sábado, 20 de julio de 2019

Recuperando Patrimonio: La Ermita de San Andrés

           
Fachada principal: Antes y ahora
 
Era una obra reclamada por el pueblo, por la gente normal, de dentro y de fuera. También desde este blog y desde algunos medios y plataformas culturales de la provincia. Era demandada por el conjunto del pueblo, porque muchas personas en ese pequeño templo, mezcla de cortijo andaluz y ermita de pueblo de los 50, allí se casaron, allí bautizaron a sus hijos, allí celebraron los funerales de padres y abuelos. También allí, entre la sencillez de su bóveda, anidan villancicos y está el sonido del órgano / armónium de Vidal, el sacristán. Demasiados y recientes recuerdos para dejar que se pierdan por la alcantarilla del tiempo. Muchas Semanas Santas con las imágenes cubiertas por los paños morados, muchos Corpus Christi con campanas de fondo, muchas Virgen de Guía con el olor a pólvora, muchos niños y niñas recitando poesías a la Virgen en el mes de mayo. No, ese edificio que durante veinte años cobijó todo eso y mucho más, no se le podía dejar caer. Alcaracejos perdió ya una singular iglesia en la Guerra Civil y nadie puede pedirnos que por la horrenda burocracia volvamos a perder otra. Sin ánimo de polemizar respetamos otras opiniones, pero mantenemos nuestra discrepancia. Creo que en este asunto, como en otros, la papelocracia - que sin duda es importante- hay que relativizarla un poco. Estoy seguro que los asuntos pendientes se resolverán. Mientras tanto el inmueble, ya está dando servicios y ha aumentado nuestro escaso patrimonio arquitectónico.
Patio interior y campanario: antes y ahora
            Entiendo que en ese marco se produce la cesión del uso de esta ermita por la Diócesis de Córdoba al Ayuntamiento y su posterior restauración. El local podrá ser Museo de Hermandades y Cofradías y salón de actos para exposiciones y actividades. Se excluyen actos políticos y sindicales y cualquier actividad que vaya contra “lo católico”. También “es incompatible su utilización por Cofradías y Hermandades de Alcaracejos en Semana Santa y resto del año”. Avisando, podrá servirse de este espacio la Parroquia de San Andrés para actividades que le son propias.
Nave interior: antes y ahora
            Salvando el tejado, el estado del edificio era deprimente. Su deterioro y abandono causaba además de impotencia, pena e indignación. El proyecto ha costado 52.500 € de los que 10.000 han sido responsabilidad del Obispado, saliendo el resto de las arcas municipales. La obra supervisada por Dª Cristina García Arévalo, Arquitecta Técnica en el Ayuntamiento de Alcaracejos, ha respetado el proyecto original de los años 40 (1946) de Regiones Devastadas. Así se ha mantenido el suelo, los huecos de las ventanas, el coro, el espacio ocupado por la pila bautismal, la zona del presbiterio, etc…
            Desde el 24 de febrero de 1966, fecha en la que se inauguró el edificio – nave de la actual parroquia, esta exparroquia provisional se destinó a varios usos, entre ellos almacén, local de una cooperativa de mujeres de Corte y Confección, sala de algunas reuniones y salón de homenaje a los mayores.
Vista general del interior:antes y ahora
            El pasado 25 de mayo tuvo lugar su apertura al público. Me constan los ohes de admiración de los visitantes por la magnífica terminación del proyecto. Desde aquí animamos a la nueva Corporación de Alcaracejos, a entidades y personas preocupadas por la cultura – mojinas o no - a plantear iniciativas que permitan rentabilizar las inversiones realizadas para beneficio del pueblo y de la Comarca.
            Particularmente, estoy convencido de que la precisa y preciosa rehabilitación de este edificio ha levantado el ánimo y la ilusión en el corazón de much@s mojin@s.
      Las fotografías de antes (Febrero 2019 hacia atrás) y después (Mayo 2019) han sido cedidas gentilmente por Francisco Adrián Sánchez Hospital. Las tres que siguen pertenecen a Víctor Merchán.

Vista parte lateral - trasera
Puerta de entrada y antiguo Coro

Perspectiva interior desde el Coro
Fuentes: Programa de Feria de Alcaracejos 2019, pág 53.- Convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Alcaracejos  y la Diócesis de Córdoba de 19 de diciembre de 2018 y Concejalía de Cultura del citado Ayuntamiento.

jueves, 18 de julio de 2019

Camino mozárabe en Alcaracejos: Desde el Guadalbarbo al Cuzna

Plano general del recorrido
            Todos los caminos son algo más que una ruta, unos kilómetros por hacer. Todos los caminos tienen una historia, un relato por contar. En ellos están los tratos de comerciantes, los carros de los cosarios, asaltos de bandoleros, las pisadas aborregadas del ganado, las huellas violentas de los guerreros, las marcas del caminante, los vestigios de la tradición, los rezos de los peregrinos, las voces y los silencios de los que pasaron por allí, sus pensamientos, sus sentimientos,….un camino es siempre un baúl alargado lleno de recuerdos y de rincones. En él, los descansaderos se mezclan con fuentes y manantiales; el aroma salvaje y penetrante de algunas plantas se fusiona con los perfiles de lejanas montañas legendarias. Los caminos nos hablan de soledad y compañía a la vez, de palabras colgadas de los árboles y de trinos de pájaros grabados en el viento, de peñascos limados por traseros tratados como asientos. Hay que escuchar con los ojos y ver con los oídos para apreciar la inmensidad de un humilde camino. El hacer caminos nos transforma en ciudadanos de un mundo con encanto, casi mágico, y nos hace mejores. El camino nos habla al son de las pisadas. No todo el mundo puede escucharlo, pero merece la pena intentar compartir ese diálogo.

            Corría el año 2018 cuando explicamos, lo mejor que se pudo, el recorrido que une el río Cuzna y su Molino Horadado con Alcaracejos por el Camino Mozárabe. Este 2019 queremos ilustrar esta ruta desde el Guadalbarbo al Cuzna mostrando algunos datos de interés.
            Venimos de Villaharta[1]. Acabamos de bajar un descenso largo pero no muy pronunciado. Estamos a siete kilómetros de esta villa y a diez del Puerto Calatraveño[2], en plena Calzada Real Soriana: vamos hacia el Norte, atravesamos el Guadalbarbo[3] por el vado de Venta de Arenales, aún en término de Espiel, pero si fuera subido de tono, existe una pasarela 200 metros aguas arriba. Es ahí donde fijamos nuestro punto de salida e iniciamos nuestra narración. El río custodia una vegetación de soto con adelfas, fresnos, álamos, quejigos y tamujos. Unas decenas de metros más y estamos en tierras de Alcaracejos. Las aguas del Guadalbarbo siguen bajando buscando el Guadalquivir hacia nuestra derecha delimitando la frontera sur del término de Alcaracejos mediante unos característicos meandros.
            Seguimos la marcha y, a lo largo de un kilómetro, subimos un gran cerro por medio de un regajo pasando junto al cortijo de la Estanquera o de Felipe. La Cañada está cubierta por monte bajo muy denso y extensos olivares la rodean a más de 600 m de altura.
            Estamos en la Sierra, una Sierra repleta de olivares. Un verdadero tesoro verde y vegetal que sigue siendo fuente considerable de ingresos y que nos retrotrae a tiempos pasados. La cultura del olivar en los Pedroches[4] es casi inabarcable. Quién no ha oído cantar esta jotilla:
“Los amores de la Sierra (bis),
Son amores de fortuna,
Que te quiero y que te adoro
Mientras dure la aceituna”
Y aquella otra letra:
Cogiendo la aceituna se hacen las bodas.
Quién no va a la aceituna no se enamora.
¿Qué tendrán, madre, para cosas de amores,
Los olivares.
            A nuestra izquierda aparece el Cerro del Germo, 647 m., hoy propiedad particular, un cerro característico. En él podemos ver algunas construcciones. Debajo de él, el camino sigue dentro de la Cañada. En lo alto están las ruinas de la Basílica Visigoda del Germo[5] y restos de un monasterio en sus alrededores inmediatos, hoy todo inaccesible sin permiso. El Camino Mozárabe / Cañada Real Soriana es la divisoria de los respectivos términos de Alcaracejos y Espiel, perteneciendo los vestigios citados a este último. Algunos autores, sin buena información han hablado de estas piedras como si fueran de Alcaracejos, pero no es así.     
       Seguimos bordeando el perímetro del cerro y llegamos a una bifurcación: a la derecha se queda el Peñón del Lazarillo con su cortijo y el Arroyo del Musgaño, que baja circunvalando la altura de la Chimorra[6], hacia el NE, con sus 959 metros. Hacia el Sureste, continúa el carril que nos llevará a los Molinos de la Gargantilla, a unos 7 kilómetros. Los peregrinos, siguiendo la señalización se dirigirán hacia la izquierda. Estamos rodeados de inmensos olivares.

            A pocos metros de la desviación, a la izquierda, se abre un sendero en cuesta: es el camino que nos llevaría a las ruinas del Germo. Una hercúlea cancela nos cierra el paso. Los azulejos muestran el nombre de Yasmina Moreno.
            Algo más adelante, oculto en la maleza, en la margen derecha, duermen los restos de un dolmen debajo de una encina. Para verlos hay que salirse del camino. Pepe nos cuenta que fue la mano torpe de una potente máquina la que lo destrozó. Durante siglos estuvo más cerca del camino, pero al parecer molestaba su ensanche y claro ¡lo empujaron! El no tener catalogado nuestro patrimonio permite que este tipo de cosas ocurran y, además, permanezcan impunes. ¡Todo un despropósito!.
            En las inmediaciones del dolmen, siguiendo el camino, a la derecha nos encontramos con La Chimorra de Mancebo. Tras su verja un paisaje profundo en el que se aprecian pinos y olivos. A su entrada hay un enorme peñasco con una flecha amarilla que nos invita a seguir hacia delante. Pepe comenta que, por su forma, podría tratarse de un menhir aunque no tenemos datos que lo certifiquen. Un posible menhir que reposa acostado por el paso del tiempo.
            Estamos en el tramo Camino de las Gitanillas[7], unos 4’5 km, limitados por alambradas, desde la curva del Cerro del Germo hasta el puente del Arroyo del Lorito. Al frente, que es oeste, destacan algunos montes gestionados por Medio Ambiente, entre los términos de Belmez y Espiel, como el Cerro Sordo, la Zarca y el sobresaliente cerro de Peña Crispina. La Cañada por aquí varía entre los 40 - 70 m. de anchura y transcurre entre los 600 - 700 m. de altitud.
            Sin que nos demos cuenta, ante nuestros ojos, tranquilo, cruza un zorro. Atraviesa el camino y se pierde en la maleza del monte bajo. No nos da opción a foto. Nuestros ruidos espantan una urraca de la rama de un árbol. De vez en cuando vemos rabilargos. En el cielo, muy altos, buitres leonados dan vueltas en círculos explorando el terreno. Todos son fauna de la zona. Un privilegio más que habrá que saber cuidar.           
Después de una curva aparece la vasta explanada de Venta Vegas, limitada en su izquierda por una loma del mismo nombre de 693 metros de altura. Toda la terraza es Cordel que durante un gran tramo acoge en su seno al Camino Mozárabe y al cauce del Arroyo del Lorito. Con su omnipresente flecha amarilla, enseguida nos reciben unas ruinas de al menos dos edificaciones: corresponden a una vieja herraduría[8] y una cuadra, o algo parecido, más pequeña. El nombre de Venta Vegas unido a la casa y oficio de un herrador dispara la imaginación y nos hace pensar que aquella extensión habría sido lugar de cambio de caballerías, descanso de viajeros, herraje de caballos, lugar de encuentro de arrieros, etc.

            A la izquierda una bifurcación que no seguimos, justo antes del puente, nos conduciría al Cerro de los Dólmenes, a unos dos kilómetros. Ese cerro, según Pepe nos cuenta, está relacionado con la cultura calcolítica[9], en término de Espiel.
            Cruzamos el viejo puente sobre el Arroyo del Lorito y entonces el Camino, Cañada y corriente giran rotundamente hacia la derecha, hacia el Norte, dejando a la izquierda una carretera terriza que va a salir a la N – 502, al kilómetro 383’800. Hacia arriba, a lo largo de un kilómetro, más o menos, Arroyo, Cañada y Camino avanzarán paralelos, ofreciendo un recorrido con tres personalidades y tres historias distintas, pura oferta de tres en uno.
            Al final de ese paralelismo, el Arroyo del Lorito se desvía hacia la derecha, pero nosotros seguimos recto iniciando el ascenso de unos dos kilómetros de longitud hacia el Puerto Calatraveño (750 m.).
            El camino que se debe seguir ahora no va exactamente por el interior de la Cañada, sino que en determinados lugares la abandona para aprovechar zonas con menor pendiente, quedando siempre a una corta distancia. Las encinas se sustituyen por olivares, lo cual permite ver con claridad la Cañada, respetada por los propietarios colindantes y donde prolifera el monte bajo. Es fácil de ver una franja de arbustos entre tierras de olivar, con frecuencia, cultivadas.   
    A la derecha aparecen lo légamos[10] de la Mina Guillermina[11] y a un par de minutos vemos el yacimiento abandonado de barita, al que se puede acceder por un camino, a la derecha. Justo detrás del edificio del ventorrillo derruido hay un portón.
       El viejo Ventorrillo del Cachorro[12], en palabras y plano de D. José Ventura de 1921, está prácticamente en ruinas. Tiene unas
fotos, pues a pesar de su deterioro desprende cierta belleza. Restos evocadores de viajeros, carruajes, cosarios, comerciantes y ganado. Al lado hay un cortijo con gente todavía y unos perros que avisan pronto de su presencia.
            Seguimos subiendo. El Camino – Cañada sigue paralelo a la carretera N 502. Un carril, a la izquierda, a modo de vía de escape, nos lleva al Puerto Calatraveño con su Serranilla del Marqués de Santillana[13] y el bronce de Aurelio Teno, Monumento Raíces de los Pedroches, inaugurado en 1994. “La escultura representa al “Hombre de los Pedroches”, caracterizado por la fuerza y el vigor, mitad campesino y mitad ganadero. Su cuerpo tiene forma de tronco de encina, elevándose desde la tierra pero, a la vez, aferrándose a ella. Sobre sus manos exhibe el premio que esta le proporciona, fruto de su trabajo y su esfuerzo personal, un trofeo que muestra al mundo mientras su cabeza se vuelve a la tierra que le da vida”[14]. La altura de la escultura constituye un perfecto mirador de la altiplanicie de Los Pedroches. Enfrente, al otro lado de la carretera está la cueva – vivienda de Juan Palomo, bandolero, uno de los siete niños de Écija que estuvo por estos parajes a principios del siglo XIX.
            Volviendo sobre nuestros pasos recuperamos la ruta mozárabe perfectamente señalizada. Obedecemos la señal girando ahora a la izquierda, buscando el Norte. Empezamos el descenso del Calatraveño que hasta el cruce con el Camino de la Falda de la Sierra nos mantendrá ocupados unos dos kilómetros. A nuestra derecha nos acompaña el Arroyo del Puerto. El Camino mozárabe sigue siendo Cañada Real.
     Llegado el momento, bajamos una pendiente considerable muy pedregosa. Al final aparece un pequeño rellano con una desviación a la derecha que nos conducirá al Barranco de la Calera. Los peregrinos deben seguir rectos e inmediatamente, a su derecha, encuentran una casilla reformada, con una sola planta. Se trata de La Molineta. A su derecha, hacia el Este, pasa el Arroyo de las Burras y en su entorno podemos ver las ruinas de la primitiva “molineta”, molino de aceite muy pequeño que da nombre a la zona. Por aquí se aprecian alcornoques, mirtos y pinos piñoneros.
   El camino ahora es suave y a lo largo de él podemos encontrar coscojos (dan bellotas chiquitas), quejigos (forman agallas[15]), aulagas, lentiscos, mirtos (arrayán), madroños, acebuches, retamas, esparragueras, jaras… formando un conjunto natural indescriptible. Avanzando el camino se ven algunas acumulaciones de pinos.
    De pronto nos sorprende un nuevo descansadero, con techo y asientos. Un verdadero lujo. A su lado una fuente de agua potable, gentileza del cortijo vecino, de la familia Cerezo Gálvez, según consta en la placa de agradecimiento de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago - Camino Mozárabe (23 de enero de 2016). Se trata de la Fuente de San Juan, dedicada a Juan Cerezo Gálvez.
    Seguimos bajando y llegamos al cruce del Camino Mozárabe con el Camino de la Falda
          
de la Sierra o de las Cuatro Casillas que hacia su derecha nos lleva a los Olivares de la Aliseda, y Venta de la Maña (Carretera de Pozoblanco a Villaharta) y por su izquierda sale a la Venta Durán, en la N-502. Este camino cruza el término de Alcaracejos de NO a SE.
            Atravesamos esa gran pista y siguiendo por la Cañada Real Soriana – Camino Mozárabe nos encontramos con el Arroyo de la Aljarilla. Más hacia delante, a la derecha, está el Cortijo Carboneras rodeado de su enorme coto de caza mayor y dónde se organizan monterías de ciervos y jabalíes.
            A un kilómetro, más o menos, el camino sigue recto y hacia el Norte para llegar al Cortijo de la Hoyariza y haciendo alguna curva en su trazado llegamos, bajando, al rio Cuzna y al Molino Horadado, punto de conexión con el recorrido que se publicó en el programa de feria del año pasado (2018). Es por tanto nuestra meta final.

López Navarrete, José * Muriel Gomar, Sebastián
Con la ayuda de Lorenzo Pauner Fresquet
Publicado en el Programa de Feria de 2019








[1] Desde Villaharta a Alcaracejos hay unos 35’5 kilómetros por el camino y no existe ningún tipo de alojamiento.
[2] La Cañada Real Soriana – GR-40.- Excma. Diputación Provincial de Córdoba, 2001. Págs 60 – 62.
[3]Teres, E: Materiales para el estudio de la toponimia hispano – árabe.- Nómina fluvial. Tomo I – Madrid, 1986 – pág 323. Dice Covarrubias que este nombre equivale a “Río de los bornes” y Fermín Caballero, “Río de los barbos”. Asin Palacios lo identifica con Wādí – l – Barbar, ‘rio del Bereber’; los traductores de Muqtabas, V, piensan que este Wādí – l – Barbar debe aludir al actual Guadalbarbo, por tanto, habría de interpretarse como ‘Río de los Bereberes‘.
[4] Es de interés el libro “Olivar de los Pedroches (Tradiciones y Folklore)”. Moreno Valero, M., Córdoba, 1987.
[5] Siglo VI. Estilo norteafricano. De planta basilical de 19 x 13m, con tres naves separadas por soportes rectangulares y dos ábsides contrapuestos, que comunica en el lado sur con otra construcción alargada, también de doble ábside que contenía una pila bautismal ovalada. También existía un pórtico lateral en el costado norte. Parece que siguió siendo utilizada después de la invasión árabe. Algunos autores sitúan aquí el monasterio mozárabe de San Justo y Pastor, al que perteneció el monje mártir San Leovigildo, fallecido en Córdoba 20 / 08 / 852.
[6] Carlos Pau Español, importante botánico contemporáneo español, visitó  esta parte de la Sierra Morena cordobesa durante los días 12 al 22 de Mayo de 1920. El resultado de esta corta estancia fue la publicación de un trabajo, “diez días en Sierra Morena”, donde cita 26 taxones raros, de los cuales cuatro eran especies nuevas para la ciencia. En este trabajo, aparte  de los comentarios científicos aparecen otros que nos permiten indagar sobre la situación de esta zona por aquellos años. P.e.: nos habla de la existencia de algunas cuevas y abrigos adaptados a vivienda en la zona sur del término municipal de Pozoblanco y Alcaracejos, en las sierras que ostentan las mayores altitudes de la mitad norte de la provincia de Córdoba.
[7] Diario Córdoba, José Aumente Rubio: “Camino Mozárabe de Villaharta a Alcaracejos I y II” – Marzo –Abril ,2004.
[8] http://adelantobanezano.com/?p=5661 : muy ilustrativo para los amantes de este oficio.
[9] Período prehistórico posterior al Neolítico y anterior a la Edad del Bronce. Se caracteriza por la utilización del cobre en utensilios y armas. Sinónimo de eneolítico.
[10] Cieno, lodo o barro pegajoso procedente de la explotación minera.
[11] En ella se extraía baritina, relleno considerado ganga que acompaña a los filones de plomo y cinc. Pero en el s XX tuvo gran importancia para la industria. Córdoba llegó a ser líder nacional, llegando a extraerse aquí más del 80 % de la producción nacional. En 1984 tenemos el último dato de su producción que fue de 24.750 toneladas. Fue abandonada a finales del s.XX, afectada por la crisis del petróleo. Se pueden apreciar parte de sus instalaciones y en especial el túnel, de varios metros de anchura y altura y con una pendiente del 14 %, por el que los camiones sacaban a la superficie el mineral.
[12] Su imagen trae a colación unas hermosas palabras e Juan Benet (1977): “Cuando veo una casa lujosa no me fijo en ella, no me llama la atención; sin embargo, cuando veo una casa en ruinas, lóbrega, con el jardín destrozado, las tejas rotas y con una cortina vieja sobre la puerta, puedo pasarme horas y horas  preguntándome qué pasó allí, quién la habitó, cómo ha quedado en ese estado y qué puede ocurrir todavía en ella”.
[13] 1370: aunque es hipotético el año, y la noticia hay que recogerla con reservas, por estas fechas, cruzaría el Marqués de Santillana “la vía del Calatraveño” y compondría la deliciosa Serranilla: La Vaquera de la Finojosa. Redondo Guillén, F.: Pozoblanco, Capital de los Pedroches. Edita Ayuntamiento de Pozoblanco, 2002, pag 41.
[15] Las agallas son estructuras de tipo tumoral inducidas por insectos y otros artrópodos, nemátodos, hongos o bacterias. Se trata de la respuesta del vegetal a la presencia del parásito con un crecimiento anómalo de tejido que intenta aislar el ataque o infección.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Entrevista a Ani Fernández Caballero

2006 09 11 Ani: Labores de costura
            Es primero de mayo. Luce el sol. Media mañana. Estamos en la calle Real. Ani, con sencillez, nos recibe en su casa vestida de hospitalidad. Su mirada es directa y transparenta una cálida bienvenida. Con una amplia sonrisa manifiesta su indiscutible disposición para el diálogo. La penumbra de la entrada no impide ver que los adornos y el suelo de la casa brillen como astros: casi tililan. La casa rezuma limpieza por sus cuatro costados. Una salita, coqueta y acogedora, tras la cancela, es el escenario elegido para compartir un rato que promete. Ani y Cati tienen muchas cosas que contar.
Los padres
            Mis padres fueron Eleuteria Caballero Rodríguez y Miguel Fernández Pedrajas. Vidal era una especie de sobrenombre, un apodo cariñoso que mi padre aceptaba con gusto. Se casaron sobre 1939 – 40. Suponemos que más o menos al acabarse la guerra civil. Cati, la hermana mayor, nació en 1941. “Mi madre tenía 22 años cuando se casó”, nos asegura.
            Fueron de viaje de novios a la Sierra, al “Cortijo de los Tamojosos”, que eran familia. “Mi madre se casó de negro: tenía luto por su madre”. Mis padres contaban que tuvieron algo de miedo pues por esas fechas, como consecuencia de la guerra, había hombres armados escondidos por el campo. Además, en el cortijo, aparte de la soledad no tenían luz. Pero vamos…..a mis padres no les pasó nada.
            Tuvieron seis hijos: Cati, Virtudes, Manuel, Ani, Pepe y Mª Ángeles. Manuel murió muy niño.

Sobre su madre:
            Eleuteria, mujer generosa, hogareña y tranquila se dedicó siempre al trabajo de la casa. Organizar la vida de nueve personas no fue tarea fácil. Buena administradora en unos tiempos en los que no faltaba pero tampoco sobraba. La matanza de tres cerdos cada año era una excelente ayuda para la economía familiar. Calificada como buena cocinera, a veces hacía hasta el pan. También preparaba dulces caseros para las fiestas, sobre todo para Navidad, San Sebastián, etc… A veces contaba con la ayuda de Josefa, madre de “Mari la de la tienda”, casada luego con Antonio Lisedas.
            El pan, hecho en casa, lo llevaban en tableros sostenidos en la cabeza con la protección de “la roilla” a la panadería de “Suave”, que estaba donde hoy vive Miguel Santos. Allí lo cocían. De vez en cuando también llevaban tortas de aceite.
            Ani recuerda que cuando nació su hermano Pepe, su madre no lo podía criar. No sabe cómo Florián, el Alcalde, podía disponer de leche condensada para criar a su hijo Rafael. Entonces Manuela, esposa de Florián, le pasaba latas de leche condensada para poder alimentar bien a su hijo Pepe.

Sobre su padre
            Ani comienza diciendo que el primer trabajo de su padre lo tuvo cuando cumplió los diez años: su abuelo, padre de Vidal, se comprometió a llevar una mula a Córdoba y se lo encargó a su hijo. No tuvo más remedio que ir. Hizo noche en Cerro Muriano. Conocidos de la familia lo quisieron colocar en Córdoba, pero su padre no quiso.
            Su abuelo paterno tenía un bar en la calle Jesús y por él pasaban carpinteros de Añora y de Villanueva del Duque para convidarse. Seguramente, continúa, que mi abuelo les comentaría algo de mi padre y acordaron que se fuera a Añora para aprender el oficio. Estuvo con uno que le decían el “Cuatro Mulas”. También pasó una temporada formándose en Villanueva del Duque.
            Su primera carpintería la puso en la calle de la Fuente “en los portones de Domingo”, padre de Encarna, Rafael y Pablo. La segunda estuvo en la calle Jesús y la tercera en la calle Queipo de Llano, hoy Real nº 15. Ana explica que esta última era un gran solar. Lo recogió de aguas y la carpintería funcionó allí durante diez o doce años. Estamos hablando de principios de los sesenta.
Nietos de Vidal en su carpintería: José Miguel, Miguel Ángel y Fernando
(de izquierda a derecha) 20.08.1988
            Pocos años después empezaron a fabricarse carros de hierro lo que supuso un auge de lo metálico en detrimento de la madera; Vidal siguió arreglando los carros de madera que quedaron y montó una serradora: cortaba maderas a medida para sus clientes. Lo estuvo haciendo alrededor de quince años. La serradora se instaló en el patio de atrás y en la parte de delante estuvo el taller hasta que hicieron la casa.
            Sus herramientas las tenemos todas guardadas en cajas: cepillos, sierras, gubias, escoplos, martillos,…dos o tres cosas las recogió José Merchán. Puestos al habla con él nos informa que las regaló.
            Vidal siempre fue carpintero. En la Primera Feria Provincial de Mayores, celebrada en Alcaracejos el 2009, le dieron un homenaje al nombrarlo el mayor del pueblo por sus 98 años. En el mismo acto el cantante almeriense, Manolo Escobar (1931 – 2013), recibió el reconocimiento de la feria por su trayectoria, aunque sólo cantó tres fragmentos de sus coplas. Otra protagonista de la jornada fue Josefa Blasa Sánchez, que a sus 101 años viajó desde Añora para recibir el título de “la mayor de nuestros mayores”[1].
2009: Homenaje a Vidal
            Miguel – Vidal – murió en el 2010 a la edad de 99 años.

Háblanos de la casa dónde naciste:
            Mi nacimiento tuvo lugar pocos años antes de la mitad del siglo pasado. Mis padres vivían en una casa en la calle Sol muy próxima al actual grupo escolar. Tenía cinco dormitorios y una cocina muy grande donde se hacía la vida. Al fondo, a la izquierda, estaban las cuadras. Tenía como tres patios. Uno era una especie de gran corralón donde estaba el pajar, los comederos de los mulos, la zahúrda, un apartado para las gallinas, etc…Junto a la puerta de la calle estaban los portones, una segunda entrada por donde mi tío Ambrosio, hermano de mi madre que vivía con nosotros, metía el carro y los animales. Se comunicaba con la casa por detrás. Por supuesto que no había cuarto de baño.
Ambrosio Caballero Rguez,
 tio de Ani
            La casa fue mejorando con pequeñas obras: recuerdo que mis padres hicieron una cocinilla para mayor comodidad.
            Ani comenta que desde su casa, al Este, veía la huerta de Sinforiano, ahora colegios, y le daba miedo de la luna. Hacía el Oeste, la imagen del perfil de la vieja iglesia – rota y hundida – la sobrecogía.

Vecinas de la calle Sol
            Entrañable era la abuela Dionisia, viuda, con tres o cuatro hijos que tenían fama de pertenecer a la izquierda radical. A pesar de esto, Ani cuenta que avisaron a su tío Ambrosio de que iban a por él y este estuvo escondido tres días en la galería de un pozo de medianería: suministraba agua a la abuela Dionisia y a los abuelos de Ani.
            Enfrente vivía Eloisa, muy buena mujer y muy amiga de su madre.
            La familia de la abuela Tomasa estaba relacionada con la manufactura de sogas, esterillos, serones, etc….utilizaban el esparto y el cáñamo. Era gente que procedía de la Mancha. Se compraron una casa y se quedaron a vivir.

Sus primeras amigas
            Mis primeras amigas fueron Ascensión Caballero (hija de Josefa y Rafael); Pepi Fernández (hija de Josefa y de Miguel. Miguel trabajaba en el Ayuntamiento); Manoli Rísquez (Hija de Manuela y de Florián, que fue Alcalde); Casimira Salado que se fue a Barcelona; Dami Ranchal que trabajó en Telefónica, etc…Jugábamos a las casitas, pero también nos gustaba salir a enredar fuera de las casas: íbamos al Calvario a jugar a la pelota o pasear por la carretera de Pozoblanco por la que, entonces, no pasaban coches. Cualquier sitio era bueno para jugar a balón prisionero, al truque, al corro, llamábamos a las puertas, etc… A veces metíamos guindillas dentro de una lata con ascuas y la poníamos dentro de las casas… la gente empezaba a toser y nosotros … ¡¡ a correr!!
            Las ruinas de la Iglesia vieja era un sitio estupendo de juego: allí hacían “morcilla” con ladrillos rojizos molidos y correteaban entre sus muros caídos. Con tozos de yeso de imágenes rotas, seguramente ángeles, pintaban el truque en el suelo.
            El día de San Sebastián lo recuerda especialmente pues se subía al Santo para comerse el hornazo y se jugaba toda la tarde[2]. Aprovechando el desnivel del cerro “se jugaba en los terraplenes de la ermita y en los de la cuesta. El que la debe se pone abajo y los demás, arriba. El que la debe dice: Subid arriba. Los demás contestan: Arriba estamos. Bajad abajo. Todos: No queremos. Ahora veremos. Va hacia arriba para tratar de topar a alguien, mientras los demás han de tratar de bajar abajo y subir otra vez para salvarse. Si en el recorrido es tocado por el que la debe, pasará él a deberla”. (Literal del libro de J. López Navarrete).
            Otra canción muy frecuente para jugar al corro era la de “Tres Marías van por agua”[3].

Regalos de Reyes
            Su preferido fue un muñeco grande de cartón que consiguió con los vales que les daban en la Catequesis. Los reunían durante semanas y meses y para Reyes los podían canjear por regalitos. Su hermana Virtudes le cosía ropa para el muñeco. Ani y sus hermanos tenían carteras, cuadernos, plumieres, lápices de colores, …, pero para muñecos y juguetes no había. El trabajo de su padre no daba para tanto. A veces los regalos de Reyes eran perrunas y mandarinas.

Anécdota por los Inocentes
    Felipe "Fachenda" venía con frecuencia al taller de su padre, Vidal, para jugar con su hermano Pepe. Un día de diciembre, el 28, las muchachas metimos en un saco una maza de un carro (parte central de la rueda donde encajan los radios y el eje). Lo convencieron para que cargara el saco y llevarlo desde la C/ Jesús al taller, situado en la antigua calle Queipo de Llano. La maza era de madera maciza y bastante pesada, sobre todo para un niño. Cuando se dio cuenta fue demasiado tarde. Era el día de los inocentes. Pilló un cabreo tremendo después de haber trasladado, para nada, una carga inútil y fastidiosa.

Recuerdo antiguo de su época
            Pregunto a Ani por un recuerdo antiguo de Alcaracejos y me sorprende hablándome de una enorme piedra (afloramiento granítico) que había en la puerta de la Eleuteria. Si nos situamos en el Museo de la Matanza, calle Capitán Ferrer Morales, y vamos hacia la Residencia de ancianos, en la esquina, enfrente del nº 7, había un gran pedrusco a flor de calle que formaba parte del muro de la casa y entraba en la habitación. (Coordenadas UTM 38.386933, - 4.967952). Para Ani y sus amigas esa piedra era un lugar especial por el que se deslizaban a modo de rampa natural. ¡Una delicia!
            Su edificio preferido siempre fue el Cuartel de la Guardia Civil. Le encanta.

Maestras
            Dice tener buenos recuerdos de la Señorita Mª Luisa. Pilar Espinosa le dio clase muy poco tiempo y de Dª Mª Sánchez tiene la imagen de buena maestra pero muy exigente. “De mayorcita, me molestaba muchísimo que alguna maestra mostrara públicamente sus preferencias por alguna niña que destacaba más”, continúa diciendo Ani.
            En invierno la escuela resultaba un poco triste, pues aparte del frio tenía miedo de las tormentas.

Inocentada
            Felipe (Fachenda) venía con bastante frecuencia al taller de Vidal para jugar con su hijo Pepe. Entonces las muchachas, entre ellas Ani, metieron en un saco una maza de un carro que era muy pesada. Se la cargaron al hombro y, aprovechando que iba para allá, le pidieron que la llevara desde la calle Jesús al taller, en la calle Queipo de Llano. Era el día de los inocentes. Cuando se dio cuenta se cabreó muchísimo. Se le pasó pronto. Eran bromas sin malicia, propias de la época.

La plaza
            Era un lugar muy frecuentado por muchachos y muchachas. En ella dábamos vueltas andando o nos sentábamos en los bancos. Sobre todo con el buen tiempo había mucha animación. En el kiosko de la Herminia, hija de la Marcelina, vendían algunas chuches aunque casi nadie tenía dinero para comprar. El Ayuntamiento puso un jardinero nombrado Fernando. El hombre era muy enfadón y se peleaba mucho con toda la chiquillería. Las muchachas le cantaban una canción que decía[4]:
En la plaza Alcaracejos ya no se puede jugar (bis)
Porque están los boneteros (tris)
Y se rompen al pasar.

            Otra letra, con la misma música, que podemos aplicar a otros pueblos, era:
Al entrar en Alcaracejos lo primero que se ve (bis)
Son las ventanas abiertas (tris)
Y las camas sin hacer.

            Comenta Ani que, en los bancos de la plaza, con Victorita Mengual, Anita Higuera – su prima – Ascensión, etc… interpretaban canciones del Dúo Dinámico y se reían muchísimo ante unas horrorosas imitaciones.

Algunas tradiciones
            Por San Isidro lo normal era la feria y la procesión. Ahora hacen verbena.
Sobre “las Enramadas” comenta que, aparte de alguna barbaridad sufrida, …un año le pusieron un ramo de flores con una cinta verde esperanza. Fue algo muy bonito pero no sabe quién lo hizo o, al menos, no nos lo quiere decir.
            Por San Diego se apoyaba en sus hermanas mayores para salir y después del chocolate y las gachas hacían baile y echaban un rato de risas.
            En Navidad iban por las casa cantando: “Se canta o se reza”. La gente les daba algún dinerillo y también dulces caseros. En la iglesia había un coro para cantar en las misas y también villancicos.

Ani, peluquera
            Con 17 años, en 1964, Ani – de acuerdo con sus padres – decide trasladarse a Córdoba para formarse como peluquera en una academia situada en la calle Leiva Aguilar, hoy D.P. 14003, muy cerca del Centro de Peluquería y Estética “Oscus”.
            Ani vivía sola en un piso, en la barriada de Las Margaritas. Su dueña era la Sra. Amparo, tía de Galán, marido de Mª de la Fe. El camino entre la academia y su casa lo hacía andando pasando por la Trinidad, Paseo de la Victoria, jardines de Los Patos, paso a nivel de las Margaritas y su casa: una hora larga entre ir y venir.
Academia en Córdoba: Ani con sus compañeros de curso
            Recuerda que una señora que iba a arreglarse a la academia, el día de su santo invitaba a todos los alumnos a tapas y bebidas.
El curso tuvo una duración de seis meses. Al terminar se hicieron una entrañable foto de todos los alumnos con la profesora. Se vino al pueblo y puso su Peluquería. En la academia le averiguaron todo el material y le enviaban representantes de todos los productos que pudiera necesitar. Entonces, por el corte de pelo de una señora se cobraban 10 pesetas, 6 céntimos € en la actualidad.
            Por su peluquería pasaron D. Manuel Cantador, párroco y D. Vicente, médico en el pueblo que era natural de Villaralto. La foto de Ani pelando a su sobrino Antonio Emilio (1982 -83) es un precioso recuerdo.

            Ani arregló a casi todas las novias del pueblo y todas la invitaban a la boda. Se rieron muchísimo vistiendo de novia y peinando a la “Fefi” (Josefa), mujer muy tremendona. Como profesional le temía mucho a los moños, le daba coraje hacerlos. Nunca arregló un cadáver.
            Toda su vida laboral la ha dedicado a “poner guapa a la gente”. Asegura que ha vivido de la peluquería y, sin lujos, ha vivido bien trabajando mucho. Al principio entregaba el dinero a sus padres.

Actividades de Ani
            Ana ha sido y es una persona muy activa, participando en montones de cosas a lo largo de su vida en Alcaracejos. Entre otras cosas le gusta mucho viajar.
            Se apuntó al Coro Rociero de la Virgen de Guía, para cantar la misa, cuando vino Juan Madrid y lo pasaron divinamente. Compartió voces con Dulce “la de la Posada”, Emilita, Evaristo, Paqui y Luci “las del Control”, Carmen “la del Silo”….
            También pertenece a la Asociación de Amas de Casa de Alcaracejos. Son casi 60 personas. El Ayuntamiento no deja de enviar información para dinamizar e informar a este colectivo.
            Forma parte de un grupo folclórico que todos los jueves se reúnen para bailar y cantar jotas, actuando en el pueblo y fuera de él.

            La segunda parte de la entrevista termina con un reconfortante café, por la tarde. Ani me entrega algunas fotos para acompañar el texto. Agradezco sinceramente su generosidad y colaboración y su personal manera de “hacer pueblo”. ¡Salud y suerte!


Anuncio de Ani en Programa de Feria







[1] Diario CÓRDOBA, 15/06/2009
[2] José López Navarrete cita en su libro “Recopilación de datos sobre Alcaracejos y sus costumbres”, 1988, casi cuarenta juegos para el día de San Sebastián. Págs 81 -89.
[3] Libro de J. López Navarrete, pág 160 – 161.
[4] La música era la misma que la de la canción “Ya se secó el arbolito dónde dormía el pavo real (bis), y ahora dormirá en el suelo (tris), como cualquier animal.