jueves, 5 de noviembre de 2026

Pepe Leal (II)

 



El 2 de junio de 2016 tuve una larga y provechosa conversación con Pepe Leal. Me facilitó abundante información personal y detalló aspectos muy interesantes y variados sobre el pueblo. Algunos los utilicé en la entrevista que se publicó en el blog (12 de julio 2016, https://alcaracejospuntocom.blogspot.com/2016/07/entrevista-jose-leal-caballero.html). Otros han dormido el sueño de los justos. Rebuscando en antiguos cuadernos me he tropezado con trozos de conversación que relatan temas -a veces – inconexos, pero que tienen una indudable curiosidad para Alcaracejos y sus vecinos.as. Han pasado más de diez años. Pepe murió el 6 de junio del 2021. Había nacido en 1945. Su memoria sigue.

 Pepe Leal, calles y vecinos: infancia y adolescencia

Pepe me relató sus recuerdos en primera persona.

A partir de los siete años me fui a vivir a la calle Nueva, 14, aunque la vida la hacíamos en otra casa más pequeña que daba a la calle Alférez Fernández Pérez, 1, y que estaban unidas por los patios, donde teníamos animales. A dormir, nos íbamos a la otra. En esa calle fui muy feliz. En ella había muchas personas de otros pueblos, lo que justifica el calificativo de que Alcaracejos es muy cosmopolita.

Por ejemplo, en el número uno de la mencionada calle Alférez Fernández Pérez, en adelante La Carretera, sin número, vivían dos capataces facultativos, "ahora Ingenieros Técnicos", el señor Senen y el señor don Manuel Remujo. Los dos trabajaban en la mina El Rosalejo y descendían de Peñarroya y Belmez.

En el número 14 de La Carretera, vivía la familia de don Juan Araujo, jefe de una empresa de carreteras, su esposa doña Agustina Caballero. Sus dos hijos, Juan Francisco y Manuel, eran muy amigos míos. En la misma casa, que era fonda, vivió otro señor que trabajaba en la mina de Cantos Blancos, natural de Bilbao, de profesión químico. Se llamaba don José Targhetta.

El número 18 lo habitaba una familia de Añora, don Manuel Gómez, Herrero, y su esposa Natalia Cañuelo, con sus hijos Manuel, Catalina, Candelaria, Luisa y Francisco. Este último era un buen amigo.

En el número 20, una familia de Dos Torres y Belmez, Juan José Romero Peinado y Carmen, con sus respectivas madres y sus cuatro hijos, María del Carmen, Juan José, Dolores y Alfonso, con los que teníamos muy buena relación.

En el número 24, vivía Orlando Fernández Rodríguez y su esposa Madueño Sánchez, de Villaralto, con sus hijos Juan José, María Jesús, Blas y Orlando, todos muy amigos míos.

En el número 26, vivía, Carlos Marín García, natural de Marsella (Francia) y su esposa.

Alicia Triviño, hija de un jefe de estación, que no recuerdo de donde era, tenían cuatro hijos, Carlos, Alicia, Manuel y Miguel.

En el número 3 de La Carretera, vivía un matrimonio de Villaralto, sin hijos, Manuel y Josefa, muy buenas personas; ella tenía una hermana en Rusia, que solo vino una vez, y que por casualidad o por los que sea, cuando se fue, comenzó con problemas mentales.

En el número 5, una señora de Villaralto, Juana Torrico, viuda, con su hijo, Federico.

En el número 11, Ángel Aceituno Diestro, de Almagro (Ciudad Real) su padre también se llamaba Ángel, era jefe de Telefónica, y no recuerdo el nombre de su madre.

En el número 15, dos familias, unas de Villaralto y otra de Fuente la Lancha, Florencio Lisedas Torres, Fabián Madueño Sánchez, y sus esposas Catalina y Candelaria. Solo tenían hijas, Rosario y Catalina.

En el número 23, vivía la familia Cubero, muy conocida sobre todo por los niños. El padre Antonio Cubero Moreno, natural de Doña Mencía, (Córdoba) hacia helado, para los niños de aquella época, un lujo al alcance de muy pocos. Estaba casado con una señora de Alcaracejos, doña Bienvenida Fernández Fernández, y sus hijos, Antonia, José, Antoliano, Antonio, Manuel y Leonor, con esta familia, también tuve mucha relación.

Entre estas personas se desarrolló mi infancia. Al ser un pueblo pequeño, nos conocíamos todos y la relación era con la totalidad de sus vecinos.


¿Por qué me llamo Arcadio? (correo electrónico de Pepe Leal, 9 de julio de 2016)

Todo el mundo sabe que mi madre, Aurelia Caballero Fernández, era de Alcaracejos. Mi padre, José Leal Fernández, era de Villanueva del Duque. Yo nací en Villanueva, y mis tías, hermanas de mi padre, me inscribieron en el juzgado con el nombre de mi padrino y primo hermano mío, Arcadio Mansilla Leal, naturalmente casi dieciocho años mayor que yo. De segundo nombre, eligieron el de mi padre, José, pero el funcionario del juzgado me puso de primero Arcadio y por su cuenta, el nombre del santo del día, San Alejandro.

Por otra parte, mis tías de Alcaracejos, hermanas de mi madre, Expiración, Felisa y Amparo Caballero Fernández, me inscribieron en la parroquia de San Mateo, de Villanueva del Duque, donde me bautizaron, y me pusieron José Arcadio, José como se llamaba mi padre y Arcadio, como mi primo y padrino: Arcadio de primero, no les gustaba.

Cuando a los nueve años tuve la necesidad de sacar mi primera partida de nacimiento vi que no me llamaba José, ni de primero ni de segundo, me llamaba Arcadio Alejandro. Un practicante, ahora ATS, don Pedro Calero Romero, de Pozoblanco, que vivía en la casa de al lado de la mía, que era fonda, de doña Isabel Pérez Caballero, "La de Juan Telesforo", me arregló los papeles para que el día de mi confirmación el Señor Obispo me cambiase el nombre. Las confirmaciones de entonces no eran como las de ahora. Existía la posibilidad, casi regla general, de que una sola persona fuera el padrino de todos los niños de un pueblo: en nuestro caso, el alcalde, don Germán Santos Caballero, lo fue de todos los que nos confirmamos ese día. Posiblemente el obispo fuera Fray Albino González Menéndez-Reigada.

Confirmación de Pepe Leal

Por motivos que desconozco, las confirmaciones de ese año no brillaron por su grandeza. El ambiente no fue el más favorable: por parte de algunos maestros hubo voces y bofetadas. El clima fue muy tenso. Los documentos que me habían arreglado los llevaba en el bolsillo para entregárselos al Señor Obispo, un momento antes de realizar el sacramento. Estaba tan asustado que no fui capaz de entregar los mencionados papeles: lo previsto, no se realizó.

A la salida de la iglesia me estaba esperando el citado señor Calero Romero que dijo: “Bueno, ya te llamas Pepe” y le dije: “No, me sigo llamando Arcadio, no le di los papeles, porque el ambiente estaba muy mal”.

De hecho, y como por mi trabajo, tuve que realizar muchas gestiones en la notaría de Pozoblanco, siempre me ponían: “Arcadio Alejandro Leal Caballero, que entiende también, por Pepe”.

Comentario mío: La foto que aporta Pepe no tiene desperdicio. El obispo imponiendo las manos vestido con todos sus ropajes, Pepe con la vista hacia abajo, algo tímido y los ojos semiabiertos ante una situación desconocida para él. El niño que está detrás es Marcos Estrada, hijo mayor de la familia Estrada que tuvieron 17 hijos. Vivian al final de la calle San Isidro (Marcos, Carmen, Juan, Paco, Ana, José, Arcadita, Luis, …). A la izquierda del Sr. Obispo se ve a Germán Santos, alcalde del pueblo y padrino de confirmación de todos los niños. A la derecha se aprecia –de espaldas– una señora con mantilla española que seguramente sería Rafaela Cobos, esposa del alcalde.

La persona mayor, con gafas, que ocupa casi el centro de la foto es don Miguel López, maestro en activo en esas fechas. Don Miguel, según cuenta Pepe, tuvo que llamar la atención y corregir el comportamiento de algunos niños durante la ceremonia de la confirmación. Reprender a los niños en la calle o en la iglesia, aparte de los padres, lo hacían también las catequistas, los maestros, los municipales y los vecinos. Era lo normal en aquellos años cincuenta.

Anécdota de José Leal y Rafaelito “El Cuca”

Me cuenta Pepe, con todo lujo de detalles, que cuando era niño en el pueblo se celebraba la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros. Su padrastro, como Administrador del complejo del Rosalejo, encargaba todos los años un buen número de lechones que se troceaban y preparaban en su casa para convidar a los mineros.

Rafaelito “El Cuca”, sobrenombre que le viene de no saber decir azúcar en su niñez, siempre fue un tipo digno de la picaresca española. Podríamos decir que la picaresca explica episodios de su vida y de ella se desprenden relatos con trastienda. El que a continuación referimos no desmerece en absoluto.

Rafaelito conocía perfectamente las fechas en las que los lechones serían sacrificados y troceados. Buscó o encontró a Pepe, entonces niño y jugador del trompo, y le prometió un “estupendo zumbel” si le traía unos trozos de lechón para coger fuerza. Rafaelito le comentó a Pepe que sus zumbeles permitían hacer seis o siete recorridos con el trompo, más la cabezá. Un recorrido era coger el trompo con la mano para que continuara bailando en la palma y depositarlo con suavidad en el suelo sin que perdiera mucha energía. El zumbel es la cuerda que se enrolla alrededor del trompo y al lanzarlo, y desenrollarse, le transmite una rotación impresionante. Rafaelito, decía que hacía unos zumbeles estupendos.

Arriesgóse Pepe y en el bolsillo de su pantalón transportó unos trozos de lechón tomados a espaldas de todos. Rafael lo agradeció y al mismo tiempo le dijo que con tan poca cantidad no tendría fuerzas suficientes para hacer un buen zumbel, como Pepe se merecía. In extremis, dio Pepe un segundo viaje de suculentas tajadas. Tajadas que Rafael volvió a recibir con entusiasmo y con la renovada promesa de entregarle a Pepe un zumbel “casi mágico” que haría que su trompo batiera el récord de la comarca girando sobre sí mismo por un tiempo que tendería a la eternidad.

El caso es que hoy en día, 2016, Pepe no ha recibido ningún zumbel después de más de cincuenta años. Con frecuencia, Rafaelito le recuerda a Pepe – que pone cara de pocos amigos- que le tiene que hacer un zumbel… pero que sigue sin las fuerzas necesarias.

Si no fuera por la ilusión rota de un niño, machacada a lo largo del tiempo, la anécdota sería simpática, pero en este caso me decanto por una broma algo pesada, aunque para juzgarla bien habría que tener en cuenta las circunstancias de aquellos tiempos. De todas formas, las promesas hay que cumplirlas… y más si se le hacen a un niño que confía en ti.

Nota: Pepe contaba todo esto sin ningún tipo de acritud, con buen humor y salía en las conversaciones con vecinos y amigos varias veces al año. Incluso Rafaelito le relataba la anécdota a Raúl, hijo de Pepe, y le gastaba bromas citándole el famoso zumbel que nunca llego a hacer. Hablamos pues de una anécdota transgeneracional (2 de julio de 2016).

Informaciones varias

Propietarios del complejo El Rosalejo

Vista general "El Rosalejo". Foto de Gonzalo García, 1995

“Don Ramón Aguirre, calculo que en los años setenta, vendió a Iklil Sati[1] -embajador de Jordania en España y 30 años cazador en la Finca de El Rosalejo- el cortijo y la primera residencia que está detrás de la iglesia – capilla. Iklil le regaló a Carlos Gómez -Acebo Miralles, era su administrador, la casa llamada “La Cantina”. Don Ramón se fue a vivir a una vivienda situada dentro del Cerco[2].

En el 2016, el cortijo del Rosalejo era propiedad de “Junquito” y de la casa de don Ramón, dentro del Cerco, era dueña una extranjera. Un famoso oculista cordobés, “Chema”, compró la casa que está detrás de la Iglesia a los hermanos Aguirre, Joaquín y Mariano”.

Guerra Civil

A.  Pepe me sigue contando cosas muy curiosas: Decía que frente a su oficina, dentro del Cerco del Rosalejo, había una encina que la llamaban “el árbol del ahorcado”. El “ahorcado” trabajó como maquinista en la mina. Había tres turnos de 8 horas. Un día pasaron unos maquis por allí y el maquinista los vio. Le advirtieron, seriamente, que no dijera nada, que no los había visto. Por órdenes de sus jefes, el hombre lo comunicó a la Guardia Civil. La noticia corrió entre los maquis y fueron a buscarlo. Lo encontraron comiendo morcilla. Le dijeron: “Cómete esa morcilla que es la última que te vas a comer”. Lo ahorcaron allí mismo.

B.  Informados por vecinos, los mineros de Linares y de Espiel hicieron mucho daño en el pueblo.

Pepe Leal: Cargo público

         Pepe Leal fue concejal independiente dentro del PSOE local con Antonio Mansilla. Dijo que dejaría el cargo si había algún disgusto o discusión. Al parecer, Miguel Santos, maestro y concejal, un día se trabó un poco con Rafael Fernández “El Cuca” —pocacosa— y Pepe dejó de ser concejal. José López Navarrete, concejal por UCD con Miguel Santos, también quiso dejarlo, pero Miguel lo convenció para que no lo hiciera.

Personalidad

<< Los de Alcaracejos me dicen “cuervo” y en Villanueva me llaman “mojino”>>.

<< Los del Real Madrid me atacan por ser del “Barça y los del Barça dicen que soy del Real Madrid>>.

    “Esas dos frases, aplicadas en terrenos diferentes, definen mi personalidad”. Pepe Leal, 2016.

Varios

** Ángel Escaño, Miguel Nieto y Arturo Arrabal trabajaron en los Estatutos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

** Sobre don Enrique Velasco, facultativo de minas en Cantos Blancos (1955), me cuenta que era cuñado de Castrosín. Este último compró una moto OSSA, que era una maravilla. Castrosín tenía un amigo, vasco, Pedro Mari Echabe: iban juntos a comprar pasteles a Pozoblanco, a la pastelería de “la Concha”. A Echabe lo bautizó Dolores Ibárruri, la Pasionaria, que era maestra como la madre de Echabe.

Ingenieros en “El Rosalejo”

         Por desgracia Pepe no citó ninguna fecha.

-        Don Enrique Hurtado de Mendoza, ingeniero en El Rosalejo de sangre azul ¿Madrid? Desconocemos el segundo apellido.

-        Don Francisco Mota Saseta, ingeniero de minas ¿vasco?

-        Don Nicolás de Arancibia y Pinedo – vasco.

-        Don Rafael Aguirre[3] y Carbonell. Ingeniero de minas nacido en Madrid el 7 de junio de 1866. Fue nombrado director de las minas de plomo argentífero de Alcaracejos, pertenecientes a la Sociedad Anglo-Vasca de las Minas de Córdoba.



[1] Iklil Sati nació el 27 de junio de 1926. Entre 1949 y 1950 fue secretario privado de Abdalá I de Jordania, así como agregado diplomático en Londres, Reino Unido. Entre 1952 y 1953, fue tercer secretario en Ankara , Turquía, antes de regresar a Londres y trabajar como tercer secretario entre 1953 y 1955. Entre 1955 y 1956, fue segundo secretario en Damasco, Siria. Desde 1956 hasta 1961 fue primer secretario, consejero y encargado de negocios en Madrid. Entre 1963 y 1967 regresó a su tierra natal, donde fue jefe de protocolo de la Corte Real, además de secretario privado de Hussein de Jordania. Entre 1967 y 1970 regresó a Madrid, donde ejerció como embajador. Entre 1970 y 1972 regresó a Jordania, donde fue secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores. En 1972, se retiró del servicio real y se convirtió en empresario.

[2] En las explotaciones mineras de la comarca de Los Pedroches (que abarcaban el área de Alcaracejos y Villanueva del Duque), el Cerco era el barrio o recinto reservado para los ingenieros, directivos y empleados superiores de la compañía minera. El Cerco se diferenciaba de los barrios obreros por contar con viviendas de mayor tamaño, mejor construcción y mayores comodidades, como jardines.

[3] Ligado al hallazgo del galápago de Alcaracejos, 1913, interesante historia. Ver





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