio
Alejandro Leal Caballero, que entiende también, por Pepe”.
La persona mayor, con gafas, que ocupa casi el centro de la foto es don Miguel López, maestro en activo en esas fechas. Don Miguel, según cuenta Pepe, tuvo que llamar la atención y corregir el comportamiento de algunos niños durante la ceremonia de la confirmación. Reprender a los niños en la calle o en la iglesia, aparte de los padres, lo hacían también las catequistas, los maestros, los municipales y los vecinos. Era lo normal en aquellos años cincuenta.
Anécdota
de José Leal y Rafaelito “El Cuca”
Me cuenta Pepe, con todo lujo de detalles, que
cuando era niño en el pueblo se celebraba la festividad de Santa Bárbara,
patrona de los mineros. Su padrastro, como Administrador del complejo del
Rosalejo, encargaba todos los años un buen número de lechones que se troceaban
y preparaban en su casa para convidar a los mineros.
Rafaelito “El Cuca”, sobrenombre que le viene
de no saber decir azúcar en su niñez, siempre fue un tipo digno de la picaresca
española. Podríamos decir que la picaresca explica episodios de su vida y de ella
se desprenden relatos con trastienda. El que a continuación referimos no
desmerece en absoluto.
Rafaelito conocía perfectamente las fechas en
las que los lechones serían sacrificados y troceados. Buscó o encontró a Pepe,
entonces niño y jugador del trompo, y le prometió un “estupendo zumbel”
si le traía unos trozos de lechón para coger fuerza. Rafaelito le comentó a
Pepe que sus zumbeles permitían hacer seis o siete recorridos con el trompo,
más la cabezá. Un recorrido era coger el trompo con la mano para que
continuara bailando en la palma y depositarlo con suavidad en el suelo sin que
perdiera mucha energía. El zumbel es la cuerda que se enrolla alrededor del
trompo y al lanzarlo, y desenrollarse, le transmite una rotación impresionante.
Rafaelito, decía que hacía unos zumbeles estupendos.
Arriesgóse Pepe y en el bolsillo de su pantalón
transportó unos trozos de lechón tomados a espaldas de todos. Rafael lo
agradeció y al mismo tiempo le dijo que con tan poca cantidad no tendría
fuerzas suficientes para hacer un buen zumbel, como Pepe se merecía. In
extremis, dio Pepe un segundo viaje de suculentas tajadas. Tajadas que
Rafael volvió a recibir con entusiasmo y con la renovada promesa de entregarle
a Pepe un zumbel “casi mágico” que haría que su trompo batiera el récord de la
comarca girando sobre sí mismo por un tiempo que tendería a la eternidad.
El caso es que hoy en día, 2016, Pepe no ha
recibido ningún zumbel después de más de cincuenta años. Con frecuencia,
Rafaelito le recuerda a Pepe – que pone cara de pocos amigos- que le tiene que
hacer un zumbel… pero que sigue sin las fuerzas necesarias.
Si no fuera por la ilusión rota de un niño,
machacada a lo largo del tiempo, la anécdota sería simpática, pero en este caso
me decanto por una broma algo pesada, aunque para juzgarla bien habría que
tener en cuenta las circunstancias de aquellos tiempos. De todas formas, las
promesas hay que cumplirlas… y más si se le hacen a un niño que confía en ti.
Nota: Pepe contaba todo esto sin ningún tipo de
acritud, con buen humor y salía en las conversaciones con vecinos y amigos
varias veces al año. Incluso Rafaelito le relataba la anécdota a Raúl, hijo de
Pepe, y le gastaba bromas citándole el famoso zumbel que nunca llego a hacer.
Hablamos pues de una anécdota transgeneracional (2 de julio de 2016).
Informaciones
varias
Propietarios
del complejo El Rosalejo
![]() |
| Vista general "El Rosalejo". Foto de Gonzalo García, 1995 |
“Don
Ramón Aguirre, calculo que en los años setenta, vendió a Iklil Sati[1]
-embajador de Jordania en España y 30 años cazador en la Finca de El Rosalejo-
el cortijo y la primera residencia que está detrás de la iglesia – capilla.
Iklil le regaló a Carlos Gómez -Acebo Miralles, era su administrador, la casa
llamada “La Cantina”. Don Ramón se fue a vivir a una vivienda situada dentro
del Cerco[2].
En el 2016, el cortijo del Rosalejo era
propiedad de “Junquito” y de la casa de don Ramón, dentro del Cerco, era dueña
una extranjera. Un famoso oculista cordobés, “Chema”, compró la casa que está
detrás de la Iglesia a los hermanos Aguirre, Joaquín y Mariano”.
Guerra
Civil
A.
Pepe me sigue
contando cosas muy curiosas: Decía que frente a su oficina, dentro del Cerco
del Rosalejo, había una encina que la llamaban “el árbol del ahorcado”. El
“ahorcado” trabajó como maquinista en la mina. Había tres turnos de 8 horas. Un
día pasaron unos maquis por allí y el maquinista los vio. Le advirtieron,
seriamente, que no dijera nada, que no los había visto. Por órdenes de sus
jefes, el hombre lo comunicó a la Guardia Civil. La noticia corrió entre los
maquis y fueron a buscarlo. Lo encontraron comiendo morcilla. Le dijeron: “Cómete
esa morcilla que es la última que te vas a comer”. Lo ahorcaron allí mismo.
B.
Informados por
vecinos, los mineros de Linares y de Espiel hicieron mucho daño en el pueblo.
Pepe
Leal: Cargo público
Pepe Leal fue concejal independiente
dentro del PSOE local con Antonio Mansilla. Dijo que dejaría el cargo si había
algún disgusto o discusión. Al parecer, Miguel Santos, maestro y concejal, un
día se trabó un poco con Rafael Fernández “El Cuca” —pocacosa— y Pepe
dejó de ser concejal. José López Navarrete, concejal por UCD con Miguel Santos,
también quiso dejarlo, pero Miguel lo convenció para que no lo hiciera.
Personalidad
<<
Los de Alcaracejos me dicen “cuervo” y en Villanueva me llaman
“mojino”>>.
<<
Los del Real Madrid me atacan por ser del “Barça y los del Barça dicen que soy
del Real Madrid>>.
“Esas
dos frases, aplicadas en terrenos diferentes, definen mi personalidad”. Pepe Leal, 2016.
Varios
**
Ángel Escaño, Miguel Nieto y Arturo Arrabal trabajaron en los Estatutos de la
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
**
Sobre don Enrique Velasco, facultativo de minas en Cantos Blancos (1955), me
cuenta que era cuñado de Castrosín. Este último compró una moto OSSA, que era
una maravilla. Castrosín tenía un amigo, vasco, Pedro Mari Echabe: iban juntos
a comprar pasteles a Pozoblanco, a la pastelería de “la Concha”. A Echabe lo
bautizó Dolores Ibárruri, la Pasionaria, que era maestra como la madre de
Echabe.
Ingenieros
en “El Rosalejo”
Por
desgracia Pepe no citó ninguna fecha.
-
Don Enrique
Hurtado de Mendoza, ingeniero en El Rosalejo de sangre azul ¿Madrid? Desconocemos
el segundo apellido.
-
Don Francisco
Mota Saseta, ingeniero de minas ¿vasco?
-
Don Nicolás de
Arancibia y Pinedo – vasco.
-
Don Rafael
Aguirre[3] y
Carbonell. Ingeniero de minas nacido en Madrid el 7 de junio de 1866. Fue
nombrado director de las minas de plomo argentífero de Alcaracejos,
pertenecientes a la Sociedad Anglo-Vasca de las Minas de Córdoba.
[1] Iklil
Sati nació el 27 de junio de 1926. Entre 1949 y 1950 fue secretario privado de Abdalá I de Jordania, así como agregado diplomático en Londres, Reino Unido. Entre 1952 y
1953, fue tercer secretario en Ankara , Turquía, antes de regresar
a Londres y trabajar como tercer secretario entre 1953 y 1955. Entre 1955 y
1956, fue segundo secretario en Damasco, Siria. Desde 1956 hasta 1961
fue primer secretario, consejero y encargado de negocios en Madrid. Entre 1963 y 1967 regresó a
su tierra natal, donde fue jefe de protocolo de la Corte Real, además de secretario privado de Hussein de Jordania. Entre 1967 y 1970 regresó a Madrid, donde ejerció como embajador. Entre
1970 y 1972 regresó a Jordania, donde fue secretario general del Ministerio de
Asuntos Exteriores. En 1972, se retiró del servicio real y se convirtió en
empresario.
[2]
En las explotaciones mineras de la
comarca de Los Pedroches (que abarcaban el área de Alcaracejos y Villanueva del
Duque), el Cerco era el barrio o recinto
reservado para los ingenieros, directivos y empleados superiores de la compañía
minera. El Cerco se diferenciaba de los barrios obreros por contar con
viviendas de mayor tamaño, mejor construcción y mayores comodidades, como jardines.
[3] Ligado
al hallazgo del galápago de Alcaracejos, 1913, interesante historia. Ver

