sábado, 8 de agosto de 2026

Antonio Leal Márquez: Alcaracejos, 18 de julio 1936

 


La obra completa es “La comarca de Pedroches (Córdoba) al comienzo de la Guerra Civil Española (1936)”, Antonio Leal Márquez, 1985, editado por CEDECO, Madrid.

 Alcaracejos

Era Alcaracejos un pueblo alegre y desenvuelto, donde convergían lo rural y lo minero, donde se vivía bien y con cierta holgura económica media, lo que impedía -en alguna medida- las exaltaciones de clase. Esto no quiere decir que en la primavera de 1936 no se observara el ambiente político “cargado de inquietudes”.

Izquierda y derecha hacían todo lo posible por fomentarse y organizarse. Socialistas y comunistas asumían la dirección frentepopulista local bajo las presidencias de Manuel López Expósito y Espiridión Tena López, respectivamente. El núcleo de la derecha contaba con unos jóvenes falangistas bajo la jefatura del joven Humberto Alcalde García – Arévalo, y la mucho más poblada Acción Popular, a cuyo frente operaba Rafael Alcalde Rodríguez.

Por su parte, el puesto de la Guardia Civil contaba con el cabo y dos parejas de infantería. El estado de guerra se proclamó en la mañana del 19 de julio. A las pocas horas, una cifra algo superior al medio centenar de hombres de la derecha política acudieron al cuartel para ponerse a disposición de la fuerza.

A todo esto, la izquierda no dio señales de vida ostensibles. El mismo día del Alzamiento, siete u ocho del Frente Popular fueron detenidos, si bien a las tres o cuatro horas estaban de nuevo en libertad.

El 22 por la mañana, la Guardia Civil marchó concentrada a Pozoblanco; con ella se trasladaron algunos derechistas. La población continuaba en calma. Los hombres incorporados al Alzamiento procuraban reunirse en casas y en otros centros y, aunque manejaban armas, procuraban exhibirlas lo menos posible. Añadamos, que cada par de días, un grupo de guardias y milicias procedentes de Pozoblanco llegaba a Alcaracejos, recorría las calles y a las pocas horas regresaba al punto de partida. En una de esas rondas, cuando la patrulla pasaba por la calle que ahora llaman Antonio López, la señora Mónica Jurado Rodríguez, que tenía un hijo guardia, Martín Benítez Jurado, cuando intentaba desde dentro abrir la puerta de la casa para ver el paso de las fuerzas, giró la barra tranca del postigo sin presentar su figura. Los guardias, al notar aquel movimiento creyeron que fuera un arma de fuego. Dispararon y cayó muerta en el acto.

             Algunos proletarios de Alcaracejos habían incitado a sus camaradas de Espiel, en el sentido de que les resultaría fácil adueñarse del pueblo. Al fin, el 27, sobre las cinco de la tarde, ocuparon el pueblo sin encontrar la menor resistencia. Acto seguido comenzaron las detenciones de adversarios. Juntaron unos sesenta.

Esperaban los de Espiel que una columna nacionalista, que había salido de Pozoblanco hacia Hinojosa sobre las once de la mañana, regresara a la caída de la tarde. Decidieron atacarla en el lugar más favorable a sus intentos. Con tales miras se parapetaron en unos paredones que había junto a la margen sur de la carretera, a la altura de una ermita y del cementerio municipal, situados ambos en la margen opuesta (aquellos paredones en la actualidad ya no existen por cuanto el expresado recinto se ha convertido en terreno edificable y tiene construcciones). Cuando, de regreso, pasaba el primer camión de la columna, lo tirotearon. El camión se desvió a la izquierda, se paró y contraatacó a base de fuertes descargas. La agresión de los espieleños terminó en un instante, tan rápidamente que los otros camiones que le seguían no tuvieron ocasión de disparar. En aquella corta refriega, nadie murió, ni de los agresores ni de los agredidos. Lo que sí ocurría es que los expedicionarios de Pozoblanco transportaban dos cadáveres: el pozoalbense Rafael Díaz Amor y el belalcazareño Joaquín Rubio Solís, que habían caído en el enfrentamiento con los de Pueblonuevo del Terrible, dentro del casco urbano de Hinojosa.

El eventual contraataque de la columna de Pozoblanco repercutió en tal medida sobre los de Espiel, que abandonaron Alcaracejos sin más ni más. Los detenidos volvieron a sus hogares y las derechas siguieron mandando en la población, sin desórdenes, y sin que ya a estas alturas las fuerzas de Pozoblanco volvieran a visitar Alcaracejos cada dos días. Nada se movió hasta el quince de agosto. Al conocerse la rendición de Pozoblanco, los frentepopulistas recuperaron el poder sin que mediara oposición[1].

Muertes: a manos nacionalistas cabe adjudicar la de la señora Jurado; a las de los revolucionarios, las que figuran en la relación del libro tantas veces citado del Padre S.J. Bernabé Copado.



[1] Me facilitó datos Claudio Muriel Rísquez, de Alcaracejos.

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