La obra completa es “La comarca de Pedroches (Córdoba) al
comienzo de la Guerra Civil Española (1936)”, Antonio Leal Márquez, 1985,
editado por CEDECO, Madrid.
Era Alcaracejos un pueblo alegre y desenvuelto, donde
convergían lo rural y lo minero, donde se vivía bien y con cierta holgura
económica media, lo que impedía -en alguna medida- las exaltaciones de clase.
Esto no quiere decir que en la primavera de 1936 no se observara el ambiente
político “cargado de inquietudes”.
Izquierda y derecha hacían todo lo
posible por fomentarse y organizarse. Socialistas y comunistas asumían la
dirección frentepopulista local bajo las presidencias de Manuel López Expósito
y Espiridión Tena López, respectivamente. El núcleo de la derecha contaba con
unos jóvenes falangistas bajo la jefatura del joven Humberto Alcalde García –
Arévalo, y la mucho más poblada Acción Popular, a cuyo frente operaba Rafael
Alcalde Rodríguez.
Por su parte, el puesto de la Guardia
Civil contaba con el cabo y dos parejas de infantería. El estado de guerra se
proclamó en la mañana del 19 de julio. A las pocas horas, una cifra algo
superior al medio centenar de hombres de la derecha política acudieron al cuartel
para ponerse a disposición de la fuerza.
A todo esto, la izquierda no dio
señales de vida ostensibles. El mismo día del Alzamiento, siete u ocho del
Frente Popular fueron detenidos, si bien a las tres o cuatro horas estaban de
nuevo en libertad.
El 22 por la mañana, la Guardia Civil
marchó concentrada a Pozoblanco; con ella se trasladaron algunos derechistas.
La población continuaba en calma. Los hombres incorporados al Alzamiento
procuraban reunirse en casas y en otros centros y, aunque manejaban armas,
procuraban exhibirlas lo menos posible. Añadamos, que cada par de días, un
grupo de guardias y milicias procedentes de Pozoblanco llegaba a Alcaracejos,
recorría las calles y a las pocas horas regresaba al punto de partida. En una
de esas rondas, cuando la patrulla pasaba por la calle que ahora llaman Antonio
López, la señora Mónica Jurado Rodríguez, que tenía un hijo guardia, Martín
Benítez Jurado, cuando intentaba desde dentro abrir la puerta de la casa para
ver el paso de las fuerzas, giró la barra tranca del postigo sin presentar su
figura. Los guardias, al notar aquel movimiento creyeron que fuera un arma de
fuego. Dispararon y cayó muerta en el acto.
Algunos
proletarios de Alcaracejos habían incitado a sus camaradas de Espiel, en el
sentido de que les resultaría fácil adueñarse del pueblo. Al fin, el 27, sobre
las cinco de la tarde, ocuparon el pueblo sin encontrar la menor resistencia.
Acto seguido comenzaron las detenciones de adversarios. Juntaron unos sesenta.
Esperaban los de Espiel que una
columna nacionalista, que había salido de Pozoblanco hacia Hinojosa sobre las
once de la mañana, regresara a la caída de la tarde. Decidieron atacarla en el
lugar más favorable a sus intentos. Con tales miras se parapetaron en unos
paredones que había junto a la margen sur de la carretera, a la altura de una
ermita y del cementerio municipal, situados ambos en la margen opuesta
(aquellos paredones en la actualidad ya no existen por cuanto el expresado
recinto se ha convertido en terreno edificable y tiene construcciones). Cuando,
de regreso, pasaba el primer camión de la columna, lo tirotearon. El camión se
desvió a la izquierda, se paró y contraatacó a base de fuertes descargas. La
agresión de los espieleños terminó en un instante, tan rápidamente que los
otros camiones que le seguían no tuvieron ocasión de disparar. En aquella corta
refriega, nadie murió, ni de los agresores ni de los agredidos. Lo que sí
ocurría es que los expedicionarios de Pozoblanco transportaban dos cadáveres:
el pozoalbense Rafael Díaz Amor y el belalcazareño Joaquín Rubio Solís, que
habían caído en el enfrentamiento con los de Pueblonuevo del Terrible, dentro
del casco urbano de Hinojosa.
El eventual contraataque de la
columna de Pozoblanco repercutió en tal medida sobre los de Espiel, que
abandonaron Alcaracejos sin más ni más. Los detenidos volvieron a sus hogares y
las derechas siguieron mandando en la población, sin desórdenes, y sin que ya a
estas alturas las fuerzas de Pozoblanco volvieran a visitar Alcaracejos cada
dos días. Nada se movió hasta el quince de agosto. Al conocerse la rendición de
Pozoblanco, los frentepopulistas recuperaron el poder sin que mediara oposición[1].
Muertes: a manos nacionalistas cabe
adjudicar la de la señora Jurado; a las de los revolucionarios, las que figuran
en la relación del libro tantas veces
citado del Padre S.J. Bernabé Copado.

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